Nació un año y medio antes de que la II Guerra Mundial cambiara a la humanidad. La contienda que hizo grande a Alemania a los ojos de los nazis y miserable a los del resto del planeta marcó su infancia y juventud. Es la que le convirtió en un adulto con ideas controvertidas en su época y su sociedad y que se empeñó en plasmar a través de la pintura, convertida en el soporte de expresión vital. El joven Georg Baselitz no tardó en matricularse en la escuela de Bellas Artes de Berlín-Weissensee, en la Alemania del Este que tanto le marcaría. Ya entonces dio muestras de que no estaba dispuesto a aceptar el mundo tal y como se lo contaban, se lo edulcoraban.

De aquella escuela fue expulsado por su “inmadurez sociopolítica”, dijeron. En 1957 Baselitz encontró el lugar en el que encauzar su malestar con la sociedad alemana que le rodeaba y que veía algo anestesiada. Formado en la Alemania Occidental viajó a Amsterdam y París para descubrir que debía dedicar su vida a pintar, a contar a través de ella al mundo que el rastro de la guerra permanecía vivo en su Alemania natal cincuenta años después para cuestionar así a quienes parecían querer olvidarlo y cubrirlo divulgando un milagro económico alemán reparador.

El Guggenheim muestra 60 obras de Georg Baselitz, un referente del arte alemán de los años 60

El Museo Guggenheim de Bilbao inaugura mañana una muestra de aquellos primeros años de Georg Baselitz, los mismos que le auparon al reconocimiento del público y consagrarlo como un referente del arte germano. La exposición muestra las series Héroes y Los tipos Nuevos, uno de los ejemplos más valiosos del arte alemán de la década de los 60.

Figuras de gran tamaño, con pies y manos gigantes, pintadas de forma enérgica y con las que Baselitz muestra soldados derrotados, con uniformes desgastados, heridos y siempre vulnerables en una escena de escombros. Son los héroes derrotados de la Alemania que él aún sentía cuando los pintó entre los años 1965 y 1966.

A través de 60 cuadros, dibujos, bocetos y grabados, la pinacoteca bilbaína reúne una de las colecciones más amplias del autor, cuya muestra procede de haber sido expuesta en el Palazzo delle Esposizioni de Roma. En ellas se visualiza el intento de Baselitz por mostrar una “enérgica afirmación de sí mismo” apostando por una identidad propia, a contracorriente de las tendencias y pensamientos de su tiempo. Para él, la posguerra que le tocó vivir fue un recuerdo de destrucción múltiple que ponía en tela de juicio ideologías y sistemas políticos, además de corrientes artísticas. De ahí las características con las que dibuja suss “Héroes”. Cuadros de gran formato, hasta tres metros de alto por dos y medio de ancho, en los que una sola figura, un soldado en la mayoría de los casos ocupa el centro del lienzo con fuerza y vehemencia.

Los ‘héroes’ irónicos de la guerra

La comisaria de la exposición, Eva Mongi-Volmer, ha destacado hoy que en realidad, los hombres que aparecen en sus cuadros representan al autor y su visión “existencial”. Incluso recurrir al término “héroes es de alguna manera algo irónico, él los pinta como antihéroes, soldados fracasados”: “En aquellos años, cuando toda Alemania quería olvidar la II Guerra Mundial él en realdad volvía a rescatarla, a rascar en el pasado porque creía que Alemania no había superado aún su pasado. Por eso la abstracción, que no representaba nada, no le gustaba”.

Soldados derrotados y vulnerables escenifican la visión de la Alemania de Baselitz

En su obra Baselitz pretendía oponer la realidad incómoda que él aun percibía a finales de los 60, sembrada tras años de guerra y de posguerra, y que en la década de los 60 aún definía a la sociedad germana y que creía que la épica narrativa del milagro económico de la República Federal Alemana no podía evitar. Los héroes de Baselitz poco o nada tiene que ver con los que describía la propaganda y la retórica bélica. En sus cuadros con colores intensos, líneas y figuras vigorosas, muestra en realidad a hombres frágiles, en situación precaria e inconsistentes, derrotados por la guerra.

Pero junto a la visión pesimista, el autor alemán, a punto de cumplir los 80 años, también abre la puerta a la esperanza en una verdadera recomposición de la sociedad. La refleja en sus cuadros con pequeños detalles que le remontan en muchos casos a la tierra, a su infancia en un entorno rural. Entre el gigantismo de sus cuadros, de sus héroes, pequeños detalles como una carreterilla o un jirón de naturaleza aspiran a mostrar la esperanza en una “semilla para una cosecha futura”.