Mientras el país dormía, en la otra punta del mundo el ceutí Regino Hernández se abría paso hacia la historia a pura fuerza. Cuando los primeros despertaban, pasadas ya las 7 de la mañana, el carismático ‘rider’ español la sellaba con su tabla y su casco plateado sobre el eléctrico circuito del snowboard cross. Fue tercero, bronce, una gloria vetada durante casi un siglo para cualquiera que fuese español y no se apellidase Fernández Ochoa.

26 años hemos tenido que esperar para asistir a la tercera medalla española en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno. La última, también de bronce, la había ganado Blanca Fernández Ochoa en Albertville’92 después de rozarla durante una década. 20 años antes que ella, su hermano Paquito se había colgado un oro memorable en las laderas de Sapporo. 94 años sin una medalla invernal que no fuera cosa de familia.

Algunos la habían rozado. El snowboard cross, de hecho, no es una disciplina ajena al éxito español en los Juegos Olímpicos. Lucas Eguibar, que partía como principal baza española esta noche, ya fue 7º en Sochi 2014. Y el pionero Jordi Font rozó el metal en Turín hace 12 años: fue cuarto. Como Javier Fernández en Rusia y como Alfonso Portago y Vicente Sartorius, el equipo de bobsleigh del 56.

Eguibar llegaba con opciones y caché. Con una plata Mundial, dos victorias y nueve podios en Copa del Mundo en su palmarés. Con 24 años recién cumplidos: los celebró hace seis días al mismo tiempo que desfilaba como abanderado de la delegación española en PyeongChang. Con un físico portentoso que, como explica su entrenador, le hace coger la línea en la frenética bajada y no perderla por nada del mundo.

Imprevisible deporte, Eguibar se fue al suelo en su primera toma de contacto con el circuito, una bajada de posicionamiento en la que el deportista desciende sin rivales. Y en la carrera de octavos no pudo terminar. El cántabro Laro Herrero también fue último en su serie. Para vengarlos a los dos Regino Hernández, con su poderosa barba como seña de identidad, confirmaba su buena primera bajada cumpliendo el trámite y avanzando a cuartos.

Medalla de superviviente

Hernández (recordemos, ceutí y criado en Málaga), que empezó con la tabla a los cuatro años, en Andorra, por indicación de sus padres, llegaba bien. Sin los flashes de Eguibar, del que ejerce como lugarteniente en las competiciones por equipos, pero en forma. Y ya había declarado que le gustaba deslizarse en la competición como tapado, sin la presión que en las últimas horas se acumuló sobre el donostiarra.

De Regino Hernández había sido el aviso del día anterior: «Voy a luchar por las medallas». Y también la bravuconada: «Antes que afeitarme la barba me corto los cojones». Con esa seguridad bajó en cuartos y en semifinales, donde ganó su serie dominándola de principio a fin, mientras todos sus rivales sin excepción se perdían en montoneras y se iban al suelo por detrás de él.

En la final cogió desde el primer momento puesto de podio a la estela del dominador Pierre Vaultier. Y mientras trazaba seguro, esperó como en las semifinales a que sus rivales se eliminaran ellos solos. A mitad de bajada ya sólo quedaban tres en pie, y el resto del descenso fue una batalla con el freno de mano echado para evitar errores que frustraran el ya seguro metal.

Regino Hernández subió al podio feliz, con la barba desaliñada, efectivamente sin cortar. Con todo aparentemente en su sitio. Y se acordó de mirar al cielo para dedicar el éxito a su mentor, al de Lucas Eguibar y al de todo el snowboard español: Israel Planas, el ex seleccionador fallecido el pasado año, a los 40, de un infarto cerebral.