Las pinturas de Picasso son una auténtica mierda, pero incluso en la mierda hay gracia, porque él no se puede olvidar que es un grandísimo pintor. Fue un Atila del arte, un artista sobrevalorado que tras su producción consiguió la pintura no volviera a nacer”. Albert Boadella ni se corta, ni se muerde la lengua. No pone en duda que el artista malagueño fuera un genio, un superdotado con una mano de oro y una gracia especial para la pintura y para el arte en general, pero que, con el tiempo, se fue convirtiendo en un producto financiero. “Él era muy consciente de ello”. Tras pasar 52 años al frente de Els Joglars, ocho años siendo  el director artístico de los Teatros del Canal y recientemente elegido presidente de Tabarnia en el exilio, Boadella (Barcelona, 1943) regresa a la que fuera su casa en Madrid con El pintor, una ópera compuesta por Juan J. Colomer, cuyo libreto y dirección recaen sobre el intérprete de El sermón del bufón.

El pintor se presenta como una mirada crítica a la vida y obra del artista malagueño. La obra, cuya producción ha costado casi 400.000 euros, ya ha colgado el cartel de no hay billetes para sus tres funciones (los días 8, 10 y 11 de febrero). “Tengo que hacer un pequeño reproche a esta nueva políticas de entradas. Las tres cuartas partes del público que va a ver la obra ha pagado sólo 9 euros. Esto es un desastre para nuestro oficio y un agravio comparativo con el teatro público. Hay que acostumbrar al público a pagar un precio, el abaratar las entradas no aporta más público y lo único que hace es aumentar la distancia entre el precio real y el que se ve. Esto es más grave que el 21% del IVA”, critica el director.

El abaratar las entradas es más grave que el 21% del IVA»

Protagonizada por Alejandro del Cerro (Picasso), Josep Miquel Ramón (Mefistófeles) y Belén Roig (Fernande Olivier), El pintor arranca a principios del siglo XX, Picasso acaba de aterrizar en el París de las vanguardias, allí conoce a Fernandez Olivier, una de sus tantas musas y pareja sentimental. Arrastrado por los vapores del éter, en uno de sus delirios desvela que “vendería su alma por tener cierta notabilidad y dinero”. Así, se le aparece el diablo que “le ofrece todo eso, le enseñará el camino del oro y de la fama a cambio de sembrar el caos”.  Sostiene Boadella que Picasso consigue todos sus propósitos a costa de la destrucción de la obra. “Con él llegamos a la industrialización del arte, surge una nueva versión de las artes plásticas cuyo ejemplo actual es ese tanatorio, el Museo Nacional Reina Sofía, un ejemplo de esa catástrofe que surge cuando el elemento financiero es lo que cuenta. Por ejemplo, considero que el Gernica fue el primer grafiti. Bien hecho, eso sí. No tiene más valor artístico. Ha sobrevivido por el mito fascista que revolotea a su alrededor, ahí radica su importancia. Pictóricamente deja mucho que desear”.

Boadella confiesa que lo suyo no es la provocación, aunque pueda parecerlo. “Eso son memeces publicitarias. Los artistas no somos gente de consenso, no somos políticos, somos apasionados de nuestro arte. Lo esencial en mi oficio es cuestionar los mitos creados y, al mismo tiempo, fortalecer a los desconocidos. En esta ocasión cuestiono el gran mito de Picasso que considero excesivo”.

Sostiene Boadella que Picasso consigue todos sus propósitos a costa de la destrucción de la obra

Coproducida con el Teatro Real, en esta obra de tres actos hay momentos tratados «con ironía o cierto sentido del humor», aunque «en general es una situación trágica» que cuenta con seis cantantes, 10 bailarines, 40 voces en el coro y 80 músicos de la Orquesta del Teatro Real.

Para Boadella, la ópera es la forma artística más profunda del teatro. “Por un momento dudé entre un musical y la ópera. El musical tiene cierta tendencia ligera que no quería para esta historia, prefería la profundidad de la ópera. Me topé con Juanjo, le interesó tanto el tema que fue una boda perfecta. Además quise recuperar la danza y encontré a Blanca Li que le ha otorgado movimiento a ciertos personajes.

No es la primera vez que Boadella se deja seducir por la vida de un artista. En 1999 dirigió Daaalí, pero confiesa que mantiene una relación muy diferente con ambos artistas. “Dalí es un mito que corresponde a la realidad, un gran pintor y escritor, un soperdotado y un gran crítico de arte. Un genio con el que siento ciertas afinidades. Con Picasso me lo he pasado bien por el tema de la desmitificación del personaje. Son dos formas de emoción muy diferentes”, concluye.