Es el único retrato sin rostro. Un hombre atormentado lo oculta con sus manos sentado en una silla de su estudio. Cuando lo pintó, David Hockney no atravesaba su mejor momento vital. A sus 76 años, el pintor británico hacía más de un año que no creaba, que no se enfrentaba a un lienzo. Sus paisajes, con los que había conformado las últimas exposiciones, habían quedado atrás. Aún convaleciente de un ictus y apesadumbrado por la muerte de un viejo ayudante, Hockney se había propuesto retornar a sus orígenes, a sus retratos, para volver a levantarse. Aquel desesperante primer retrato del director de su estudio, Jean Pierre Gançalves sólo fue el punto de partida del nuevo renacer el viejo artista.

Después llegó el de Bing McGilvray, el de Richard Sassin, el de Douglas Roberts… y así hasta completar una serie de 90 retratos. El desesperado Hockney había recuperado, retrato a retrato, su jovialidad, su espíritu y carácter afable. Cuando firmó el último, el de Earl Simms, el 2 de marzo de 2016, acababa de culminar su ‘instalación’ más ambiciosa compuesta por los retratos de sus amigos, de su familia.

A sus 80 años, Hockney ha anunciado que viajará a Bilbao para contemplar la exposición de sus 82 retratos

Había dedicado dos años y medio para dar forma a su particular álbum vital en el que plasmar lo mejor de sus hermanos, de los hijos de sus amigos, de sus colaboradores, de su masajista, del limpiador de sus coches… Hoy, a sus 80 años, espera impaciente para viajar a Bilbao para poder ver la colección expuesta en las salas del Museo Guggenheim de Bilbao.

Sesiones de tres días

La pinacoteca vasca inaugura mañana la exposición David Hockney: 82 retratos y un bodegón. En orden cronológico, se exhiben la mayor parte de los retratos que pintó entre julio de 2013 y marzo de 2016 en su estudio. A cada uno de ellos dedicó tres días. En alguno incluso sólo dos intensas jornadas. Los hombres y mujeres aparecen sentados sobre una misma silla, un mismo fondo y una misma luz característica de California. Retratos elaborados en acrílico sobre lienzo y en los que el autor intenta reflejar la personalidad de cada uno de ellos.

David Hockney y dos de sus retratos.

David Hockney y dos de sus retratos.

En la larga lista de amigos y familia que reúne la muestra también figura la comisaria de la exposición, Edith Devaney, cuyo retrato –uno de los dos que le hizo- figura junto al de Frank Gehry. Durante la presentación de la muestra, que permanecerá abierta hasta el 25 de febrero de 2018, Devaney ha recordado la relevancia que el retrato ha tenido en la obra y trayectoria de Hockney. Ha apuntado cómo la evolución en el estado anímico del artista se percibe a lo largo de la exposición.

El Museo Guggenheim expuso en 2012 una colección de paisajes de David Hockney

Captar la personalidad del retratado se convierte en una obsesión para Hockney, así como plasmar de modo especial cada detalle, como la posición de las piernas, uno de los elementos que en su opinión mejor trasladan el modo de ser de las personas. La comisaria ha asegurado que Hockney pretende más adelante visitar Bilbao para ver cómo se ha expuesto su trabajo. No será la primera ocasión en la que el Guggenheim de la capital vizcaína exhibe su trabajo. En 2012 Hockney firmó una exposición de paisajes y tras la cual abandonó la pintura y su Yorkshire natal para regresar a Los Ángeles.

La larga lista de retratos se caracteriza por una uniformidad de elementos y tamaños que permiten subrayar aún más los matices en cada uno de los modelos y destacando mejor su personalidad. La inclusión de un bodegón en la exposición, concebida como un todo, responde en realidad a que en una ocasión uno de los amigos citados para ser retratado no pudo asistir y Hockney, desesperado por pintar, decidió retratar una selección de frutas y hortalizas que tenía en su estudio.

Pintar «lo que ve»

La comisaria de la muestra ha relatado en primera persona cómo fue la experiencia de posar ante Hockey para ser retratada. Tras destacar el dinamismo con el que pese a su avanzada edad trabaja, “durante casi siete horas al día y siempre de pie”, Devaney recuerda el trabajo ordenado y minuciosos y la precisión en la colocación del caballete con el lienzo . “Sentada en la silla probé varias postras distintas y me incliné adelante con la cabeza apoyada en la mano, en lo que se me antojó una postura natural y familiar. A Hockney le gustó”.

En una primera fase, para crear cada uno de los retratos Hockney comienza por la fase del dibujo al carboncillo para “fijar la pose”, recuerda Devaney, tras asegurarse que “pinta lo que ve y se asegura de verlo todo” en cada uno de los modelos que retrata. Con una profunda concentración e interactuando entre el modelo y el lienzo, Hockney ha optado en este proceso por el acrílico, pintura que había dejado olvidada hacía veinte años. Asegura siempre que procura pintar lo que realmente él ve pero consciente de que cada persona “ve de modo diferente” ya que sus experiencias vitales condicionan la mirada.

Ahora, el artista trabaja ya en su próximo reto. Lo hace encerrado en su estudio donde se ha propuesto “revisitar temas que ya abordó” para plantear nuevas perspectivas en ellos.