La producción de danza Oskara y el espectáculo Caída del cielo han sido las triunfadoras de una repartida XX edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, celebrada este lunes 5 de junio en el Palau de las Arts de Valencia, en una gala en la que se han producido numerosas reivindicaciones sobre el papel de la mujer en las artes escénicas y en la sociedad.

Oskara, que partía con siete nominaciones, se llevó tres Premios Max a casa: Mejor Diseño de Vestuario, Mejor elenco de Danza y Mejor espectáculo de Danza. La misma cifra que Caída del cielo, en la que Rocío Molina hizo doblete como Mejor Intérprete Femenina y Mejor Coreografía, además del Mejor Diseño de Iluminación.

En cualquier caso, muy cerca de esta cifra estuvieron los montajes de Sólo son mujeres, Mejor Dirección de Escena y Mejor Espectáculo de Teatro; El laberinto mágico, Mejor Adaptación y Mejor Actor de Reparto; La respiración, Mejor Autoría Teatral y Mejor Actriz Protagonista y Mulïer, Mejor Espectáculo de Calle y Mejor Composición Musical, todos ellos con dos Premios Max.

No es que pensamos distinto, es que escuchamos distinto: las palabras no tienen género”

La gala, dirigida por Joan Font (Comediants), contó con la cómica y presentadora Ana Morgade como maestra de ceremonias, que en su presentación incidió en la importancia de las mujeres en el sector. “Esta gala es una excusa perfecta para poner a las autora primero, a ver qué pasa”.

Las alusiones a la situación de la mujer fueron constantes durante las intervenciones de Morgade. De hecho, su aparición más aplaudida fue cuando recordó cómo un monologuista le preguntó por quién había escrito su guión porque “era muy bueno”. “No es que pensamos distinto, es que escuchamos distinto: las palabras no tienen género”, reclamó.

La noche arrancó con el reconocimiento al “espectáculo de calle”, primera vez que se reconocía este premio, que fue a manos de Mulïer, una obra con la mujer “como punto de partida”. “Esto va dedicado a todas las mujeres que luchan día a día por conseguir la libertad”, defendió Joan Santacreu al recoger la estatuilla.

Otra obra que recibió el respaldo de los Premios Max en la gala también cuenta con el universo femenino como protagonista, Solo son mujeres, sobre el papel de las mujeres durante la Guerra Civil. La directora de esta obra, Carme Portaceli, defendió la memoria de “tantas que lucharon por la Libertad y la Democracia en España”.

Carme Portaceli, defendió la memoria de “tantas que lucharon por la Libertad y la Democracia en España”

“Fueron olvidadas y sometidas a la más cruel invisibilidad, pero también hoy en tiempos de luz se las sigue ignorando en libros de texto y exposiciones, mientras en los espacios privados son asesinadas diariamente. Estas mujeres de la obra estuvieron siempre dispuestas a luchar por las demás”, matizó.

Alfredo Sanzol, último premiado en autoría teatral gracias a La respiración, ha continuado esta defensa femenina afirmando que “nacer hombre o mujer no es importante, sino nacer una persona lo más empática posible con los seres humanos. En mis textos, he viajado con personajes femeninos con la misma libertad que los masculinos”, recalcó Sanzol.

La lacra de la violencia de género

La presidenta de la Fundación SGAE, Inés París, alertó en su primera entrega de los Premios Max en el cargo que “la situación de los autores es difícil e injusta, pero ser mujer lo complica aún más”, al tiempo que recalcaba que solo un 17,5% de los socios de la SGAE son mujeres.

“Se equivocan los que creen que el paso del tiempo mejorará esta situación injusta. Hay que llevar a cabo sin timidez más acciones que resuelvan esta discriminación y para cambiar con la lacra de la violencia de género hay que cambiar los contenidos del teatro, porque falta el punto de vista de la mitad de la población”.

En esta edición, han habido menos alusiones políticas que en anteriores galas, pero París ha sido una de las más reivindicativas, empezando con una anécdota de los comienzos de los Premios Max. “En la primera ceremonia sucedió lo inesperado, la ministra de Cultura fue abucheada. Esa ministra era Esperanza Aguirre y fue una premonición: si nos hubiera escuchado, igual nos habríamos ahorrado 20 años”, se lamentó.

En su discurso, la presidenta de la Fundación SGAE destacó el “balance agridulce” desde que se iniciaron los Max hace 20 años. “Se construyeron teatros, porque con el ladrillo aquí hay entusiasmo siempre, pero no se planificó una política de audiencias y la administración prefirió mirar para otro lado”.

En su intervención también hubo espacio para la reivindicación del IVA cultural, “el teatro sufrió un descenso importantísimo a partir del 2010 por el IVA, a ver si se dan cuenta porque en el cine va a pasar lo mismo” y para la reivindicación de la labor autoral, “talento no falta, sino estrategia pública”. Además, tuvo un recuerdo para el recientemente fallecido Luis Goytisolo, quien ya denunció que “recortar en educación y cultura es talar el porvenir de la sociedad”.

Ángel Ruiz, al recoger su premio como mejor actor protagonista por Miguel de Molina al desnudo, también levantó la voz para recordar que el teatro “tiene que dar una bofetada a las conciencias”. “Esta historia no es solo sobre el genio de Miguel de Molina, sino sobre todo de los que sufrieron la persecución y el olvido. Espero que la Ley de Memoria Histórica se lleve a cabo”.

El bombardeo de Gernica

Por su parte, Jon Maya, de Oskara, recordó el bombardeo de Guernica que ocurrió hace 80 años y destacó que fue “un bombardeo a todo un país entero y los guernicas ocurren todos los días. Fueron aquellos que supieron levantarse por nuestra lengua para que hoy podamos hacer Oskara. Un pueblo que baila nunca muere”.

Los premios especiales al Grupo Yeses (colectivo teatral de mujeres presidiarias) o el reconocimiento al Festival de Almagro, con su directora, Natalia Menéndez, subiendo al escenario, fueron dos de los momentos más celebrados de la gala, aunque sin duda María Cárdenas, premio revelación por Sindrhomo,  acaparó una de las ovaciones más largas al recordar que su “mayor premio es haber superado dos cáncer”.

Asimismo, tal y como se había anunciado, la ceremonia fue “un explícito y emotivo” homenaje a los creadores en el que, además, no faltaron numerosos espectáculos musicales, de magia, de danza o teatrales alternando entre cada premio de la gala.

Salvador Távora y el ‘teatro serio’

Salvador Távora,  Max de Honor a Salvador, reivindicó su espectáculo Quejio, puesto en marcha hace 45 años para “romper con la imagen de divertimento en Andalucía por encima de todo”. “En un país de tanta riqueza cultural, las nacionalidades tienen que salir al paso de la uniformidad. La cultura es sufrimiento, ingratitud y ganas de libertad”.

Távora, quien ha subido acompañado por la dramaturga Paloma Pedrero, ha insistido en que la “responsabilidad de la cultura es fundamental en todo, de una forma u otra”. “Es una maravilla cuando el teatro trata de comunicar cosas serias. La SGAE está haciendo mucho por mantener el teatro, que tiene que ser cultura y libertad”, concluyó.