Iba para secretaria de los Almacenes Simeón, por lo menos eso era lo que su padre soñaba para ella, pero vivir en la plaza de Santa Ana, a los pies del Teatro Español y de la Comedia, le cambió la vida. Desde muy pequeña se dejó seducir por la farándula. Veía a los actores por la calle y se imaginaba el futuro siendo una más. Si Marisa Paredes hubiera crecido en otro barrio de Madrid probablemente no estaríamos hablando de ella como la gran diva del cine español. Destinada a tener una existencia como la de tantos, a los 11 años se rebeló frente a su futuro: “Papá quiero ser artista”.

No lo tenía fácil. La hija de Petra y Lucio, una portera y un empleado de cervezas El Águila, lanzó la bomba en su casa y tras echarle un pulso a su padre y una declaración de huelga de hambre ganó la batalla. Adiós a la mecanografía y al secretariado, hola a la interpretación. “Lo tuve claro muy pronto, sabía que la vida podía tener otro color y que la interpretación me iba a dar la posibilidad de escapar de una realidad muy mala. No me equivoqué. Es lo que quería hacer y donde me he sentido feliz”.

Lo que de verdad queda de aquella joven es el amor por una profesión a la que le he entregado mi vida»

Marisa Paredes debutó en el cine con 14 años en Esta noche tampoco, una película de José Osuna; 58 años después, convertida en la gran dama del cine español, le ha llegado el tiempo de los reconocimientos. En la pasada edición de la Seminci recogió la Espiga de Honor y el próximo 3 de febrero la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le entregará su Goya honorífico, un galardón que recibirá, por fin tras, haber sido nominada por La flor de mi secreto (1996) y Cara de acelga (1992). En la primera trabajó con Pedro Almodóvar, en la segunda con Fernando Fernán-Gómez. Dos de los hombres que han marcado su vida, con el permiso de Antonio Isasi, padre de su hija, y Chema Prado, su pareja desde 1983.

Confiesa que de aquella joven que aprendió el oficio casi en marcha, en los platós del inolvidable Estudio 1, le quedan muchas cosas. “Estudio 1 fue una escuela para muchos actores de mi generación. Era una forma de hacer televisión basada en obras maravillosas, autores de un nivel altísimo y con un trabajo realizado con rigor. Si miro para atrás, veo que me he dejado la piel en cada proyecto y lo que de verdad queda de aquella joven es el amor por una profesión a la que le he entregado mi vida”.

Marisa Paredes, en una entrevista en ‘Estudio Abierto’.

A la soñadora, insurrecta y díscola niña Marisa también le hubiera gustado ser bailarina, cantante (incluso cantaora), espía o abogada. “Yo lo que quería era defender causas que necesitaban una defensa importante y que creía justas. Supongo que por eso me decidí por el teatro, porque me permitía ser todo eso al mismo tiempo”.

Marcada por la infancia siempre ha conservado una clara conciencia de clases. Posee una elegancia innata que sostiene es la herencia genética de su abuelo. Marisa Paredes es la SEÑORA (con mayúsculas) del cine español.

Será la sexta mujer que reciba el Goya honorífico. Le han precedido Rafaela Aparicio, Imperio Argentina, Josefina Molina, Concha Velasco y Ana Belén. La actriz lo recogerá en un año señalado por la denuncia de abusos sexual y escándalos en el cine. Alaba el valor y el coraje que han tenido las actrices americanas para denunciar los abusos. “Ya está bien de sentirnos humilladas y explotadas. Es un gran avance para la libertad de las mujeres. ¡Chapeau!”. Considera que la respuesta de las actrices francesa ha sido producto de “un discurso malentendido”.

Sería absurdo que el cine no tuviera en cuenta los pasos que están dando las mujeres»

Se sabe una privilegiada, pocas actrices maduras han tenido la proyección nacional e internacional de la que ella puede presumir. Confiesa que no se ha sentido especialmente maltratada. “He hecho mejores y peores personajes. Las mujeres en este aspecto estamos dando pasos de gigante. Los papeles femeninos están cogiendo peso, es algo que tiene que ver con el desarrollo de la vida. Sería absurdo que el cine no tuviera en cuenta los pasos que están dando las mujeres”.

Si echa la vista atrás, define su trayectoria como un tren continuo. “No tiene un antes y un después. La carrera de una actriz es un camino libre en el que está latente todo lo que has hecho antes y todo aporta algo para los trabajos del futuro». Tiene pendiente el estreno de Petra de Jaime Rosales. «Una de las películas más complejas que he hecho. El cine de Rosales es especial, no la he visto todavía. Cualquier película es siempre un misterio para los actores porque hay fases que no controlamos».

Ha trabajado con los más grandes y se lamenta de no haber podido hacerlo a las órdenes de Buñuel o Berlanga. Ellos no están y quizá por eso se atreva a nombrarlos. Pedro Almodóvar y su Becky del Páramo de Tacones lejanos (1991) le abrieron las puertas al mundo. “Pedro me ha proporcionado un más allá. Mi vida profesional tomó un rumbo internacional, no tengo más que palabras de agradecimiento para él. ¿Qué si me gustaría volver a trabajar con él? Pues claro que sí, como a muchas de las actrices de aquí y de allá. Pedro construye unos personajes femeninos tan rotundos y reales que tienen interés para cualquiera”.

Presume la actriz de una voz de contralto, una voz que sólo posee el 2% de la población femenina, una voz que ha marcado su carrera. “Confieso que no la he cuidado de manera especial. La voz tiene mucho que ver con lo que uno es. Los colores y la calidez representan lo que yo soy, pero es algo heredado. Con el tiempo está más cascada, más cansada y se empieza a apagar”.

Marisa Paredes e Imanol Arias en una escena de ‘La flor de mi secreto’.

No tiene nada claro el discurso que dará al recibir el Goya. “Pienso en él todos los días, tengo cuatro o cinco ideas que son las que desarrollaré. Trataré de no aburrir, de hacerlo simpático y procuraré controlar los nervios. Todo será una sorpresa”.

A punto de cumplir 72 años se sincera y desvela que por la mañanas cuando se mira al espejo no se reconoce. “¡Qué fea eres! Si te vieran así, recién levantada… Es lo que me digo. Muchas veces no quieres ver la imagen que te devuelve el espejo porque la sientes deformada, es una imagen mala o menos mala, pero no es la que ven los demás. En el fondo, soy una persona como las demás, con su dolores y sus inseguridades”, concluye.