Ha dejado a media España con el cuerpo revuelto, con el corazón en un puño. Juan Antonio Bayona y su línea argumental, las relaciones familiares, han vuelto a embaucar a millones de espectadores. El cineasta catalán presentó el pasado mes de octubre Un monstruo viene a verme, a modo de cierre de los otros dos largos que le han consagrado como uno de los mejores directores españoles. El filme sigue los pasos de El orfanato y de Lo imposible, la película más vista en la historia del cine español, indagando en miedos, responsabilidades y búsquedas, y acumulando nominaciones a los Goya.

Basada en la novela del mismo nombre de Patrick Ness, que ha sido el encargado de escribir el guión que también opta a una de las estatuillas españolas, Un monstruo viene a verme ha tenido tantas buenas críticas como detractores. Tachada de lacrimógena por algunos, otros ven en el filme un psicoanálisis brillante acerca de la oscuridad que se encuentra dentro de cada uno e incluso en el Festival de Toronto llegaron a comparar al cineasta español con Steven Spielberg.

Protagonizada por Lewis MacDougall, que con tan solo 14 años lleva gran parte del peso de la cinta, Felicity Jones en el papel de madre y Liam Neeson como monstruo, esta película de producción española y americana ha sido el mayor éxito del cine español en 2016. En su primer fin de semana en taquilla consiguió recaudar 3,6 millones de euros y está nominada a 12 Premios Goya, entre los que se encuentra mejor película y mejor director, además de haberse hecho con el Premio Forqué al cine de educación de valores y el Premio Feroz a la mejor música original, de Fernando Velázquez.

Bayona, que con esta película ya acumula tres largos exitosos, aseguró en una entrevista a XLS que su intención era «contar la verdad, porque esta tiene cada vez menos valor en la política, la televisión, los anuncios… Vivimos en el simulacro de la verdad, porque cuesta mucho contarla o escucharla». Algo que personifica el protagonista, obsesionado con la verdad pero precavido ante ella y que se ve obligado a tomar las riendas de su casa tras las separación de sus padres y el diagnóstico de cáncer que le dan a su madre. La fantasía aparece como forma de liberación ante una realidad asfixiante. Ahí aparece el monstruo, que no es tan monstruo, y una pesadilla a modo de salvación.

«Esta es una película más de género que Lo imposible, pero que toca el tema de la familia de una forma más abierta y realista que El orfanato, aunque comparten la muerte en el horizonte y la intensidad de las emociones», aseguró durante la presentación en octubre. La película fue rodada entre España e Inglaterra y contó con un presupuesto de más de 25 millones de euros. La promoción, realizada por Mediaset, fue apabullante aunque contó con un boca a boca mucho más eficaz.