Para un intérprete conseguir un Oscar es todo un logro individual, es el mérito de  un actor, como Javier Bardem, o de una actriz, como Penélope Cruz. Aunque en estos casos parezca un logro familiar, es un hito para su carrera profesional. Pero no pasa lo mismo cuando se trata del Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Fuera de Estados Unidos, el sueño de conseguir un Oscar es un logro atribuido al colectivo.

«En mi vida había podido soñar con este momento», afirmó José Luis Garci al alzar el primer Oscar para España. Así inicia el enviado especial de El País, Ramón Vilaró, su crónica de la noche del 11 de abril de 1983 en la que Volver a empezar se llevó el Oscar en esta categoría. “ ..Y de todo el cine de habla hispana, en lo que va de historia de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood”, continúa el periodista haciendo mayúscula la hazaña de Garci.

Ahora que hemos cambiado de milenio y ya hemos visto a muchos españoles y latinoamericanos con la estatuilla (actores, músicos y directores) podría parecer excesiva la crónica de la época, pero así de relevante fue. Y como escribió el periodista aquél era “para España”. El grito de «¡Volver a empezar!» de Luise Rainer al anunciar el Oscar ganador está clavado en la memoria colectiva de aquella España necesitada de mimos y modernidad a la altura del anuncio de «À la ville de… Barcelona» de Samaranch para otorgar los Juegos Olímpicos. Hitos de enaltecimiento del ego patrio.

Después de Volver a empezar, tres cintas más trajeron el Oscar a una vitrina española:  Belle ÉpoqueTodo sombre mi madre y Mar adentro. Cuatro galardones que están muy bien para la industria española pero muy lejos de la filmografía francesa e italiana que durante años se repartieron el Oscar a la película de habla no inglesa, con el permiso del cine japonés.

Hasta 1948 la Academia de Cine de Hollywood no tuvo a bien compartir, con el resto de los países del mundo, un poquito del monopolio del glamour de la industria que habían levantado a principios de siglo XX. Desde entonces Italia, con 14 Oscar de 28 nominaciones, es el país que más galardones ha sumado para su cine. Le sigue Francia con 12 de premios de hasta 40 nominaciones. El cine japonés suma 4 como el español.

El premio a la mejor cinta de habla no inglesa tiene una lista muy larga de países que todavía sueñan con que una película suya se lleve un Oscar. Pese al carácter global de la industria del cine americano, en total 22 países pueden decir que, al menos una película de su país, tiene el galardón. Claro que muchos países no han tenido ni películas nominadas, de hecho son 52 los países que han tenido nominadas. Lo que demuestra la dificultad que representa para muchos países alcanzar la calidad suficiente en sus industrias como para llegar a la cima de Hollywood. Y explica la subida de autoestima patria que inyecta la estatua dorada.