El día que una organización de jóvenes inquietos decidió crear cabalgata de los Reyes Magos para la gente de su barrio seguramente no esperaba el alcance que tendría su iniciativa. No estamos hablando de Orgullo Vallecano, organización que quiere visibilizar al colectivo LGTBI “períferico” en el “Madrid popular, trabajador, mestizo y migrante” en el que se mueven y que estos días ha protagonizado una polémica al organizar una cabalgata con “tres Reinas Magas artistas y comprometidas: Roma Calderón, Dnoé Lamiss y La Prohibida”.

Hablamos de El panerot. “Una sociedad filantrópica de un grupo de jóvenes inquietos que organizaron en el Alcoy del Siglo XIX la primera cabalgata documentada en España para conseguir comida para los niños pobres, obreros y trabajadores de la ciudad”, explica Josep Lluís Santonja, autor de La cabalgata de los Reyes Magos de Alcoy (Editorial Marfil).

Este experto cuenta cómo el origen de la cabalgata de Reyes Magos más antigua documentada en España es “completamente secular y es una fiesta popular más que religiosa, aunque de tradición cristiana”. La organización de la cabalgata partió de la sociedad filantrópica y debido a su éxito se repitió, sólo está documentada su frecuencia anual desde 1885, aunque la primera de Alcoy de la que se tiene registro es de 1866.

El contexto convulso de luchas sociales de la época marca la cabalgata que sirve para dar “una cobertura social, un rayo de esperanza a las familias”, explica Santonja. Este experto apunta a como el ayuntamiento de Alcoy a los pocos años de unió a la “iniciativa regalando vales de comida para las familias. Tal era la situación”.

Cuando El panerot desapareció, las famosas comparsas de Moros y Cristianos de la localidad empezaron a organizar la cabalgata, quedando vinculadas las dos fiestas populares para siempre. De hecho las comparsas de Moros y Cristianos desfilan antes que los Reyes Magos y sus pajes, enfatizando el carácter popular de la cabalgata.

Un origen discutido

Además de Alcoy, ciudades como Granada o Barcelona reclaman para sí la condición de escenario de las primeras cabalgatas de reyes. Según diversas fuentes, ya en 1855 se celebró en la Ciudad Condal el primero de estos festejos, aunque el término “cabalgata” no aparece documentado hasta 1879, cuando el empresario barcelonés Miguel Escuder organiza una cabalgata benéfica con el fin de “entregar el aguinaldo propio del día a los niños de ambos sexos de la casa provincial de Caridad, de Misericordia y de Maternidad y Espósitos”, según detalla Ricardo Márquez en el blog Historias Matritenses.

Poco a poco, estos festejos, organizados generalmente por iniciativas privadas, van ganando prestigio, hasta el punto de que personajes de renombre como el escritor Jacinto Benavente, llegaron a desfilar ataviados como reyes magos.

En Madrid no existe constancia de celebraciones que puedan ser calificadas como cabalgatas, al menos hasta el primer decenio del siglo XX. Sí están documentados, no obstante, ya antes de 1850 una serie de festejos conocidos como “la espera de los Reyes”, en que un grupo de ciudadanos pululan por las calles de la capital, hasta altas horas de la noche, causando gran alboroto mientras esperan la llegada de los Reyes Magos, cargados de monedas de oro y plata para repartir entre los madrileños.
Estos festejos no gozaban de demasiado prestigio entre la opinión pública, especialmente entre la más cercana a la Iglesia católica, que la tacha de irreverente y grotesca, más cercana a las celebraciones de carnaval que a la propia Navidad. Según escribe en 1848 Pascual Madoz, esta fiesta es como “la del entierro de la sardina, impropia de un pueblo culto y de los adelantos del siglo […] escenas propias solo de los tiempos del oscurantismo”.

Una coplilla de la época que recoge Federico Carlos Sainz de Robles resalta el carácter profano de la fiesta: “¡Ya llegan los Santos Reyes! Toma la bota, Damián, que cuanto más vino bebas antes los verás entrar”.

Esta fiesta, dificultada por las autoridades fue perdiendo relevancia hacia finales del siglo XIX y dejando paso en Madrid a las cabalgatas que ya eran costumbre en otras zonas del país. Habrá que esperar, no obstante, hasta 1929 para que, bajo el patrocinio del Heraldo de Madrid y con el respaldo de gran parte de la prensa madrileña, la villa disfrute de su primera cabalgata reseñable.

Los convulsos episodios políticos de los años 30 también dejaron su impronta en estas celebraciones, llegando a verse en los desfiles imágenes de propaganda como retratos del dictador comunista Stalin o del líder del nazismo Joeseph Goebbels, según relata el profesor Jorge Vilches en un artículo en La Razón.

La cabalgata de Madrid

Ya en 1953, con José Escribá de Romaní, conde de Mayalde, al frente del ayuntamiento de Madrid, tiene lugar la primera cabalgata municipal, que contó con un presupuesto de 60.000 pesetas y acaparó una enorme expectación en la prensa de la época. “Ya se fueron los Magos de Oriente, dejando tras de sí, en todos los hogares españoles, una estela de sueños infantiles convertidos en gozosa realidad”, rezaba el ABC del 6 de enero de ese año.

Según explica Regino Mateo del Peral, tomando como referencia a Enrique de Aguinaga, cronista de la Villa de Madrid, estas primeras cabalgatas municipales, que adquiriendo cierta relevancia a partir de 1965, contaron con el apoyo fundamental de Galerias Preciados y El Corte Inglés.

En su evolución, la cabalgata probó con el uso de dromedarios, que sin embargo resultaron difíciles de domar y acabaron cediendo su lugar a los caballos, hasta que en 1971 se dio paso a las carrozas, más espectaculares y visibles para el público. Las innovaciones técnicas han sido una constante a lo largo de los años en esta celebración, que ha visto modificados también en las últimas décadas elementos básicos como su itinerario y los componentes del desfile.

La cabalgata del Día de Reyes es un fenómeno que traspasa las fronteras españolas. Países como Andorra, México, República Checa o Polonia cuentan con sus particulares tradiciones en esta jornada, aunque los orígenes de todas ellas parecen ser posteriores a los de la fiesta española.