Ha sido objeto de culto, de polémica, una referencia absoluta en el mundo de la cultura e incluso conocida por una línea provocadora a la hora de expresar sus ideas políticas. La revista Rolling Stone se creó como un medio de la contracultura hippie, un soporte que aglutinaba a los mejores de la música, sobre todo, y al principio, del rock, y que además derivó algunas de sus páginas a entrevistas, reportajes y artículos que removían, y remueven, conciencias e ideologías.

Este año la revista celebra su 50 aniversario y lo hace entre la alegría de saberse grande y la tristeza de vivir en el mundo editorial. El hombre que la fundó, y que sigue a los pies del cañón, John Wenner, ha anunciado que pone a la venta su participación, un 51% de la compañía, y que lo hace porque ya no es capaz de levantar las cuentas. La historia de la revista es su historia. La de un joven de veintipocos que estando en la universidad encontró en la información cultural una bandera y un negocio.

John Wenner era un estudiante de la Universidad de Berkeley. Fue en el curso de 1967 cuando él y Ralph J. Gleason, crítico musical, decidieron montar en San Francisco una publicación que incluyese lo que echaban de menos en las revistas tradicionales. Durante sus primeros años se centraron en la música y se convirtieron en un auténtico referente. Sus portadas comenzaron a ser casi objetos de coleccionista, contaban con los mejores fotógrafos y elegían a sus protagonistas con la cautela del que sabe que tiene una función importante entre las manos.

Sus portadas adquirieron tanta importancia que hasta fueron las protagonistas de una canción. Dr. Hook & the Medicine show y su Cover of the Rolling Stone, producida por Ron Haffkine y lanzada en 1972, hablaba del mundo de la música y sobre todo lo critica. Aseguraban que aunque habían entrado en el rock&roll con fuerza, y mantenían el músculo, no asumían las características necesarias para una portada de la Rolling. Le otorgaron aún más importancia y eso que sólo habían pasado cinco años desde su lanzamiento.

Portada Rolling Stone.

No fue Dr. Hook, o sí, pero un año más tarde y en forma de caricatura. Pero sí que fueron, y son, Madonna, Red Hot Chilli Peppers, Guns&Roses, Paul McCartney, los emblemáticos Yoko Ono y John Lennon abrazados, Britney Spears en su época estelar. Todos querían entrar a forma parte de esa lista de privilegiados. Además, las fotografías están tomadas por los grandes. Annie Leibovitz, Mark Seliger, Charles Gatewood o David LaChapelle. Pero no sólo de artistas iba la cosa. Aunque durante sus primeros años la política quedó en un segundo plano, fue en esta misma década, en los 70, cuando empezaron a pegarle fuerte.

Hunter S. Thompson y su periodismo gonzo, acompañado de fotografías de algunos de los mencionados anteriormente, le dieron el toque experimental y el éxito fue absoluto. Si ahora repasamos sus portadas más polémicas, con o sin Thompson como escritor, nos encontramos desde Charles Manson, pasando por Barack Obama, el Papa o Justin Trudeau, hasta al autor del atentado de Boston; portada que le ha valido más críticas negativas que halagadoras.

El público no entendió por qué le daban protagonismo a un terrorista y las redes sociales explotaron pidiendo que la portada fuese dedicada a alguna de las víctimas. La publicación se defendió alegando que el tema de portada entraba dentro de las tradiciones del periodismo y “del compromiso de largo alcance de la revista Rolling Stone de una cobertura seria y reflexiva de las cuestiones políticas y culturales de actualidad más importantes del mundo”.

Portada Rolling Stone.

No funcionó. Pero continuaron con su línea y esa no fue su única polémica. La portada de Charles Manson años antes tampoco consiguió la aceptación que esperaban, aunque su verdadero tropiezo data de 2014. Y es, quizá, el que le ha llevado a esta situación.

Fue en diciembre de ese año cuando la revista publicaba el reportaje Una violación en el campus, en el que se explicaba la supuesta violación de una chica a manos de miembros de una fraternidad estudiantil de la Universidad de Virginia.

El texto sólo contaba con la versión de la víctima, pero había sido revisado y aprobado por el editor jefe de la publicación, Will Dana. En su versión en internet, el reportaje llegó a conseguir 2,7 millones de lectores y su repercusión fue internacional.

Pero resultó que la historia era falsa y la reputación de la revista cayó en picado. Dana dimitió tras 19 años en la revista, los chicos de la fraternidad denunciaron a la Rolling Stone por difamación y ésta fue condenada a pagar 3 millones de euros.

Su economía se vio tremendamente afectada y aunque Wenner aseguró que Dana había sido “uno de los mejores editores con quien jamás he trabajado”, al año siguiente vendió el 49%  a Brandlad Techonologies, una empresa musical surcoreana. Además, ese mismo año la familia Wenner se desprendió de otras dos de sus publicaciones, US Weekly y Men’s Journal, al grupo American Media, especializado en la edición de tabloides.

Ahora, y tras 50 años siendo el dueño de una de las revistas culturales más conocidas, ofrece el 51% restante.  “Hay un cierto nivel de ambición que no podemos alcanzar solos”, afirmó Wenner tras tomar la decisión. Además, en un intento de no desvincularse aseguró que le encantaría seguir dentro de la revista, en el rol editorial. “Pero eso ya dependerá de los nuevos dueños”.