Es la parte oscura y silenciosa, la que todos sabían que existía, la que unos admitían tragando saliva y otros repudiaban con vehemencia. Un capítulo de nuestra historia reciente sin el que quizá nunca hubiese sido posible alcanzar la luz que ya asomaba al final del túnel. La nebulosa siempre ha sobrevolado las negociaciones con ETA. Las ha habido de todo tipo; secretas, discretas y «oficiales». Las últimas han sido la pieza clave sin las cuales no hubiera sido posible derrotar ni forzar a ETA a abandonar las armas y hacer posible la paz. Los encuentros en Ginebra en 2006, entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la banda fueron las que marcaron el principio del fin de ETA. Precipitaron el cambio de rumbo clave en el apoyo social a la banda y que junto con la presión policial y judicial, logró dar jaque mate a casi medio siglo de terrorismo etarra. Este viernes en decenas de salas de cine de nuestro país se encenderá el foco para escuchar a los protagonistas que intervinieron en aquellas citas que activaron la descomposición de ETA.

El documental El fin de ETAque llega ahora a los cines, es un trabajo periodístico convertido en largometraje en el que los protagonistas de aquellas negociaciones, junto a víctimas, etarras arrepentidos y otros aún presos, además de políticos y ex responsables del Gobierno socialista detallan cómo se produjeron los encuentros entre la cúpula de la organización criminal y los negociadores del Ejecutivo español. Bajo la dirección de Justin Webster y el guion de Luis R. Aizpiolea y José María Izquierdo, El fin de ETA (Quality Media Producciones) se presenta como “una aproximación honesta” hacia lo sucedido en aquellos contactos con ETA. Lo hace a través de 18 testimonios de relevancia que ayudan a comprender la trascendencia de aquella negociación fracasada y arrojada al precipicio el 30 de diciembre de 2006 con el atentado de la T4 de Barajas en el que un coche bomba mató a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

La película se presenta como un alegato “en favor de los que luchan por la paz, con un tono humano y reflexivo, ni triunfalista ni acusador”

El entonces presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, junto al ex ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, centran el relato de unos hechos que se enriquecen con las aportaciones y visiones de miembros de ETA como José Luis Urrusolo Sistiaga, políticos del PP como el ex ministro Jaime Mayor Oreja o el lehendakari Iñigo Urkullu, de víctimas como Maixabel Lasa, o jueces como Baltasar Garzón además de altos responsables policiales. La gran ausencia del documento es Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera, el representante de ETA en la negociación, -actualmente en busca y captura- y al que en el final de los contactos sustituyó Francisco Javier López Peña, Thierry, quien fue uno de los dirigentes más duros de la banda.

Una paz surgida de los escombros de la T4

Son todos ellos ingredientes de un análisis detallado de cuya importancia, el periodista Luis Aizpiolea, profundo conocedor de la historia reciente de ETA, cree que no es del todo consciente la sociedad pública española. En palabras de Jesús Eguiguren, Aizpiolea recuerda «que suele decir que sobre los escombros del atentado de la T4 de Barajas, en diciembre de 2006, surge la paz en Euskadi»: «A partir de aquel momento la izquierda abertzale dice que con ETA no vamos a ningún sitio, se empieza a separar de ella y acaba enfrentándose a ETA», asegura.

La cinta que se estrena este viernes desarrolla detalles como el papel jugado por los servicios secretos noruegos, encargados de trasladar al negociador del Gobierno, Jesús Eguiguren de Ginebra a Oslo y al representante de ETA, Josu Ternera hasta el hotel donde se celebraron los encuentros. También el impacto del imprevisto cambio de interlocutor decidido por la banda al asignar a Thierry, representante del ala más dura de ETA. O cómo éste reivindicó ante Eguiguren su autoridad en ETA, «lo que digo yo va a misa, soy el capo, me dijo», recuerda el político vasco en El fin de ETA. También los temores con los que abordó el proceso, «eran tiempos en los que debías aceptar que te podían matar». O el momento en el que el dirigente socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba relata cómo después de advertirle a Thierry que debían elegir «entre votos o bombas» o si no todos acabarían en la cárcel si fracasaba el proceso, el dirigente etarra replicó que en ese caso convertirían a España «en un Vietnam» y «vosotros os pondréis corbatas negras».

Se debe poner en su sitio a la gente que se esforzó para acabar con ETA y a la que puso mil pegas»

El fin de ETA nace como un proyecto audiovisual con fines pedagógicos y divulgativos. «Como ETA ha desparecido ya no hablamos de ello, pero habrá que contar cómo fue, qué pasó, cómo acabo… ¿Fue un milagro del cielo? Pues no, se debe poner en su sitio a la gente que se esforzó para acabar con ello y a la que puso mil pegas. Se debe contar la verdad de lo que sucedió».

La cinta pretende destacar la aportación de quienes se implicaron en el proceso de acercamiento a la cúpula de la banda en busca de la paz y que el tiempo no ahogue la importancia de aquellos encuentros, en los que sus promotores sitúan el inicio del final de la banda. «No quiero quitar méritos a la policía y a la Justicia, que por supuesto que fueron muy importantes, pero el cambio de posición de la izquierda abertzale que sucedió tras aquellas negociaciones fue esencial». Estrenado durante el pasado Festival de Cine de San Sebastián, este trabajo llega a hora a las carteleras españolas con el propósito de subrayar el valor de «algo que no se ha contado suficientemente porque el gobierno del PP no tiene ningún interés en ello porque se opuso desde el primer momento a aquellas negociaciones, por eso no quieren contar esa parte del final de ETA», relata el coguionista.

El tercer pilar contra ETA junto al policial y el judicial

Aizpiolea confía en que con trabajos como éste, en formato audiovisual, la divulgación sea más amplia, se pueda hacer justicia a quienes se empeñaron en dialogar con ETA para acelerar su final y que la historia no sólo recuerde sólo «una parte», la policial y judicial, de los frentes que contribuyeron a la aniquilación definitiva de la organización terrorista. Considera que personajes como Eguiguren o el propio Otegi fueron esenciales para que el distanciamiento entre la izquierda abertzale y ETA, sumado al debilitamiento por la presión de las Fuerzas de Seguridad del Estado y la batalla judicial, dejarán en situación de inanición a ETA. «Eguiguren hizo un trabajo de pedagogía con Otegi», recuerda Aizpiolea, desde años antes en el inicio de sus encuentros en el caserío Txillare de Elgoibar (Guipúzcoa): «Le enseñó política, le enseñó la realidad. El Otegi de 2000 no es el mismo de 2006, fue evolucionando. No es el Otegi ideal, es cierto, le falta autocrítica y un reconocimiento de haber apoyado a ETA en años duros, le falta rematar todo eso». Una relación que incluso le llevó al dirigente radical a advertir a Eguiguren antes de partir hacia Suiza para negociar con ETA y el ex parlamentario vasco, Josu Ternera, «no le prometas nada que no puedas cumplir».

Otegi a Eguiguren antes de negociar con ‘Josu Ternera’: «No le prometas nada que no puedas cumplir»

En El fin de ETA se desvelan aspectos menos conocidos, como el papele jugado por los servicios secretos suizos y noruegos, o la relevancia de detenciones como las de Mikel Antza en 2004, principal defensor de la teoría de la socialización del sufrimiento o el momento en el que Otegi, junto a Rufi Etxeberria llega a la conclusión de que había llegado el momento de enfrentarse a ETA y distanciarse de la banda. Un proceso que culminaría con el proceso Zutik Euskal Herria y la refundación posterior de ese mundo. Aizpiolea reconoce que falta un testimonio clave de todo lo sucedido, el de Josu Ternera. El ex jefe de ETA se encuentra en paradero desconocido desde hace años. De haber podido entrevistarse con él, el periodista vasco asegura que la primera pregunta sería «que me diga para qué coño ha sirvió todo esto, el terrorismo».

18 testimonios y 50 horas de grabación

Al frente del proyecto audiovisual se ha puesto un director inglés, Justin Webster. No oculta que su conocimiento de las negociaciones con ETA de 2006 era más bien escaso. Tras documentarse y trabajar el guion con Aizpiolea e Izquierdo, Webster tuvo claro que el eje del relato debía pivotar en torno a Jesús Eguiguren, Arnaldo Otegi y Alfredo Pérez Rubalcaba. «Me sorprendió la relación entre los tres protagonistas, sus complicidades, sus tensiones y ver, más bien sentir, sus experiencias personales. Todo es un proceso muy revelador». Los testimonios de los tres sumaron más de siete horas de grabación y el conjunto de entrevistas, alrededor de 50. Un logro importante de la película es poder tener puntos de vista muy diferentes, experiencias distintas de lo que pasó. Por ejemplo, la historia de Maixabel e Ibon, víctima y terrorista, me emociona. «Es difícil y excepcional, quizá no para todos pero yo creo que es ejemplar y admirable».

Webster: “La historia de Maixabel e Ibon, víctima y terrorista me emociona. Es difícil y excepcional»

Webster temía que una película que narrara cómo se negoció con una banda terrorista pudiera herir a las víctimas o incurrir en un tratamiento injusto del relato o incluso terminar por distorsionar lo sucedido por culpa de determinadas presiones políticas. «Era muy importante incluir testimonios de víctimas para no olvidar lo que significaba ETA. O el testimonio de personas en contra del proceso, como Jaime Mayor Oreja. Buscamos un relato honesto, sin extremismos ni juicios fáciles».

El director de El fin de ETA concluye que el objetivo último que se fijó con este trabajo fue entender mejor lo que sucedió «para vivir mejor en el futuro»: «Me gustaría que los espectadores salieran de la sala con la sensación de haber compartido la experiencia de los protagonistas y el resto de personajes durante esos años. Diría que la película es un alegato en favor de los que luchan por la paz, con un tono humano y reflexivo, ni triunfalista ni acusador».