El arte no es nada sin un fin, sin una intención que nos lleve al movimiento. El surrealismo generó un activismo necesario, una rabia pacífica ante un sistema, ante una sociedad que se oscurecía a base de miedos. Con la llegada del fascismo a Europa el mundo empezó a temblar, las fronteras se endurecieron y el ser humano se dividió en dos a consecuencia de creencias mal entendidas. Fue en 1938, en un El Cairo más libre que el actual, cuando un grupo de jóvenes entendió que su arte era una pancarta contra las malas políticas, cuando el surrealismo se modificó para ser aún más combativo, quizá un arte degenerado.

Nació un movimiento que pretendía mostrar su desacuerdo ante las ideas de la modernidad, que vio en la fragmentación cubista el mejor de los feminismos y que utilizó como símbolo la mayor queja de Picasso: el Guernica. Se llamó Art et Liberté y se rebeló contra la fusión del arte con el sentimiento nacionalista. Su auge fue una reacción de la ideología fascista, que además de impregnar Europa estaba llegando a Egipto.

Art et Liberte - foto grupo

Art et Liberté – Foto de grupo.

El Museo Reina Sofía de Madrid ha sido la primera institución en presentar a este grupo y lo hace, además, en el aniversario de la llegada del Guernica a sus paredes. La muestra Art e Liberté. Ruptura, guerra y surrealismo en Egipto es la primera exposición retrospectiva de este movimiento que tuvo su origen en la ruptura con su predecesor, en la huida hacia la libertad que se iba consumiendo por Italia y Alemania.

Como explican los comisarios de la muestra, Sam Bardaouil y Till Fellrath: «Esta aversión al fascismo se manifestó en marzo de 1937 en un enfrentamiento con la sección local de futuristas profascistas. Cuando Marinetti, que había vivido en Egipto 18 años, dio una serie de conferencias en el país como delegado de Mussolini, ellos empezaron a tomar partido». Es en 1938 cuando este nuevo grupo presenta un manifiesto, bajo el título Viva el arte degenerado, que estará encabezado por George Henein y que reunía a un gran grupo de jóvenes considerados políticamente incorrectos.

Ramses Younane.

Ramses Younane.

«Es bien conocida la hostilidad con que contempla la sociedad actual cualquier creación literaria o artística que amenace, de forma más o menos directa, las disciplinas intelectuales y los valores morales de los que dependen su supervivencia. ¡Intelectuales, escritores, artistas! Asumamos juntos este desafío. Todos somos absolutamente solidarios con este arte degenerado. Luchemos por su victoria sobre la nueva Edad Media que se cierne sobre el corazón de Occidente», alegaron y su mensaje comenzó a coger poder, a hacerse fuerte.

Europa parecía arder pero la ciudad egipcia se mantenía como un oasis de libertad artística, un lugar al que acudir para poder pensar sin miedo a hacerlo en alto. «Durante la Segunda Guerra Mundial, El Cairo constituyó un refugio relativamente seguro para los activistas políticos, que iban desde anarquistas antifascistas a intelectuales judíos huidos de la creciente esfera de influencia nazi», aseguran los comisarios.

Mayo.

Mayo.

Por eso, este movimiento pudo surgir con fuerza en la ciudad y se desplegó por Europa. Su lucha contra los movimientos totalitarios, a través de una definición distinta del surrealismo les llevó a alcanzar un lenguaje pictórico más amplio que el anterior. Una forma de comunicación que se comprometía con las causas sociales internacionales y que emanaba de una preocupación por el arte, además de un sentimiento feminista embriagador. Ellos reflejaron a la mujer ajena a los modelos de Henri Breton, lo hicieron desfigurando su silueta para mostrar cómo el hombre la había hecho sufrir hasta partirla en mil pedazos.

La muestra que acaba de presentar el Reina Sofía es capaz de reflejar esta intensidad, esta ira de pinceles gracia a 125 pinturas que se realizaron desde los años veinte hasta comienzos de los 50. «Las obras de arte examinadas constituyen una meticulosa selección procedente de 50 colecciones públicas y privadas de una docena de países», afirman los comisarios. El grupo se mantuvo vivo hasta que el nacionalismo invadió también su país y el gobierno no acepta más que un arte institucionalizado. Es importante recordarlos para ver cómo el mundo puede cambiar muy rápidamente y cómo países, que no consideraríamos, ahora mismo, remansos de libertad, supusieron tanto para las mentes libres de principios y mediados del siglo XX».