Era una respuesta que podía intuir pero necesitaba escuchar. Los 30 años de profesión periodística, de vivencias en los países más convulsos y que hoy orbitan en torno al Estado Islámico le habían aportado conocimientos suficientes. Pero a Ángela Rodicio aún se le resistía poder creerlo. Encontrar una explicación convincente que diera respuesta a las razones últimas que hacía que miles de jóvenes occidentales, de origen musulmán o conversas, dejaran sus vidas acomodadas en Europa, sus estudios universitarios en algunas de las universidades más prestigiosas para viajar a Siria a unirse a la yihad.

Las primeras no encontraron el califato prometido, las últimas tampoco. No quisieron y siguen sin querer creer lo que relatan los medios occidentales de lo que les espera a quienes dan el paso: esclavitud, torturas y violaciones, cuando no la muerte. Rodicio decidió hablar con la generación de soldados y novias de la yihad, con quienes sueñan con viajar y con quienes ya hicieron el viaje de retorno tras sufrir el infierno. A muchas les bastó un click en las redes sociales para emprender un camino al terror. Su trabajo, Las novias de la yihad, mereció el Premio Espasa 2016.

Pregunta.- ¿Cuál fue el momento en el que decidió sumergirse en este viaje tan duro en busca de las razones de estas jóvenes para unirse a la yihad?

Respuesta.- Fue una oportunidad de hacer un proyecto diferente, viajando sola y sin cámaras, protegiéndome en el off the record y en un tema en el que después de 30 años de trabajo me considero especialista. Fue como una llamada de la selva. Me preparé los viajes, los lugares a los que quería ir y me lancé. Yo siempre me leo todo sobre estas cuestiones, y es cierto que cuando conocí el caso de las dos chicas austriacas, de origen bosnio, que se fueron a Siria para unirse al Estado Islámico -Samra Kesinovic, de 17 años y Sabina Selimovic, de 15- me pareció que se cerraba un círculo vicioso. Lo interpreté como una espiral infinita. Sus padres habían huido de la guerra de Bosnia, que es la primera guerra de choque de religiones o en la que se usa la religión como un casus belli. Suponía pasar de Bosnia al Estado Islámico.

Estas jóvenes terminan siendo carne de cañón en este caos del Estado Islámico»

P.- Los testimonios que incluye en su libro son terribles. Chicas jóvenes y cultas que viajan a Siria e Irak para hacer la yihad, a su manera, y que acaban vendidas como esclavas, violadas y maltratadas…

R.- Sí, yo lo llamo Las mil y una noches del terror. Se van con el cerebro lavado por internet y creen que van a la utopía del Califato pero, en realidad, su viaje es el de las mil y una noches, pero del terror.

P.- Después de escuchar estos testimonios, ¿qué idea es la que aún le inquieta y a la que aún no ha encontrado respuesta?

R.- Parto de la idea de que la etapa de la adolescencia es la más vulnerable. Es una edad con muchas preguntas, con vacíos, en la que se produce un choque generacional con tus padres. Pero es complicado entender que lleguen a cubrir ese vacío con esta pesadilla.

P.- Se trata además de jóvenes formadas, de clase media alta, que manejan bien las tecnologías y tienen acceso a multitud de información. Quizá las primeras no lo podían intuir pero, ¿las que aún hoy viajan a Siria para hacer la yihad desconocen lo que les espera?

R.- No, creo que nos confundimos, en especial los periodistas. Partimos de la idea, más propia de nuestra generación, de que cuando acudes a internet, buscas hechos. Pero estos jóvenes que beben en internet no buscan hechos, se ven inmersos en ese mundo de sensaciones, de emociones…  Son muy vulnerables a que se les lave el cerebro y terminan siendo carne de cañón, en este caso del Estado Islámico.

P.- Pero, ¿no están informadas?

R.- No se creen la información de los medios de comunicación. Es una generación con una gran desconfianza en los medios occidentales y en los medios en general. Una de las chicas me dijo que cómo se iba a informar en el The Guardian o The Independent. Es gente que no se fía de los periodistas, los ven como unos vendidos por los intereses de los grandes holdings. No se fían ni de Al Jazeera. Sólo confían de lo que ellos ven por internet. Y es ahí donde creen que son libres realmente. Creen que preguntan cualquier cosa y reciben respuestas a sus inquietudes. Hay direcciones donde hacen todo tipo de consultas. Un joven me contó que su padre le ordenó que apagara la luz y se fuera a dormir, pero que optó por entrar en esas páginas de consulta en las que se mueven, si debía obedecerle. Hasta ese punto llega el control.

Sólo confían en lo que ven por internet. Creen que preguntan cualquier cosa y reciben respuestas a sus inquietudes»

P.- Las mujeres yazidíes -un grupo religioso minoritario de Irak contra el que ha protagonizado los ataques más crueles el Estado islámico-, ¿son las esclavas del siglo XXI?

R.- Irak es la antigua Mesopotamia y reconoce en su Constitución 14 religiones y credos. Para los musulmanes en general existe un respeto a lo que consideran las religiones del libro, las tres religiones monoteístas: los cristianos con la Biblia, los musulmanes con el Corán y los judíos con la Torá. A los yazidíes los consideran una secta de infieles -se les califica como adoradores del diablo- y por eso las convierten en esclavas sexuales. Además, como los yazidíes se asentaban en una región ubicada entre Siria, Turquía e Irak, han acabado en manos del Estado Islámico. Para ellos, las jóvenes occidentales son como las esclavas de lujo, los regalos sexuales. Por ejemplo, las dos jóvenes que fueron de Viena a Siria acabaron siendo esclavas de los chechenos del ISIS, la élite del EI. En general las yazidíes son vistas como esclavas, como monedas de cambio. Además, como es tierra de paso, las mujeres son altas, rubias y especialmente bellas. Se han cebado con ellas. Todas las que he entrevistado te cuentan que las habían revendido al menos cuatro o cinco veces, que han tenido cuatro o cinco amos.

He recopilado testimonios para llevarlos a La Haya y que se califique como un genocidio»

P.- Lo que están haciendo con ellas y con el conjunto de los yazidíes, ¿se asemeja al genocidio de Hitler contra los judíos en la II Guerra Mundial?

R.- Sí, esto es un genocidio. De hecho, he hablado con abogados y organismos que están recopilando testimonios para llevarlos a La Haya y pedir que se califique como un genocidio.

P.- Los testimonios de Las novias de la yihad revelan que dar el paso para viajar a Siria es muy sencillo, apenas un click en las redes y poco más…

R.- Sí, con un click es como les mandan los billetes, les dicen dónde conseguir el dinero, les hacen las transferencias… Todo a golpe de click. Tecnológicamente, es todo posible gracias a una red de páginas en la red oscura de internet.

P.- ¿Por qué ellos son tan hábiles en la utilización de las tecnologías para captar a nuevos adeptos y Occidente no parece, o al menos no trasciende, que esté sabiendo emplear esas mismas herramientas para evitarlo?

R.- Creo que algo sí se hace. Los expertos en estos temas te reconocen que cuando investigas nunca sabes del todo con quién hablas, si es un experto, un militante o con alguien de algún servicio secreto. Ahora es un maremagnum en el que tienes que andarte con pies de plomo.

P.- Un joven afgano de Jalalabad que entrevista le llega a asegurar que hay cola de jóvenes dispuestos a hacerse explotar. ¿Exageración, propaganda o realidad?

R.- Es un chico que dice que quiere irse con los talibanes. Cuando ves los testimonios que aseguran que en el Kurdistán hay 10.000 aspirantes al martirio como kamikazes, hasta te lo crees. De todos modos, no creo que sea una cuestión de creérselo o no, lo estamos viendo todos los días. Ya hubiera caído Mosul hace tiempo si no fuera por estos kamikazes, además de por los cuadros de los ejércitos de Sadam y la infiltración de diversas agencias.

P.- ¿Cómo se para un ejército con soldados dispuestos a inmolarse?

R.- Es algo muy complicado. Aquí están metidas agencias de inteligencia, programas de desradicalización institucionales… No hay una fórmula científica. Hay que examinar un fenómeno que tiene profundas raíces sociales. O conviertes nuestro Estado de Derecho en un Estado policial, o tienes que tener una estrategia clara a nivel europeo.

P.- Se aplican muchas estrategias de carácter militar, de alianzas entre estados… Pero para hacer frente a este problema apenas se escuchan planes más orientados hacia la educación como fórmula para frenarlo. ¿Por qué?

R.- Exacto. Es el único antídoto contra la radicalización express. Si quieres atajar el problema de raíz, lo puedes hacer antes de que los jóvenes se vayan a Siria. ¿Cómo? Quizá a través de que las propias familias den la voz de alarma de la radicalización de su hijo. Son necesarias medidas para desprogramar a estos jóvenes.

Si quieres atajar el problema, lo puedes hacer antes de que los jóvenes se vayan a Siria»

P.- Muchos aseguran que no se sienten integrados. ¿En qué se están equivocando las sociedades occidentales?

R.- Huyo de esta cosa del buenismo, de quién es el culpable. Creo que si alguien es un refugiado en otro país debe adaptarse a sus costumbres de manera clara y definitiva. Además, hay que plantearse qué falla en una sociedad donde existen guetos y barriadas en ciudades occidentales en las que se vive como en el Tercer Mundo.

P.- Muchos jóvenes aseguran que su miedo es a desaparecer en Occidente, a que se diluya su cultura, su modo de vida, sus raíces y que los mensajes del Estado Islámico son atractivos en una situación así.

R.- Sí, por eso vuelven a la búsqueda de sus raíces. Cuando escarbas en sus vidas, a menudo ves familias que han vivido en seis países y que su país de origen es Afganistán, como le ocurrió a un joven con el que me entrevisté y cuya familia salió de allí huyendo. Acabaron en un campo de refugiados, luego en Pakistán, luego en Kiev, más tarde en Dubai y ahora él está en Londres. Muy estable intelectualmente no puede ser una persona con esa vida a sus espaldas.

P.- Afirma en el libro que se cifra en casi 30.000 los hombres y mujeres que desde Occidente han viajado para unirse a las filas del Estado Islámico. Muchos se quedarán, otros morirán, pero otros muchos regresarán a Europa y lo harán radicalizados. El día después del final de Daesh en Siria o Irak, ¿hasta qué punto ésa será la verdadera amenaza de Europa?

R.- Los que han regresado a Londres, por ejemplo, están todos fichados, saben que les siguen, que les tiene en la base de datos. No hablan con mucha libertad. Si han vuelto, muchos dicen que es porque se han dado cuenta y que prefieren estar fichados en Occidente a desaparecer y morir en el campo de batallas. Esos son los que hablan. Pero se sabe que hay células dormidas, que algunos han llegado camuflados entre los refugiados… Esos no hablan. Son los que viene más radicalizados. Es un tema muy complejo.

P.- Están entre nosotros, en el corazón de Europa…

R.- Sí, por eso lo de plantar el tema en clave de aquí o allí, de ellos o nosotros no es acertado. Sería más correcto un ellos y nosotros. A nosotros, a los gobiernos de Occidente, les interesan sus oleoductos y a ellos acabar con esta civilización que consideran que les ha expoliado y explotado. Mucha gente cree que, cuando caigan las ciudades de Mosul y Raqa, va a desaparecer el problema. Creo que no. El sentido común te dice que van a volver de la guerra de guerrillas y va a ser peor. Ahora están concentrados en un lugar estratégico y geográfico localizado, un espacio que lo van a perder. Están ahí. Pero luego, ¿qué van a hacer? Se desperdigarán por todas partes. ¿Cómo se van a vengar? Pues a base de células dormidas, atentados suicidas y demás.

Cuando caigan Mosul y Raqa volverán a la guerra de guerrillas y será peor»

P.- ¿La solución vendrá del propio mundo islámico o no será posible?

R.- Sí, ése es uno de los grandes problemas. En esto los que deberían levantar la voz los primeros son los países de la zona. Si no lo hacen, es porque no les interesa. También deberían actuar los líderes religiosos. Cuando se ha querido erradicar un grupo terrorista, ha sido gracias a la sociedad que se ha levantado o mostrado su oposición. Por eso los primeros que deben mostrar su rechazo son los musulmanes y los líderes religiosos musulmanes.

P.- ¿Por qué no lo hacen con la suficiente contundencia?

R.- Ellos dicen que ya lo han hecho, aunque, por lo que se ve, no es suficiente. En Oriente Medio los dos pilares son por un lado Irán y por otro Arabia Saudí, y el teatro donde se dirimen esas diferencias es Siria e Irak. Por todo lo que se está viendo, parece que Rusia se ha quedado con Siria, e Irak se lo ha quedado Estados Unidos. Estamos viendo la segunda vida de Oriente Medio.

P.- La victoria de Donald Trump, ¿es gasolina incendiaria para todo este proceso o la solución definitiva, como afirma él, que acabará con el Estado Islámico en cien días?

R.- Él asegura que es amigo de Vladímir Putin, que tiene una relación privilegiada con él, según dice. Si negocia con Putin y eso sirve para que dejen de morir civiles y dejemos de convertirnos en bestias insensibles ante lo que ocurre con civiles en Irak y Siria… es una variable nueva. Trump tiene una relación, quizá demasiado buena, con Putin. ¿Qué frutos va a dar? No sé si eso es bueno o malo. Como decía Kennedy: «Soy un idealista sin ilusiones en este tema». Lo que se encuentra en el terreno será que se han dividido de facto esos dos países: Siria con influencia rusa e Irak convertida en área de influencia estadounidense. Eso ya está casi hecho.

P.- ¿Con el presidente sirio, Bashar al-Ásad, qué va a pasar? ¿Dejará de ser el problema para convertirse en parte de la solución?

R.- Es un aliado de Putin, así que el que resiste gana. Es parte de la solución, aunque parezca increíble. Putin va a conseguir lo que no consiguió ningún zar, tener una base en aguas calientes, en el Mediterráneo, una salida al mar para siempre.

P.- Como síntesis, el experto Abdel Bary Atwan resume las causas y razones de este conflicto en siete palabras o conceptos: la humillación, la frustración, la marginación, las intervenciones militares, la falta de gobernanza, haber subestimado a estos países y el papel de los medios de comunicación. ¿Lo comparte?

R.- Sin duda, son las raíces objetivas del problema.