Antonio Gala da con las palabras clave para definir el principio del flamenco. El comienzo de ese arte que le da la vuelta al cuerpo, que enloquece, que castiga. «Una voz marginal: algo que inventó alguien para poder quejarse con dignidad y con belleza». Y eso es, la amargura más bella, el padecimiento más intenso. O, según Lorca, «donde tiembla enmarañada, la oscura raíz del grito».

La Biblioteca Nacional reúne ahora toda su historia e incluso va más allá y nos habla de las manifestaciones preflamencas. De como La gitanilla de Cervantes comienza a relatar «la fase embrionaria» de lo que se convertiría en la característica más fuerte de nuestra cultura. «Aunque emerge hace unos 170 años, nos hemos ido más atrás para poder explicar su nacimiento. El flamenco es consecuencia de una evolución y nosotros hemos realizado un espectáculo completo en forma de exposición sobre todas sus vidas», explica Teo Sánchez, comisario junto a David Calzado de Patrimonio Flamenco, que se podrá visitar desde esta tarde hasta el próximo 2 de mayo.

Carmen Amaya por Juan de Gyenes.

«Este año se cumple el 170 aniversario de Escenas Andaluzas en el que Serafín Estébanez Calderón certifica la existencia de este arte en sus descripciones de una fiesta en Triana», afirman. Los comisarios se apoyan en las figuras más relevantes de este arte, en las representaciones más importantes. «Ahora el flamenco vive un momento espléndido y hemos querido realizar esta muestra para acabar con algunos tópicos», confirma Calzado.

Dentro de Patrimonio Flamenco se encuentran archivos sonoros de finales del XIX, javeras, tangos, sevillanas o granadinas pertenecientes a El Mochuelo. Además, han tirado de escritores, «estamos en la BNE», como Bécquer, Chávez Nogales, Gómez de la Serna o Lorca para explicar con sus textos las distintas sus distintas etapas, sus intensas manifestaciones.

«Durante mucho tiempo el flamenco ha sido malentendido y despreciado. No se trata de una música popular; no es un folclore: se levanta como un grito individual, aunque representativo de millones de gritos; como un alarido solitario, aunque invite a la solidaridad», sentencia Gala.

Lola Flores por Juan de Gyenes.

Despreciado hasta el extremo de que siempre sentimos que está a punto de desaparecer. «El flamenco se nos muere. Esto se acaba» es la frase más repetida de la cultura jonda. En realidad el flamenco se nos muere después de cada ayeo, de cada picado o cada desplante porque es el arte de los efímero, aunque el regusto de lo vivido en décimas de segundo nos dure, a veces, eternamente», escriben en el catálogo de la muestra los dos comisarios.

«Si alguien viene a la muestra pensando que va a encontrar a su figura preferida, se llevará una decepción», aseguran tras las quejas de uno de los montadores de que faltaba uno de sus favoritos. «A la sombra de Paco, José y Enrique ha habido, y hay, talento para repartir en voces, manos y pies cuyos nombres llenarían otro catálogo. Cada aficionado tiene los suyos y esa subjetividad es la sal de todas las artes», escriben cerrando el catálogo.