Si no fuera disléxico, no sé si sería el mismo tipo de novelista. A consecuencia de mi lentitud en la escritura y la lectura, mis libros son más pacientes y profundos que acelerados y superficiales. La dislexia te obliga a escuchar con atención a los demás si quieres entender algo”. Lector tardío, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) se acercó a la literatura con 18 años; lector lento, “no voy a tener vida suficiente para leer todo lo que debería”, el Premio Princesa de Asturias le debe a sus dificultades ser quien es.

Considerado como uno de los grandes narradores norteamericanos, heredero de los clásicos y definido por el jurado como «el gran cronista de la sociedad norteamericana», a Richard Ford no le gusta que le etiqueten, ni como sucesor de gigantes de la literatura como Ernest Hemingway, ni dentro de corrientes literarias, como la del realismo sucio, aunque se reconoce inevitablemente influido por sus paisanos William Faulkner y Eudora Wilty.

Gracias a la dislexia, la literatura de Richard Ford es lenta, sosegada y majestuosa

Gracias a la dislexia, la literatura de Richard Ford es precisamente lo que es, lenta, sosegada y majestuosa.  «No me he podido desprender de ella, lo que me provoca una considerable dificultad tanto en la escritura como en la lectura. Sólo para corregir una novela necesito como mínimo unos ocho meses. He sido muy poco precoz. Me acerqué a la literatura cuando intenté estudiar Derecho y no funcionó, por lo que me matriculé en un curso de Escritura Creativa y así descubrí el placer que proporcionan la escritura y la lectura».

El periodista deportivo, la novela que narra la historia de Frank Bascombe, un escritor fracasado reconvertido en periodista deportivo que sufre una crisis espiritual debido a la muerte de su hijo, fue su entrada triunfal en la literatura. Su carrera alcanzó el punto álgido con El día de la independencia, secuela de El periodista deportivo que se convirtió en la primera novela en la Historia que obtenía el premio Faulkner y el premio Pulitzer a la vez.

Nuria Espert en un momento de 'Incendios', su último trabajo en la escena.

Nuria Espert en un momento de ‘Incendios’, su último trabajo en la escena.

Nuria Espert

La voz de la escena española. Actriz, escenógrafa y directora, Nuria Espert (Hospitalet de Llobregat, 1935) es una figura imprescindible del teatro español. Con aspiraciones artísticas desde la infancia, se subió pro primera vez a un escenario en el colegio, a los 17 años ya obtuvo su primer éxito con su interpretación de Medea. La gran dama de la escena, la que fue Yerma y el Rey Lear, la que hizo suyos los textos de Lorca (inolvidable su Bernarda y su participación en El público, por nombrar los más cercanos), la que nos rompió el alma con La violación de Lucrecia o la que nos incendió el corazón hace unas semanas en el Teatro de la Abadía, se ha atrevido con todo, con el teatro, con la ópera y con la administración. Su currículo es interminable.

Nuria Espert recibirá el Princesa de Asturias a las Artes gracias a su trabajo que “supone la recuperación y la continuidad de la gran tradición del teatro español, tanto en lengua castellana como en lengua catalana, y porque ha proyectado internacionalmente la literatura y la creación teatral hispana, clásica y contemporánea, a lo largo de una dilatada y rica carrera que la ha conducido al triunfo en escenarios de todo el mundo”.

Nuria Espert sabe que el Princesa de Asturias de las Artes abarca mucho más que el universo del teatro. De ahí, que los miembros del jurado hayan pensado en ella le parece algo muy importante para la profesión. “Una lotería absolutamente imposible”. Por esta razón comparte el premio con todos los compañeros. “Cabe todo en ese árbol frondoso con tantísimas ramas que son la Cultura y las Artes y podía no haberle tocado al teatro”, confiesa Espert. “No sólo le ha tocado al teatro español, le ha tocado a todo el teatro”.

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James Nachtwey (en el centro con camisa y chaqueta negra) posa junto a sus compañeros de la prensa. EFE

James Nachtwey

James Nachtwey (Siracusa, 1948) fotógrafo imprescindible, ha dedicado su vida a destapar con su objetivo la despiadada realidad. Sin cinismos, sin locuras, con brutal lucidez. La fotografía de Nachtwey es dura, muy dura. Sus imágenes de guerras, campos de refugiados y ciudades castigadas por catástrofes naturales o ataques terroristas se han grabado en nuestras retinas con dolor y rabia.  Es la primera vez que un fotorreportero recibe el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

El jurado ha valorado en Nachtwey «su compromiso profesional que le ha llevado a cubrir una treintena de conflictos bélicos y crisis humanitarias sin abdicar de los principios éticos del informador, ni maquillar el dictamen de la cámara».

De personalidad callada, admirador de los grabados de Goya (que asegura le marcaron el camino), nombrar a Nachtwey es hacer referencia a uno de los grandes maestros. Licenciado en Historia del Arte y Ciencias Políticas por la Universidad de Darmouth, es de esas personas con recursos, con habilidades, con un don para salir de los momentos más difíciles.

El impacto de las imágenes de la guerra de Vietnam y del movimiento por los derechos civiles de su país fue determinante en su decisión de convertirse en fotógrafo. Trabajó en barcos de la marina mercante y, mientras se iniciaba en la fotografía de manera autodidacta, fue aprendiz de montador de cine y conductor de camión. En 1976 ejerció por primera vez como fotógrafo de prensa en Nuevo México y en 1980 se trasladó a Nueva York para comenzar su carrera como freelance.  Aunque resulta incontable la cantidad de conflictos armados que Natchwey ha cubierto por todo el planeta, con su trabajo también denuncia el hambre, el sida o el desprecio por el medio ambiente.

Javier Gómez Noya

En junio, cuando el ex atleta Abel Antón anunció el Premio Princesa de Asturias de los Deportes para Javier Gómez Noya (Basilea, 1983), el presidente del tribunal destacó entre las motivaciones del galardón «los valores de esfuerzo y la perseverancia ante la adversidad». No hacía ya falta probarla de nuevo, pero así lo quiso el destino: apenas un mes más tarde, mientras entrenaba en bicicleta cerca de su casa, una caída evitable acabó en un brazo fracturado y un adiós a los que debían ser los Juegos que pusiesen el remache de oro al fastuoso palmarés del pentacampeón mundial.

Sólo habrá reconocimiento simbólico para el español, nacido en Basilea, en una temporada en la que renunció a alargar esa tiranía para centrarse en alcanzar la gloria olímpica. No existe un año más amargo, por tanto, para premiar al ultracompetitivo triatleta, que asistió desde casa a la exhibición de los hermanos Brownlee en Río de Janeiro bajo unos focos que debían haber sido suyos.

Más difícil será que sigan brillando en Tokio dentro de cuatro años cuando el deportista afincado en Pontevedra pase ya de los 37, aunque Noya admitió aún convalenciente que «no lo descarta». Supondría eso seguir perfeccionado una natación ya diferencial, mantener el tono sobre la bicicleta y seguir rematando finales con una carrera portentosa. Ser más superhombre, más tiempo.

La latinista Mary Bears, en la Fundación Premios Princesa de Asturias.

La latinista Mary Beard, en la Fundación Premios Princesa de Asturias. EFE

Mary Beard

Su aspecto desaliñando y su canosa melena despeinada al viento se han convertido en el cebo de las redes sociales (incluso, de los medios), sobre todo, después de su estreno de la emisión de Meet the romans. Como muestra del nivel, basta reproducir la crítica que le lanzó A.A. Gill en The daily telegraph, quien dijo que más que un documental histórico parecía un episodio de Undateables (un reality show sobre gente con dificultades para encontrar pareja). Básicamente el argumento era que Mary Beard (Much Wenlock, 1955) era demasiado fea para aparecer en la pantalla (algo impensable si fuera un hombre).

La latinista no dudó ni un instante en contestar, acusó a Gill de ignorante y machista. «Se nota que no ha terminado la Universidad, porque no conoce lo que significa el rigor de un argumento intelectual», escribió al diario británico. Beard  no se deja amilanar y mantiene una pelea contra el machismo, siempre con sentido del humor, en sus demoledoras réplicas a las redes sociales. No ha dudado nunca en responder a los abusadores , sin dramatizar. De hecho, acabó por escribir cartas de recomendación a uno de ellos, que después de haberle insultado gravemente, le pidió disculpas.

Mary Beard recibirá el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales por su capacidad “para integrar el legado del mundo clásico en nuestra experiencia del presente”.

Catedrática de Clásicas en la Universidad de Cambridge y miembro del Newnham College, Beard es una de las especialistas sobre la Antigüedad más relevantes y una de las intelectuales británicas más influyentes.  Autora de obras de referencia como El triunfo romano (2008) y Pompeya (2009), ningún otro clasicista actual ha sabido combinar, en palabras del profesor de la Universidad de Saint Andrews, Stephen Halliwell, “con tanta eficacia la excelencia profesional en el estudio de las culturas de la Antigua Grecia y Roma con una habilidad excepcional para comunicar el interés y la importancia de tal investigación a una audiencia amplia”. Merece la pena leer a Beard por su capacidad para acercarnos al mundo romano.

Hugh Herr

Hugh Herr ha dedicado todo su esfuerzo y creatividad para acabar con la discapacidad a través de la innovación tecnológica. EFE

Hugh Herr

Hugh Herr (Pensilvania, 1964) perdió sus piernas por congelación en la montaña. Un temporal le sorprendió cuando escalaba y quedó aislado durante tres noches que alcanzaron temperaturas de 30 grados bajo cero. Cuando llegó el equipo de rescate sus piernas estaban severamente congeladas. Tenía 17 años y hubo que amputar por debajo de la rodilla. Marcado por la muerte de uno de los voluntarios que ayudaron a su rescate, el nuevo el Premio Princesa de Asturias en Investigación Científica, se juró volver a escalar.

A partir de entonces dedicó todo su esfuerzo y creatividad para acabar con la discapacidad a través de la innovación tecnológica. Tras licenciarse en Física, continuó formándose como ingeniero mecánico en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y se doctoró en Biomecánica en la Universidad de Harvard.

Su determinación dio frutos, creó unas prótesis que asombraron al mundo y a la comunidad científica. Sus diseños son exquisitos. Juega con los materiales, las fuerzas y los puntos de apoyo con maestría. El resultado son dispositivos gráciles y naturales, que proporcionan al amputado una independencia inimaginable hace una década. Dejan atrás el concepto de prótesis como un artilugio en el que apoyarse para poder caminar de manera tosca. Él lo explica: “no quiero que el amputado lleve unas piernas, sino que sean sus piernas las que lo lleven a él”.

Niñas aprendiendo a escribir en una escuela SOS de Haití.

Niñas aprendiendo a escribir en una ‘escuela SOS’ de Haití.

Aldeas Infantiles SOS

Fundada por Hermann Gmeiner en 1949, tras la II Guerra Mundial, Aldeas Infantiles SOS es una organización privada de ayuda a la infancia, internacional, sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es ofrecer a los niños una familia, un hogar estable y una formación sólida, adoptando un modelo familiar de carácter universal, en función de las características sociales y culturales de cada país.

Gmeiner se dio cuenta que los huérfanos de la guerra no podían vivir en grandes orfanatos, inhóspitos, fríosy decadentes, sino que deberían hacerlo en una familia. No paró hasta conseguir la fórmula. Ideó lo él bautizó como familias SOS, casas en las que normalmente una viuda de guerra vivía ejerciendo de madre con los menores. La propuesta, poco a poco, fue calando en la sociedad y se multiplicó por todo el mundo.

Hoy en día, Aldeas Infantiles SOS está presente en 134 países, con 546 casas que atienden a más de 450.000 menores y ofrecen 488.000 tratamientos médicos en 65 hospitales.

En España, Aldeas Infantiles SOS trabaja en siete comunidades autónomas: Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Canarias, Cataluña, Galicia y Madrid, a través de programas de protección, donde garantiza un entono familiar cuando el núcleo biológico no lo permita; programas de apoyo a la autonomía de jóvenes, y programas de prevención, con el objetivo de apoyar a las familias vulnerables a mejorar sus condiciones de vida y prevenir así el abandono infantil.

El Acuerdo de París constituye la base de una actuación mayor, transparente y coordinada de todos los países.

El Acuerdo de París constituye la base de una actuación mayor, transparente y coordinada de todos los países.

Convención Marco sobre el Cambio Climático

El esfuerzo de Naciones Unidas desde hace más de dos décadas contra el cambio climático, representado en la Convención Marco (CMNUCC) constituida en 1992 y que permitió firmar en diciembre de 2015 el Acuerdo de París, recibirá el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.

El Acuerdo de París suma, por primera vez, promesas de reducción de emisiones tanto de países desarrollados como en desarrollo, así como el compromiso de la comunidad internacional de poner en marcha todos los esfuerzos necesarios para que la temperatura del planeta no supere los dos grados a finales de siglo y a hacer todo lo posible para que no rebase los 1,5 grados.

Mediante este pacto, un triunfo del multilateralismo ante el que está considerado uno de los mayores retos actuales de la humanidad, los países acuerdan transitar juntos hacia una economía libre de emisiones de carbono en la segunda mitad de siglo, que ponga fin al desarrollo basado en los combustibles fósiles de los últimos 200 años.

El Acuerdo de París se firmó el pasado 22 de abril, en la sede de la ONU en Nueva York, coincidiendo con el Día Mundial de la Tierra y entrará en vigor cuando lo ratifiquen al menos 55 de las partes involucradas, que sumen en total el 55 % de las emisiones globales.