En estos tiempos que corren, es más habitual encontrar a un escultor que busque salida en el mundo empresarial que un directivo de éxito intente hacer carrera en el mundo de las artes plásticas. Este último es el caso de Pepe Monserrate (Madrid, 1973), un profesional de los sectores de las nuevas tecnologías, las energías renovables, la publicidad y el marketing, que, en 2007 decidió profundizar en esa sensibilidad creativa que le ha acompañado desde niño. “Desde que tengo uso de razón me sentí muy atraído por las distintas expresiones artísticas del hombre. Interpretación, literatura, escultura… A los 17 años convencido en estudiar arte dramático, mi padre me dijo: ‘hijo, haz primero una carrera con salidas, y si luego te sigue apeteciendo, ya hablamos’. Finalicé la carrera y se me olvidó, durante unos años, esa primera inclinación”.

Esa expresividad latente emergió en forma de esculturas contemporáneas y, no se crean que su etapa en el mundo de los negocios pasó al olvido. “La vida empresarial al final es vida… viajas, conoces personas y lugares, tienes experiencias muy variadas que dejan poso. Ese poso forma parte de mí y por lo tanto ha enriquecido mi capacidad de expresión”. Mientras, en su entorno laboral y familiar están sorprendidos de lo decidida que es, esta vez, la apuesta, sobre todo, teniendo en cuenta sus éxitos: exponer durante noviembre en la mítica galería Pall Mall de Londres y en México DF, durante los primeros meses de 2017.

Pepe Monserrate no es, además, un artista al uso. No ha pasado por la Facultad de Bellas Artes, es un autodidacta. “No tengo una formación académica oficial pero, en este camino, he aprendido de los muchos maestros que he tenido la suerte de conocer en las fundiciones, escuelas cerámicas, herreros artesanos o picapedreros”. Después de tocar varios palos, es en la escultura donde ha encontrado su medio de expresión “Es en ella donde he encontrado la forma más potente y directa de transmitir lo que quiero, que principalmente son emociones. Me fascina la rotundidad y la fuerza de la escultura a la hora de transmitir conceptos o emociones… No he encontrado nada igual, aunque sí es cierto que no paro de experimentar con otros formatos, por ejemplo, a la exposición de Londres he llevado un vídeo-arte que acompañará a Solitario, un pez de 3 metros que estará físicamente en la exposición y que con ayuda de este nuevo formato veremos cómo cobra vida nadando en un fondo marino muy especial”, asegura el escultor.

Comienza primero esculpiendo piezas para colecciones privadas pero, no fue hasta 2016, cuando la emblemática Marta Torres Gallery de Ibiza le da la oportunidad de exponer y Pepe se revela como una de las figuras emergentes con mayor proyección del arte español. El que fuera la isla balear donde Monserrate se presenta al público de forma seria, no es de extrañar, teniendo en cuenta la relación del artista con el mar y sus habitantes, sus temas favoritos, por ahora. “Soy un profundo enamorado del mar. Me gusta estar cerca de él, o de ella si es la mar. Contemplarla, olerla, pasear por sus orillas, navegar sin rumbo, bucear horas… La considero un marco incomparable y una fuente inagotable de inspiración para contar historias, para expresar nuestras más profundas emociones, deseos y miedos. Esa fijación le viene, además, de lejos. “En mi familia me inculcaron desde pequeño la pasión por la mar y ha permanecido siempre conmigo. He pasado gran parte de mi vida disfrutando de la fascinante y desconocida costa murciana, y he navegado por el mundo todo lo que he podido, aunque siento una clara predilección por el mar mediterráneo, el mar antiguo de mis raíces,  y en especial por las islas griegas”.

Solitario es uno de los seres marinos que llenan su universo.  Peces (atunes, en su mayoría) enormes que parecen fosilizados y rescatados de una arcaica playa. Estos símbolos de fuerza, resistencia, poder y calma los construye en grandes dimensiones, algo complicado a la hora de trabajar. “Es algo complejo pero la fuerza con la que transmite es distinta a las de las obras de menor escala. En una de mis últimas obras, el espectador puede entrar dentro de una granja de atunes y convivir un rato como uno de ellos…”. Pepe también tiene otros motivos predilectos como los aparejos de pesca, las cuadernas de los barcos, los amarres de los puertos de pescadores e, incluso, personajes que parecen surgir de una leyenda de las costas bañadas por el Mediterráneo que trata con materiales tan diversos como el hierro, el bronce, la pasta refractaria o la caña natural. Todos ellos, además, adquieren en sus manos un cierto aire arqueológico, una pátina antigua y misteriosa premeditadamente buscada. “Trabajo mucho con el concepto tiempo, con el desgaste, la oxidación, el salitre, lo que supuso antes algo y lo que supone ahora la resiliencia. Esos conceptos trasladados a la materia me sugieren ese tipo de terminaciones”.

Además de las estampas marinas, Pepe Monserrate tiene otros contenidos que le rondan por la cabeza “¡Muchos más! El Mediterráneo es mucho más que mar… es el humanismo, la cultura, el comercio o la filosofía.  En una de mis obras hablo de las trampas que suponen las tecnologías de la información y para ello utilizo artes de pesca antiguas… ¿qué no podemos contar con un marco así?”.