Llega avalada por el León de Plata de la Bienal de Venecia 2015. La Agrupación Señor Serrano sorprendió ese año al mundo con A house in Asia, una apuesta arriesgada que podría ser bautizada como cine en tiempo real o teatro 2.0 que se representa en el Teatro de la Abadía del 25 al 28 de enero.

Matar a Gerónimo es el hecho histórico sobre el que bascula A house in Asia. Algo que en su momento era el sueño de cualquier soldado americano, el sueño de todo patriota. El 2 de mayo de 2011 esa lotería le toco a Robert O’Neill, miembro de los Navy Seal que participó en el asalto. “Mientras que el verdadero Seal está orgulloso de lo que hizo, nosotros lo hemos transformado todo y el protagonista de la obra después de haber cumplido su misión, se siente vacío y reflexiona sobre lo que ha sido su trayectoria. Se da cuenta que tiene más en común con un combatiente islámico de lo que nunca imaginó”, explica Pau Palacios creador del montaje junto con Álex Serrano y Ferrán Dordal.

Matar a Gerónimo (alter ego de Bin Laden) es el hecho sobre el que bascula ‘A house in Asia’

Cuesta explicar de qué va A house in Asia. El público se enfrenta a una pantalla de cine que preside la escena, varios dioramas repartidos por las tablas, la grabación en directo de esos dioramas protagonizados por muñecos de plástico (aquéllos con los que en la década de los años 60 y 70 los niños jugaban a indios y vaqueros) y una grabación sobre la que se insertan imágenes de películas tratadas digitalmente para contar la historia del hombre que mató a Gerónimo, que en este caso no es más que el alter ego de Bin Laden, el terrorista islámico implicado en los atentados del 11-S.

A house in Asia demuestra, ante todo, que el teatro está más vivo que nunca y abierto a nuevas tendencias, siempre y cuando, esas nuevas tendencias se pongan al servicio del espectáculo. “Nosotros mezclamos diferentes planos para contar unos hechos históricos. Lo que pretendemos es demostrar que hoy en día el relato único de la realidad no existe. Lo que nos llega del exterior son copias y debemos tener los elementos necesarios para poder leer esas copias. Por eso mostramos tres casas: la de Bin Laden en Abbotabat, Pakistán, la que la CIA replicó para que los miembros del ejército ensayaran el asalto y la que se construyó en Jordania para la película La noche más oscura de Kathryn Bigelow”, explica Palacios.

La compañía realiza una lectura muy personal de las consecuencias del suceso más trágico de Estados Unidos. Arranca ofreciendo una perspectiva histórica donde desvela quienes son los buenos y quienes los malos. Protagonistas y antagonistas se transforman en indios y cowboys, en Gerónimo y el capitán Ahab (Gregory Peck) de Moby Dick. El uso de los nombres en clave se convierten en una metáfora que acompaña a los hechos reales que van contando. Todo lo que se narra ocurrió allí en mayor o menor medida y está convenientemente documentado. «La realidad del proceso para capturar al enemigo público número uno de Estados Unidos fue un gran montaje, preparado como si fuera una película de Hollywood… hasta que Hollywood hizo lo mismo».

La obra arranca con un claro homenaje al monólogo final de ‘Blade Runner’

Partiendo de esta anécdota, la obra arranca con un claro homenaje al monólogo final de Blade Runner. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.  “Al fin y al cabo los replicantes eran copias perfectas que se hacían las mismas preguntas que nosotros”.  A house in Asia se presenta como un western rabiosamente contemporáneo, que rezuma acidez, un viaje irresistible hacia una historia imaginada en la que ni todo es verdad ni todo es mentira.

“El espectador saca sus propias conclusiones”, sostiene Palacios. “No cabe duda de que es un retrato bastante duro sobre los tópicos sobre los que se mueve la cultura americana. Tengo una amiga neoyorquina que vio la obra en Venecia y al terminar la obra me preguntó: ¿Realmente se nos ve así? En el fondo es lo que se percibe desde fuera. Nada más el hecho de rebautizar a Bin Laden como Gerónimo es muy significativo. Revela que se mueven en la dialéctica de buenos y malos. Los malos siempre son los indios nativos y los buenos, el Séptimo de Caballería. Este trabajo es una crítica desde dentro”, concluye.