Chavela Vargas fue única. Carismática, magnética, arrolladora. Su vida fue lo más parecido a una montaña rusa, con subidas y bajadas extremas, de estar borracha y tirada en el suelo a convertirse en musa de Pedro Almodóvar, “su mujer en la tierra”. De vivir en la indigencia a abarrotar salas como el Carneggie Hall de Nueva York, el Olympia de París o el Bellas Artes de México. Mucho se ha escrito de la dama del poncho rojo, antes y después de su muerte un tórrido 5 de agosto de 2012. Ahora, la Señora de México se convierte en el centro de un documental que lleva su nombre. Dirigido por Daresha Kyi y Catherine Gun, Chavela se estrena este viernes en las salas españolas tras un largo recorrido internacional en festivales, como el de Berlín donde se alzó con el segundo Premio del Público en la sección Panorama Documental.

Catherine Gund conoció a Chavela en México en la época de El hábito, el garito mexicano donde reapareció rehabilitada tras años de ausencia. Seducida por la personalidad que rezumaba aquel alma de tan sólo metro y medio, le pidió permiso para grabarla.  “No sólo se lo concedió, sino que la invitó a su casa para que pudiera grabarla en su territorio, entrevistada por sus amigas. Cath mantuvo ese material oculto más de 20 años. Cuando estrenó Nacida para volar quiso que hiciéramos algún trabajo juntas y me enseñó aquellas imágenes. Yo no sabía quién era, pero sentí que aquella mujer era especial y cuando investigué su vida por internet tuve claro que teníamos que hacer un documental con su historia”. Daresha Kyi cayó bajo el embrujo de Chavela Vargas y así se gestó el documental sobre la vida de la cantante contada por ella misma. Me llamo Chavela Vargas, no lo olviden.

Sentí que aquella mujer era especial y tuve claro que teníamos que hacer un documental con su historia”

“Cuando la conocí, quise que todo el mundo la descubriera, sobre todo porque podía ayudar a quienes se sintieran fuera de la norma”, explica Kyi, responsable de Land Where My Fathers Died.

Arranca el documental desnudando la soledad de aquella niña que nació como Isabel Vargas un 17 de abril de 1919 en Costa Rica. La voz rota de Chavela cantando un tema como ese no es casual. La soledad fue su compañera de viaje más fiel. Se acostumbró a vivir con ella cuando de niña sintió el desamor de unos padres que la escondía por rara. “Cuando te rechaza tu familia, es difícil quererse a uno mismo”, añade la directora. La soledad se convierte en el hilo conductor del documental acompañado por las confesiones de la Chamana al grupo de mujeres que la visitaron con Catherine Gund en 1991. “No queríamos un narrador, queríamos conseguir que, a través de las grabaciones, la propia Chavela contara su vida”.

“Hacer una película de Chavela es reivindicar también el poder de lo femenino, ella estaba orgullosa de ser mujer”, explica Kyi, a pesar de que uno de los rasgos externos más rompedores de su carrera fue su decisión de actuar en pantalones en plenos años 50. “Si te ponías los pantalones por la calle te gritaban, yo me los puse en el escenario y se quedaron callados”.

Chavela

Chavela cantaba de una manera desgarrada, como si hubiera nacido con esa herida de la vida.

Obligada a vivir en un mundo de hombres, fue “la más macha de todos los machos” y “se entequiló tanto o más que ellos”.  Confiesa Eugenia León que verla actuar era todo un acontecimiento. “Rompía los esquemas de las cantantes de rancheras, no portaba esa coquetería clásica de las mexicanas”. Paradójicamente, ella era coqueta a su manera y, aunque nunca dio nombres, siempre presumió de haber amado mucho. “No rechazaba al hombre, tenía sus cuates. De hecho, su relación con José Alfredo Jiménez fue algo espiritual, él la ayudó a elevar su carrera a otro nivel”. José Alfredo amaba a Chavela, decía que cantaba de otra manera, de una manera desgarrada, dolorida, como si hubiera nacido con esa herida de la vida o de la muerte.

La ensoñación del tequila

El mito de Chavela creció, probablemente, gracias a la ensoñación del tequila. Nunca hizo evidente que era homosexual. “Eso se sabe y punto. Mi forma de decirlo era en el escenario”, confiesa Chavela en el documental. “He abierto surcos con mucho dolor”, añade.

¿De verdad tuvo un idilio con Frida Kahlo? ¿Es cierto que se despertó con Ava Gadner? A la primera, Chavela la define como un ser que no era de este mundo. “Sus cejas juntas eran una golondrina alzando el vuelo. Presentí que podía amar a ese ser. Ella un día me dijo: no te puedo atar a mis muletas y a mi cama. Abrí la puerta y me fui”. De la protagonista de Mogambo sólo confiesa que tras una noche de juerga en el Acapulco de las estrellas de Hollywood “todo el mundo amaneció con todo el mundo y yo amanecí con Ava Gadner”.

Tras una noche de juerga, todo el mundo amaneció con todo el mundo y yo amanecí con Ava Gadner”

“Con Chavela uno nunca sabe, porque no controlaba las fechas. Un día podía decirte que estuvo con Frida cinco años, otro cinco días. Chavela se identificó con ella, porque Frida amó a quien quiso y como quiso, fue una rebelde con una voz artística muy fuerte, también llena de sufrimiento”, opina la directora.

Anécdota tras anécdota, el documental de Chavela se hubiera quedado en uno de tantos, esos que compran y montan imágenes. Lo que realmente aporta valor, por novedoso, es la presencia de una de sus amantes, Alicia Elena Pérez Duarte. Ella desvela que su ultimátum, “o la bebida o yo”, fue lo que provocó que abandonara los tragos y el tequila. Nada de chamanes y visiones espirituales. Chavela dejó la bebida por amor.

Chavela

Chavela Vargas era coqueta a su manera.

Doce años estuvo lejos de los escenarios, muchos la creyeron muerta. Manuel Arroyo la rescató en El hábito. Él es el gran ausente de esta historia, el responsable de su renacimiento y de su viaje a Madrid, de su aparición en la sala Caracol y de lo que significó Madrid para la Señora. Algo sucedió, la amistad se rompió y el productor musical nunca quiso saber nada más de Chavela. Ni de manera póstuma. “En España comenzó un proceso de autoafirmación. Necesitaba curarse de esas heridas que había arrastrado toda la vida”, explica Kyi sobre un segundo período artístico en el que debutó en el Teatro Olympia de París.

En el Olympia de París cantó en el mismo rincón en el que actuó Edith Piaf”

Para Almodóvar, Chavela fue una mujer que vivió varias vidas y siempre se reencarnó en sí misma. “Cuando debutó en el Olympia de París yo acababa de dejar de fumar, en los camerinos éramos víctimas de nuestros respectivos síndromes de abstinencia. Chavela se lamentaba no poder beberse una botella de tequila y yo de fumarme una cajetilla entera de cigarrillos. La sala estaba llena, había venido todo París. Esa misma mañana habíamos estado probando sonido, vi que Chavela le preguntaba algo a uno de los técnicos, no sé en qué idioma, porque ella no habla francés. La vi después, desplazarse hasta el lugar del escenario que el técnico le había indicado con un gesto. Más tarde, le pregunté que le había preguntado. Chavela me respondió que quería saber dónde se colocó Edith Piaf cuando actuó en esa sala, y a ese lugar se dirigió, allí estuvo todo el concierto. No tengo palabras”.

Chavela echaba de menos Madrid, había prometido volver. “Si Dios me presta la vida, todavía tengo cosas que hacer, pero ya me toca descansar eternamente, lo único que me resta es regresar a Madrid, porque allí dejé aparcada mi alma. Tengo que pasar a recogerla y seguro que lo haré. No sé cuándo exactamente, pero tengo que reencontrarme con mis viejos amigos”. Cumplió su promesa. En la Residencia de Estudiantes de Madrid ofreció su última actuación, allí se despidió de sus amigos. “No me preocupa la muerte, puede ser bellísima”, decía entonces. El 5 de agosto de ese mismo año su corazón dejó de latir en Cuernavaca. ¿Tiene pensado su epitafio? “Una frase náhuatl: Nada quedó de mí en la tierra, nada”.