Han tenido que pasar casi 200 años para que el Museo del Prado organice una exposición protagonizada por una mujer. Las obras de Clara Peeters, artista clave en el desarrollo de la pintura barroca flamenca y pionera en la pintura de bodegones de la época que no logró reconocimiento en su día por su condición de mujer, serán las protagonistas de la exposición que permanecerá en la sala D del Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Coorganizada con el Museo Real de Bellas Artes de Amberes en colaboración con el Gobierno de Flandes y con el patrocinio de la Fundación AXA, la muestra recupera las obras de una pionera en el campo de la naturaleza muerta y una de las pocas mujeres que se dedicó a la pintura en Europa en la Edad Moderna.

Se conocen pocos datos acerca de la vida de Clara Peeters. Diversos testimonios permiten suponer que desarrolló su trabajo en Amberes, aunque pudo realizar algún viaje a Holanda. No aparece inscrita en el gremio de pintores de la ciudad, pero su nombre surge en un documento como pintora de Amberes y al menos seis de los soportes que empleó para sus cuadros tienen marcas que indican que las tablas fueron preparadas para esa ciudad. Además, en la hoja de tres de los cuchillos de plata, que se incluyen en sus obras y en los que aparece escrito su nombre, se puede ver una marca de la ciudad de Amberes.

Clara Peeters fue una de las pocas mujeres que se dedicó a la pintura en la Edad Moderna

La escasez de referencias documentales sobre Clara Peeters convierte su obra en una fuente de información extraordinaria para descubrir a esta pintora contemporánea de Jan Brueghel el Viejo, Rubens, Snyders y Van Dyck, que formó parte de un período de apogeo en la historia del arte europeo. Hoy en día se conservan un total de 39 cuadros con la firma de Clara Peeters. El Museo del Prado conserva cuatro de sus mejores obras, tres de ellas fechadas en 1611 y la cuarta pintada en torno a esa fecha. En opinión de Nico Van Hout, comisario de esta muestra que se pudo ver este verano en Amberes, «su trabajo se caracteriza por la elegancia con la que presenta estos objetos contra un fondo oscuro, y la atención que da a las texturas y estampados».

El hecho de que pusiera su nombre en el canto de cuchillos, junto a varios autorretratos que Peeters escondía en el reflejo de las vajillas, responde a «su confianza como pintora en una profesión dominada por hombres», explicó Hout en la inauguración de la muestra en Amberes.

Sus obras llegaron muy pronto a conocidas pinacotecas y colecciones de la casa real española, lo que hace indicar que Peeters sí que tuvo cierta reputación en vida, aunque el tiempo fue poco a poco diluyendo su relevancia en la pintura. «Sin embargo, la historia la olvidó. Hasta la década de 1970 no empezó a estudiarse su obra», según el comisario de la exposición.

Ahora, cuatro siglos después, se comienza a valorar el trabajo de esta artista que fue borrado de la memoria histórica por ser mujer.