Hoy no es como antes. Antes, en los años setenta, ser homosexual en España significaba ser un marginado. ¿Cómo atreverse a salir del armario? ¿Cómo enfrentarse a las miradas de rechazo? Se necesitaba mucho valor, tanto para salir del armario y pasar a las filas de los vagos y maleantes, como para tragarse la verdad y vivir la vida de un impostor. Federico Armenteros (1958), en los setenta, decidió escapar de sí mismo e ignorar lo que le decía el cuerpo.

¿Cómo salir del armario? ¿Cómo enfrentarse al rechazo?

Buscó alivio en la vida religiosa y se fue a vivir a Italia. Ahí tampoco encontró paz. Se casó, se mudó a Ferrol y tuvo una hija. Mientras tanto el armario se había convertido en una cárcel. En 1990, después de casi veinte años, se decidió a soltar la máscara que estaba a punto de aplastarle. «Sólo en el 2000, cuando volví a Madrid, quemé del todo el armario para no volver a esconderme nunca jamás», dice Armenteros. Hoy es el presidente de la Fundación 26D, que se ocupa de mayores homosexuales.

El precio de la visibilidad

En 1990, cuando Federico decidió salir del armario, la OMS tachaba la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales. La Transición había borrado el castigo de la ley, la Movida había traído visibilidad y el sida había obligado a la solidaridad. Los gays ya no eran tan invisibles, pero eran todavía «diferentes». El armario seguía siendo el lugar más seguro donde quedarse. Paco Tomás (1967) cree que hay recuerdos que es mejor olvidar. Uno de ellos es el día en que dejó de esconderse. Se asustó tanto de la reacción a la que se tuvo que enfrentar, que decidió dar media vuelta y explicar que se había “confundido”. Hoy es guionista y voz de Radio Nacional de España. Conduce “Wisteria Lane”, el programa de la radio pública dedicado a la población LGBTI.

En los años noventa la marcha del Orgullo provocaba rechazo

Visibilidad. Visibilidad en los noventa era tener pluma. Visibilidad eran las “protestas escandalosas” donde “las manfloritas son orgullosas de ser manfloritas”. La visibilidad era “otro extremo del desprecio que han sufrido estos seres irregulares”. La marcha del Orgullo, poco menos que una payasada de guarros en bañador. Más que apoyos, recaudaba boicots. Visibilidad era ser un blanco fácil para las agresiones. El mundo todavía no estaba dispuesto a dar patente de normalidad a “los otros”. Había pocas profesiones donde un homosexual podía sentirse en su casa. Una de ellos era la moda. Entre pasarelas y ateliers, algunos homosexuales vivían una vida serena. “Quizá mi experiencia no sea muy representativa, pero nunca tuve que esconderme” recuerda Lorenzo Caprile (1967).

Mirando al futuro

En 2005, cuando el presidente Zapatero aprobó el Matrimonio igualitario, Álvaro Carreño (1986) tenía 19 años. “Me pareció  positivo, natural, pero lo viví con una cierta distancia, como si no me afectara directamente. Todavía no me reconocía del todo como homosexual”, recuerda. Hoy tiene treinta años y es profesor de secundaria. “Los chavales son muy curiosos, hacen muchas preguntas. En la medida de lo posible intento contestar. Creo que forma parte de mi responsabilidad como educador no esconderme”, añade.

Hoy los jóvenes no tienen miedo a mostrarse como son

En 2017 los homosexuales ya no tienen que ocultarse: las marcas luchan para subirse a las carrozas del World Pride y los partidos también. Los millennials tienen referentes en las películas, en las empresas, el la cultura, en la política. Una generación entera ha crecido sin tener que luchar. No ha sabido que significa ser un superviviente del sida. No sabe que implica ver a tu pareja morir y ser nada delante de la ley. “Suena a la edad media”, dice Álvaro.

“Hoy los jóvenes salen muy fortalecidos en su identidad y no tienen miedo a mostrarse como son, como pasaba en mi generación” – dice Paco Tomás. Para este periodista, cuando los homosexuales se visibilizan, el sector más retrógrado de la sociedad siente la necesidad de aplacar esta visibilidad. “Las nuevas generaciones son el blanco que sufre más agresiones” – dice – “sólo mirando nuestra historia aprenderán como avanzar para que el pasado de discriminación y odio no vuelva jamás”.