La Fundación Focus-Abengoa celebra el 25 aniversario del traslado de su sede al Hospital de los Venerables con la exposición Velázquez. Murillo. Sevilla, que pretende arrojar una innovadora perspectiva sobre las afinidades creativas de estos dos grandes maestros del Barroco Español que, aunque se llevaban una generación de diferencia, coincidieron en varios aspectos como el desarrollo del lenguaje naturalista o el singular modo de abordar la pintura de género.

Antes de entrar de lleno en la muestra, es preciso hacer un poco de historia. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599) y Bartolomé Esteban Murillo (1617) llegaron al mundo en una Sevilla que, a comienzos del siglo XVII era una ciudad cosmopolita y una de las más pobladas de la Península (hasta que los moriscos fueron expulsados y llegó la peste en 1649 que mató a casi la mitad de la población). Disponía del monopolio del comercio con América que atrajo a una importante colonia de comerciantes italianos y flamencos e, incluso, era una sede eclesiástica de gran influencia que contrataba con los servicios de relevantes arquitectos y artistas para dar forma y decorar iglesias como la de San Alberto, la del Sagrario, la de Santa María la Blanca y la de San Luis.

La Sagrada familia del pajarito, de Murillo. (Museo del Prado).

La Sagrada familia del pajarito, de Murillo. (Museo del Prado).

Diego Velázquez vivió en la capital andaluza hasta los 24 años. Allí desarrolló un estilo naturalista y de iluminación tenebrista por influencia del pintor italiano Caravaggio. Después, se trasladó a Madrid  donde fue nombrado pintor del rey Felipe IV y, alrededor de 1627, fue ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores de la Corte, una labor a la que dedicó el resto de su vida.

Murillo creció mirando a Velázquez. No dudo que estuviera fascinado»

Por su parte, Murillo siempre desarrolló su actividad en la ciudad del Guadalquivir, salvo un breve periodo de tiempo, en el que viajó a Madrid para que Velázquez le abriera las puertas de los palacios de Madrid, Toledo y el Monasterio de El Escorial para admirar y copiar las pinturas de diferentes maestros, además de trabajar en el estudio de Velázquez, por lo que regresó a su ciudad natal con una técnica más perfecta y depurada. “Murillo creció mirando a Velázquez –comenta Gabrielle Finaldi, director de la National Gallery de Londres que, en Velázquez. Murillo. Sevilla, ha trabajado como director científico y comisario-. Velázquez era el símbolo del éxito al convertirse en el pintor de la Corte. No dudo que estuviera fascinado y, seguramente, quisiera conocerlo”.

Finaldi ha buscado una perspectiva distinta, un concepto novedoso y, para ello, ha querido encontrar los paralelismos existentes en las obras de los dos artistas. “He colgado los cuadros de tal forma que se encuentren más las similitudes que las diferencias, pero será el visitante el que deduzca –se pronunció el director de la National Gallery en una entrevista-. Aunque, indudablemente, son dos artistas desiguales”.

Es cierto que sus carreras transcurren de manera muy dispar, pero no opuesta. Uno decide quedarse en su ciudad natal aunque tenía posibilidades de hacer fortuna fuera; mientras que el otro conoce las mieles y el reconocimiento del éxito. Y, en cuanto a la temática, Velázquez prácticamente no hace pintura religiosa mientras que la carrera de Murillo se centra casi exclusivamente en ella.

Los visitantes se reencontrarán con la inteligencia pictórica y el virtuosismo técnico de ambos maestros»

“A la hora de buscar los puntos de unión y de diferencia entre las obras de Velázquez y Murillo, conviene atender a sus diferentes personalidades, a sus facultades técnicas, a sus intereses creativos y, por supuesto, a los escenarios donde desarrollaron sus carreras y los clientes para los que tuvieron que trabajar”, puntualiza Javier Portús, doctor en Historia del Arte y jefe del departamento de Pintura Española (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado.

Para dar forma a Velázquez. Murillo. Sevilla, Gabrielle Finaldi ha seleccionado nueve obras de Velázquez, fechadas entre 1616 y 1656, y 10 de Murillo datadas entre 1645 y 1656, una labor que le ha llevado los últimos dos años. “Los visitantes se reencontrarán con la inteligencia pictórica y el virtuosismo técnico de ambos maestros –aseguran desde la Fundación-. A través de una serie de parejas y tríos de obras soberbias se podrán observar las nuevas iconografías de devoción, las innovadoras formas de representar la vida cotidiana y la intimidad familiar, desarrolladas por ambos y que les sirvieron para llegar a lo esencial del alma humana y conectar directamente con el observador”.

Tanto la Fundación como el comisario no han dudado en contactar con instituciones de medio mundo para reunir las obras perfectas que permitan al público adentrarse en ese juego de similitudes. Así, ha conseguido enfrentar a la Inmaculada de Murillo (propiedad de Nelson Atkins Museum de Kansas City) con las dos Inmaculadas de Velázquez procedentes de la National Gallery y la propia de Focus-Abengoa. Y encarar a la Santa Rufina de Murillo (prestada por el Meadows Museum de Dallas) y la de Velázquez, en manos de Focus-Abengoa.

En una “Sevilla abierta y culta, donde la pintura gozaba de un gran reconocimiento cívico”, como aseguran desde la Fundación, además de la hagiografía, existían otros temas a los que recurrían los artistas de la época, incluidos Velázquez y Murillo, como el retrato o el costumbrismo. Dos jóvenes a la mesa (procedente de la Apsley House londinense) es la obra que representa a Velázquez en este último campo; mientras que de Murillo se enseñan dos: El Joven Mendigo, propiedad del Museo del Louvre y Tres Muchachos, de la Dulwich Picture Gallery.

Santa Ana Enseñando a leer a la Virgen, el Apóstol Santiago y la Sagrada familia del pajarito, de Murillo, y la Adoración de los Reyes Magos, de Velázquez, son algunos de los óleos cedidos por el Museo del Prado que también están presentes en esta exposición que ya se ha convertido de visita obligada en la agenda cultural sevillana de este otoño.

  • La exposición Velázquez. Murillo. Sevilla se puede visitar desde el 8 de noviembre hasta el 28 de febrero de 2017, en la sede de la Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (Focus-Abengoa) situada en el Hospital de los Venerables (Plaza de los Venerables, 8. Sevilla). La entrada cuesta 8 euros.
  • Para aquellos grupos que busquen exclusividad, la institución ofrece la posibilidad de realizar una visita cultural a puerta cerrada a la exposición Velázquez. Murillo. Sevilla combinada con un recorrido por el Hospital de los Venerables, prototipo de la arquitectura del pleno Barroco y enclavado en el centro histórico de la ciudad, con la posibilidad de disfrutar de un concierto de órgano en su iglesia.