Dejó el instituto a los dieciséis años para actuar en una compañía de teatro que abandonó después de dos años. Empezó a trabajar en un videoclub de Los Angeles y es ahí donde Quentin Jerome Tarantino se hizo director. Miraba qué tipo de películas la gente alquilaba y lo entendió todo. Este 2017 se cumplen 25 años de su primera película, Reservoir Dogs. Desde este primer rodaje Tarantino fue etiquetado como el director más sangriento del celuloide. Con más de quinientos muertos que aparecen en sus películas, ¿es Tarantino el director más violento del cine?

Las estadísticas dicen que no. Un solo largometraje, Braveheart, contiene más del doble de todos sus fallecimientos. En cintas de ciencia ficción como los Guardianes de la Galaxia, Matrix, El Hobbit o Los Vengadores las personas mueren como si fueron hormigas. En este vídeo El Independiente recorre las diferentes maneras con que Tarantino ha escenificado la muerte de sus personajes. A lo largo de su filmografía, la violencia ha crecido exponencialmente con respecto a sus primeras obras. No sólo por el tipo y el número de armas que se emplean, sino también por la crudeza de la puesta en escena.

 

Cuestión de sangre y sentimientos

“Me impactó mucho la violencia de Los odiosos ocho”, declaró el viejo compositor Ennio Morricone en 2015. A sus 87 años acababa así su colaboración en la última película de Tarantino, como si no hubiera existido violencia en las películas para las que compuso sus más de 500 bandas sonoras – la mayoría de ellas para los pistoleros de los Spaghetti Western.

Me siento como un conductor, y los sentimientos son mis instrumentos

La estilización de la violencia en la obra de Tarantino parece no tener rivales en el cine contemporáneo. Nadie sabe mezclar comicidad y violencia en la misma escena como él. Parece conocer perfectamente el comportamiento del espectador y lo convierte en un juego de acercar y apartar la mirada (la cámara) sobre los detalles más repugnantes.

“Me siento como un conductor, y los sentimientos de la audiencia son mis instrumentos” – afirmó en una entrevista de 2010 – “Es como dar ordenes: ‘ríete, ríete y ahora tienes que estar horrorizado’. Cuando veo una película así me lo paso bien. Si a una persona le disparan en el vientre, quiero que sangre como un cerdo. No me interesa un señor con dolores de barriga y un punto rojo a la altura del estómago”. Un tema, lo de la sangre en abundancia, en el que Tarantino nunca quiso ahorrar: sólo en los dos capítulos de Kill Bill llegó a utilizar más de dos mil litros de salsa de tomate.