Son discretos, con formación elevada y bolsillo acomodado. Comenzaron siendo cientos y hoy empiezan a contarse por millones. No les mueven las mejores playas, ni los monumentos con mayor historia o los hoteles más lujosos. Esos ya los conocen. Lo suyo es el placer del paladar, las experiencias gastronómicas completas y el buen vino. No es un turismo de talonario sino de vivencias. El lujo radica en la esencia de lo auténtico. Por eso son capaces de hacer miles de kilómetros para disfrutar de un buen producto en una sidrería, de degustar un caldo sin igual en un viñedo de La Rioja o para compartir con la población local, el ganadero o el productor todo lo que van a degustar en el plato. Es el turismo de ‘morro fino’, el gastronómico’, el que tras haber conocido mundo demanda ahora una forma diferente de ‘comerse’ la vida. En nuestro país representa ya cerca del 15% del total de visitantes, cerca de 15 millones de personas cada año.

Estos días la capital guipuzcoana reúne en el Basque Culinary Visitar sitioCenter a 260 expertos procedentes de 60 países en el III Foro Mundial de Turismo Gastronómico organizado por la Organización Mundial de Turismo. El reto es profundizar en un mercado en continuo crecimiento y repleto de beneficios; sin temporalidad, más sostenible y con capacidad para beneficiar a una amplia red de sectores. “Hace 50 años nadie venía a España por su gastronomía, les atraía la playa. Ahora, de los 75 millones de turistas casi 20 millones han tenido alguna motivación de carácter gastronómico y en un porcentaje algo menor ha sido el factor fundamental”, asegura Yolanda Perdomo, directora de Empresas Asociadas a la OMT.

Cada año cerca de 15 millones de turistas visitan España por motivos gastronómicos. Euskadi es el destino preferente

Asegura que potenciar este tipo de turismo tiene muchos beneficios. Permite la posibilidad de desarrollo de casi cualquier rincón de nuestro país y es mucho más respetuosos y sostenible con el entorno que visita. “El viajero gastronómico quiere probar lo auténtico, congraciarse con el lugar. Va a sitios que otros turistas no acuden, con lo que nos permite llegar al ámbito rural, donde puede ser un recurso económico de primer nivel”.

Experiencias auténticas, no impostadas

Perdomo subraya que nos encontramos ante un perfil de visitantes que habitualmente procede de un entorno urbano, con un nivel cultural elevado y que ya han viajado mucho: “Es alguien que ya ha viajado mucho, que ya no quiere coleccionar fotos. Ahora quiere vivir como el local, sentirse como el ciudadano del lugar, y sobre todo, comer como él. En definitiva, busca una experiencia personal enriquecedora”. En este mercado turístico no tienen cabida ni las playas masificadas, ni las experiencias diseñadas para grandes grupos de turistas: “Se busca tomarse el pintxo como lo hacen los de San Sebastián, saber a qué está vinculado culturalmente esa experiencia gastronómica que va a vivir. Huye de las cosas impostadas o falsas, por eso busca una inmersión real en los lugares que visita”.

En este sector el País vasco se ha convertido en un referente a nivel nacional e internacional. No en vano el Basque Culinary Center es la segunda ocasión que acoge este foro internacional. “El País Vasco es un referente y San Sebastián la cuna. El éxito es que los vascos han logrado que la gente quiera vivir y comer como ellos. De alguna manera, es el colmo de ese refinamiento y sofisticación que impregna la cultura gastronómica vasca. Sus sociedades gastronómicas, el tratamiento y cuidado que dan al producto, etc. Lo más interesante para los turistas es que es algo que ven que parte de los propio ciudadanos”.

El viajero gastronómico quiere probar lo auténtico, congraciarse con el lugar. Va a sitios que otros turistas no acuden,

En opinión de la representante de la OMT una de las grandes virtudes en Euskadi es “que aquí la cultura gastronómica de la gente es muy exigente y es ésa precisamente su garantía del éxito, que los locales, la gente de aquí, es exigente con lo que come. Si los vascos no fueran como son no mantendría ese liderazgo”. Se estima que un turista que llega al País Vasco para conocer su gastronomía gasta con este fin una media de 102 euros al día.

De algún modo, aunque en menor medida, en el resto del Estado también existe una cultura y modo de vida vinculado a la gastronomía que logra atraer turismo de este tipo: “Los que nos visitan les encanta la cultura española, la tradición de salir, las tapas, etc. Es algo que fuera no existe”.

Un turista difícil de sorprender

Perdomo subraya que una de las ventajas de este tipo de turismo es que no es estacional. “Para este tipo de oferta da igual si llueve o no. Las experiencias gastronómicas se pueden vivir en cualquier momento. Esto te permite gestionar muy bien el flujo de turistas a lo largo de todo el año”. Otra de sus virtudes es contribuir a preservar no sólo un valor inmaterial como el gastronómico, sino la cultura que lo rodea

Pese a ello, no basta con tener una buena oferta gastronómica. El turismo de este nivel demanda mucho más. La oferta o experiencias gastronómicas deben centrar la propuesta pero ésta debe ir acompañada de propuestas culturales, de infraestructura hotelera adecuada y de experiencias complementarias. “Hay que saberlo completar con valor añadido para dar forma a esa experiencias personales que viene buscando el turista”.

Tiene un refinamiento intelectual y a veces les sorprende no tanto la sofisticación como la autenticidad”.

“Es un público más difícil de sorprender. Tiene un refinamiento intelectual y a veces les sorprende no tanto la sofisticación como la autenticidad”. Un mercado, una sidrería, un proceso de producción bien explicado o la vivencia a bordo de un barco de pesca en busca de merluza pueden ser propuestas capaces de completar la vivencia.

El III Foro Mundial de Turismo Gastronómico concluirá hoy analizando en San Sebastián la necesidad de profundizar en el carácter de “turismo sostenible” que brinda esta oferta para los visitantes. Propuestas que abarcan además de todos los eslabones sociales, desde el agricultor que cultiva los productos, hasta los cocineros y hosteleros, pasando por hoteles y servicios culturales adyacentes con los que completar la oferta gastronómica.