Si quiere ser más feliz, empiece a ver series de televisión. Esta es la recomendación de la Universidad de Loyola Andalucía que, tras un estudio científico, ha demostrado que los espectadores españoles que se consideran fans de películas y series son «auténticamente más felices», ya que ponen en práctica ciertas virtudes y fortalezas humanas.

Diversos estudios han relacionado anteriormente el consumo de series de televisión con la búsqueda de sensaciones positivas y placenteras, lo que los investigadores relacionan con una felicidad más hedónica, pero la Universidad de Loyola ha querido ir más lejos explorando las motivaciones eudaimónicas de los espectadores. Y el resultado ha sido claro: «Los espectadores no sólo buscan entretenimiento, sino que buscan el enriquecimiento intelectual y formar parte de una comunidad», explica José Antonio Muñiz, coautor del citado estudio y miembro del departamento de Comunicación de la Universidad de Loyola.

Algunas ficciones te aportan conocimientos que adquirir en otro formato sería muy árido

El objetivo de este trabajo era poner el foco en esa felicidad eudaimónica, vinculada a las virtudes humanas y al crecimiento personal. Los resultados revelan, por un lado, que los fans, en mayor medida que los que no los son, buscan contenidos audiovisuales con los que ampliar conocimientos. Por ello, desarrollarían fortalezas humanas asociadas a virtudes como la sabiduría y el coraje, según la clasificación de Peterson y Seligman en la que se han basado los investigadores. Para ello no hace falta escoger una ficción específica. El ministerio del tiempo podría ser un buen ejemplo que, además de entretener, tiene una parte real que enriquece, según la guionista de televisión y crítica de cine Isabel Vázquez. «Algunas ficciones te aportan conocimientos que adquirirlos en otro formato sería muy árido», señala. Ella compara incluso el consumo de series a visitar obras de arte.

Pero, además de aprender, los espectadores buscan «formar parte de una comunidad», en palabras de Muñiz. El estudio demuestra que los espectadores prefieren compartir la experiencia con más personas, de modo que ejercitan fortalezas asociadas a virtudes como la humanidad o la justicia, según la investigación. «Ya no se busca una serie sólo por afinidad, ahora también se busca por las recomendaciones del entorno para poder discutir sobre ellas y comentarlas en las reuniones», explica Vázquez. Estas características describen a un tipo de espectador más activo y despierto que no realiza un consumo pasivo de los contenidos. Se hecho, es la población de entre 25 y 45 años la más activa y la que más ruido hace, por tanto, a la que más hay que seducir.

Más series de televisión, más felicidad

No hay títulos ni géneros concretos que aumenten el estado de felicidad, según Muñiz, lo importante es seguir una ficción y, cuantas más, mejor. «Se ha visto una relación directamente proporcional entre el número de series y los niveles de motivación eudaimónica», asegura Muñiz. Si bien no hay un producto concreto a consumir, sí hay una forma de hacerlo. «Es mejor disfrutar de una serie de forma paulatina que pegarse un atracón de capítulos», apunta el coautor, ya que “te deja paladearlo y disfrutarlo”.

Desde hace unos años, la producción de series de televisión se ha disparado, una buena noticia para el sector audiovisual que deja otros inconvenientes. «Ha sustituido otros hábitos como la lectura», lamenta Vázquez. Para llevar a cabo este estudio se han recogido los datos de más de mil personas de entre 16 y 60 años mediante un cuestionario, pero las motivaciones para ver series son las mismas en los distintos rangos de edad.

Los títulos americanos son los más conocidos y, entre ellos, los que tienen una «emisión regular y no necesitan de una continuidad», según la crítica de series. Ejemplo de ello serían Bones o, anteriormente, House, pero ninguno de ellos desbanca a las series españolas, «las reinas del prime time», en palabras de Vázquez, incluso más que las ficciones internacionales. «Es un aspecto a tener en cuenta, ya que es todo lo contrario a lo que ocurre con el cine», apunta. Las comedias cortas siempre son una buena apuesta para los espectadores españoles, pero independientemente del género, si quiere ser más feliz, empiece a ver series.