Nueve años sin pisar el escenario del Teatro Real. Por fin, el Ballet Nacional de España (BNE) regresa al coliseo madrileño y lo hace por la puerta grande con Sorolla, un espectáculo que “aúna pintura y danza” que se estrenó en 2013, el año en el que se celebró el 150 aniversario del nacimiento pintor valenciano. Antonio Najarro, director del ballet, descubrió Visión de España, la colección que el encargó la Hispanic Society al pintor en 1911, en la que se refleja la idiosincrasia española, la tradición y la danza de todas las regiones de la península. Fue esa colección la que le inspiró para el homenaje.

Sorolla aterriza en el Teatro Real tal y como fue pensado, “no ha cambiado nada desde su concepción, si acaso se ha asentado, ha cogido peso y tranquilidad”. Para Najarro resulta todo un privilegio poder mostrar Sorolla con la orquesta titular del Teatro Real, los músicos flamencos del BNE, todos bajo la batuta de Manuel Coves.

Se han realizado plisados, estucados y tintes para que los trajes tomaran las tonalidades típicas de Sorolla. Stanislav Belyaevsky

El director del BNE recuerda que el montaje se concibió en plena crisis “cuando era muy difícil asumir y afrontar los gastos que suponía vestir los diferentes números que componen Sorolla, en los cuales llega a haber hasta 40 bailarines”.

Sostiene Najarro que con este recorrido de Sorolla se “repasa la historia de la danza”

Sostiene Najarro que con este recorrido de Sorolla se “repasa la historia de la danza”. Las 400 piezas de vestuario que salen a escena son producto de la de reforma del vestuario propio del BNE. “La riqueza y el mimo del vestuario que exige el folklor de las distintas comunidades se consiguió gracias al trabajo de recuperación en el que se han realizado plisados, estucados y tintes para que los trajes tomaran las tonalidades típicas de Sorolla, a lo que se sumó el trabajo de impresión de los personajes de las obras sobre los trajes de los bailarines”.

Tras seis años como director de la compañía, Najarro se siente muy orgulloso del resultado de su gestión. “Hemos puesto seis producciones en pie, con mucha ilusión y en unos años muy complejos. Hemos vivido los peores momentos económicos que ha tenido el BNE, pero se ha hecho un trabajo exhaustivo con un equipo consolidado que ama lo que hace. Ese ha sido el secreto del éxito”.

Respecto a las asignaturas pendientes de la compañía, el director del BNE ha confesado que que le gustaría tener un “teatro de danza que contara con una programación estable y continua, que permitiera también invitar compañías”. Está convencido de que se conseguirá. “Soy optimista”.

Coincidiendo con el reestreno, el público tendrá la oportunidad de disfrutar de dos exposiciones. Por un lado, Bailando Sorolla, que recoge una selección de imágenes realizadas por el fotógrafo David Palacín, que podrá verse en los salones de la segunda planta del Teatro Real. Por otro, la Residencia de Estudiantes ha organizado la exposición Poetas del cuerpo. La danza de la Edad de Plata, con el objetivo de dar visibilidad a las redes creativas interdisciplinares que surgieron alrededor de la danza en las primeras décadas del siglo XX.