El mito de Iphigenia ha seducido a artistas como Euripides, Goethe, Gluck o Boccaccio. La figura de la hija de Agamenon que fue pedida en sacrificio para poder continuar la navegación a Troya pulula por todas las manifestaciones artísticas, es una constante en la literatura, la pintura, la danza o la ópera. Ahora, el Teatro de la Zarzuela resucita la zarzuela barroca Iphigenia en Tracia, compuesta por José de Nebra en 1747 con libreto de Nicolás González Martínez, que se estrena en Madrid con una «estética muy actual».

Bajo la batuta de Francesc Prat, la dirección de escena de Pablo Viar y con escenografía de Frederic Amat, Iphigenia en Tracia se presenta en la plaza de Jovellanos respetando la estructura de zarzuela barroca (evitando las partes habladas, asunto que ha sorprendido a los críticos) con la que se estrenó el 15 de enero de 1747 en el Teatro de la Cruz de Madrid. la obra recoge pequeños fragmentos del libreto original de Nicolás González, un trabajo de «gran fuerza visual y un viaje intimista», según explica Viar. «El propósito de esta nueva producción del Teatro de la Zarzuela es ofrecer un paisaje, un espacio en el que cada espectador pueda extraiga sus propias interpretaciones y explicaciones» añade el director de escena.

La obra habla de temas tan universales como el perdón y el sufrimiento humano

Iphigenia en Tracia, que se representará los días 15, 19, 23, 25 y 27 de noviembre, narra el reencuentro de dos hermanos, Iphigenia y Orestes, y habla sobre temas tan universales como el perdón y el sufrimiento humano. José Nebrá, responsable del Archivo de Música de la Capilla Real, compuso Iphigenia en Tracia para celebrar su entrada al servicio del Rey Fernando VI. A partir de entonces dedicó su talento a la música sacra. La belleza musical de la partitura de Nebrá ha cautivado tanto al equipo artístico, como a los intérpretes. No es para menos, se trata de una obra prodigiosa, de una calidad soberbia.

«Estudié en Barcelona y nadie me habló de Nebra, y me fui a Basilea y a los 10 días me hablaron de él», confiesa el maestro que desvela que se siente encantado con la escenografía de Viar. «Lo más bonito de esta escenografía es que permite que la música cante».  Para Prat, la «clave» de esta obra es la «intensidad que tiene la música», elemento que subraya la época en la que se escribió la pieza, y que, para él, guarda similitudes con la época actual. «Hay un mundo que está cambiando, no sólo en el 1747, sino en 2016 también.  En esta obra la orquesta es un personaje más».

Hay un mundo que está cambiando, no sólo en 1747, sino en 2006 también»

Por su parte, Frederic Amat confiesa que su cometido en Iphigenia en Tracia no ha sido crear un decorado. Él ha querido ir más allá. «He trabajado por idear un gran instrumento musical, algo que sugiera y acompañe a la música».

María Bayo, que regresa al Teatro de la Zarzuela tras una década sin pasear por su escenario, encabeza un reparto íntegramente femenino. la soprano navarra interpreta el papel de Iphigenia, sacerdotisa que por mandato divino. La soprano Auxiliadora Toledano encarnará a Orestes, el príncipe griego que llega para romper el orden establecido y que no imagina hasta qué punto va a lograr su cometido, mientras que la soprano Ruth González, hará las veces de Dircea, princesa cuyo prometido, Polidoro, se enamora de Iphigenia, pero que a su vez cae rendida a los encantos de Orestes. La también soprano Erika Escribá-Astaburuaga, será el príncipe Polidoro, y las mezzosopranos Lidia Vinyes-Curtis y Mireia Pintó se meterán en la piel de Cofieta y Mochila, el contrapunto terrenal al resto de personajes, el contraste burlesco a los tejemanejes que se traen los demás.

No es la primera vez que Bayo se topa con esta obra. «Tengo grabadas en dos discos, con Chistophe Rousset y Eduardo López Banzo, casi todas las arias de esta zarzuela. Por eso, en cuanto me llamó Daniel Bianco, director de la Zarzuela, me encantó la posibilidad de llevar esta obra en el escenario, que es dónde debe estar».

Para la soprano, José de Nebra fue todo un adelantado a su época, un visionario. «La obra tiene una altura de miras extraordinaria. Vive en una transición; a mí me recuerda mucho al clasicismo, no me recuerda tanto al Barroco, a ese de la ornamentación por la ornamentación. Hay algo más avanzado en ella. Además de los guiños a lo español, tiene seguidillas, por ejemplo, tiene una altura de miras extraordinaria; me recuerda a Hasse y creo que es un compositor que deberíamos tener en cuenta puesto que es mágico», concluye.