La luz y la sombra. El dolor, lo tenebroso, la pasión como pecado. El Barroco encontró en José de Ribera, El Españoleto (1591 Játiva, 1652 Nápoles), un cómplice perfecto. No es fácil mostrar la miseria, tanto moral como económica, en un rostro. Menos aún hacer de gritos sordos un dolor palpable o de las arrugas narraciones. No es fácil que tus dibujos desbanquen a tus pinturas. El joven español, hijo de zapateros, no tardó en conquistar Nápoles. Fue a Italia como el que entra en su primera clase en el instituto y empezó a saltarse cursos ante la mirada atónita del resto.

Dicen que pudo conocer a Caravaggio, que tenía una sensibilidad muy agudizada, incluso que pintaba con la sangre de los santos. Poco se sabe de sus primeros años, hablan de viajes por ciudades italianas, una estancia en Roma donde con tan sólo 15 años estudió el arte renacentista y las esculturas clásicas, y que fue a Nápoles porque el ambiente económico era propicio para mecenas y religiosos, sus principales clientes.

Después de cuatro siglos de interrogantes se acaba de publicar el primer catálogo razonado completo de sus dibujos y sus pinturas, editado por la Fundación Focus y Meadows Museum y, gracias a él, el Museo del Prado se ha encargado de acompañarlo con una exposición, comisariada por Gabriele Finaldi (director de la National Gallery de Londres), que combina dibujos y pinturas para desenmascarar al valenciano. Ribera. Maestro del dibujo, que engloba todas las etapas del pintor, se podrá visitar hasta el 19 de febrero.

'Un murciélago y dos orejas', de Jose de Ribera

‘Un murciélago y dos orejas’, de José de Ribera

Ambas recopilaciones colocan toda su obra bajo el foco. Tanto la muestra como el catálogo hablan de sus decenas de dibujos, muchos de ellos atribuidos recientemente, de su clara vertiente académica y de la diversidad de su temática. «Ribera empleaba el dibujo no sólo como medio para preparar sus pinturas, sino para plasmar sus curiosas invenciones y expresar sus inquietudes, que a veces parecen adelantarse a las de Francisco de Goya», relata el comisario en la publicación.

El Españoleto tenía una conciencia social poco afín a su época. Veía en los mendigos, en los pobres, en los locos una inspiración que no encontraba influencia. En el siglo XVII la riqueza, la religión y la pureza eran los temas más recurrentes. Él, en cambio, sabía indagar en cada marca de la cara, buscaba en lo grotesco una belleza inusual y encontró en la bajeza el más alto de los reconocimientos.

«Un tema de gran originalidad y con mucha importancia dentro de su obra gráfica son sus representaciones de cabezas. Aparecen en unos 25 dibujos. Varias de ellas presentan deformidades o rasgos muy exagerados, por lo que se han llegado a incluir dentro de la tradición leonardesa», añade Finaldi.

'Cabeza grotesca con pequeñas figuras sobre su cabeza'.

‘Cabeza grotesca con pequeñas figuras sobre su cabeza’.

Pese a esta adicción por la descompensación, las obras de santos, mártires y todas aquellas de contenido religioso son muy abundantes en su trabajo. Uno de sus temas predilectos eran aquellas figuras suplicantes, desgastadas. Dos grandes ejemplos son San Pedro crucificado boca abajo o San Jerónimo rezando en el desierto. «Su fascinación por tales suplicios hizo que fuese estigmatizado con la imagen de artista cruel y sádico».

De lo que siempre rehuyó fue de los desnudos, al contrario que sus contemporáneos. Apenas se le conoce uno, Ninfa dormida con dos cupidos y un santo, que le pediría alguno de los virreyes para los que trabajó. Uno de ellos, Manuel de Fonseca y Zúñiga, fue el testigo directo de la mejor etapa del pintor. Se trata de los últimos años de la década de 1630, en los que alcanzó su madurez artística.

Según Finaldi, «sus dibujos, si bien mantienen la economía de medios y el protagonismo del blanco de papel, aumentan en elegancia y delicadeza, y las formas se vuelven casi abstractas, con trazos muy ligeros y nerviosos y entrecortados pero seguros, en ocasiones acompañados de una aguada sutil y transparente».

José Ribera

‘Apolo y Marsias’.

La fusión entre influencias italianas y españolas generó obras tan extraordinarias como Apolo y MarsiasSilencio ebrio y propició rivalidades entre El Españoleto y algunos artistas italianos. La más conocida con el napolitano Massimo Stanzione, uno de los nombres del momento. Sus obras, o el desconocimiento de la mayoría de ellas, llevó a los críticos a situarle como alguien fúnebre y oscuro.

La realidad es que aunque Ribera tendió durante una época a iluminar en negros, varió de estilo, cambió de etapa y muchas de sus obras se vieron influenciadas por el Renacimiento veneciano con un color y una luminosidad que casi nunca se le atribuye.

Murió habiendo vendido obras a grandes de España pero sin volver. Lo hizo tras una década con la salud delicada pero con las manos en forma. Lo hizo después de observar a Van Dyck y aclarar sus tonalidades. Con su nombre en letras altas y su trabajo en las mejores paredes.