Es una artista del aire, del espacio y de la perspectiva. Para ello emplea pocos elementos y siempre de escaso valor. Apenas unos hilos, plumas, hierros rescatados de una chatarrería o cables que estaban abocados al reciclaje. Entre ellos uno aparece con frecuencia a lo largo de su trayectoria: las sillas. Fascinada por su capacidad de seguir reinventándose, siglo tras siglo, la silla es el elemento con el que muchos identifican sus performances. En ellas el único elemento vital se convierte en el origen y destino de todo, el espectador. Es él el que convierte en vivas sus obras estáticas, el que la transforma desde su perspectiva en una u otra cosa y el que las perpetuará sólo en su mente para desaparecer poco después. El arte efímero de Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) se expone hasta el próximo 10 de junio en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Son once instalaciones, la mayor parte de ellas expuestas y hechas realidad por primera vez partiendo de viejas maquetas y dibujos de la autora. A sus 81 años, Ferrer continúa fascinada por el espacio y la perspectiva. Se define como una dibujante “en el aire” y una autora capaz de dar vida nueva a elementos sencillos y cotidianos. Así lo ha hecho desde finales de los 60 la que es sin duda un referente en el arte performativo en España y que ha sido reconocida con prestigiosos premios como el nacional de Artes Plásticas en 2008, el premio Velázquez de Artes Plásticas o ser designada representante de España en la Bienal de Venecia de 1999.

Ferrer, uno de los referentes del arte performativo muestra pro primera vez una decena de obras hasta ahora sólo en maqueta o papel

La exposición que el Guggenheim Bilbao exhibe desde hoy no es una retrospectiva. No nace al menos con esa pretensión, según ha reconocido la comisaria de la muestra Petra Joos. Ha subrayado el valor por novedoso que supone el elenco de obras que se pueden ver en la exposición y que resumen en gran medida la evolución en el juego de los espacios aéreos que han definido la obra de Ferrer, “ella dibuja en el espacio e invita a descubrir el paisaje que dibuja, los detalles a través de diferentes perspectivas”, ha asegurado Joos durante la presentación.

'Infraction', performance.

‘Infraction’, performance.

Fascinada por las sillas

La propia autora se ha mostrado muy satisfecha por poder ver plasmadas algunas de sus obras que hasta ahora tan sólo había reproducido en maquetas y dibujos, “y algunas de las cuales ha sido muy complicado reproducir a gran escala, por las limitaciones que conlleva y que no existen cuando yo pinto”. Ferrer ha destacado la fascinación que en ella continúan provocando las sillas. Es precisamente una de las obras con una silla –‘Sillas suspendidas’- la que se convierte en imagen de la muestra “Esther Ferrer, espacio entrelazados”. “Las sillas siempre me han interesado. Son objetos cotidianos, anodinos, pero que con su sola presencia pueden modificar el espacio de una habitación. Asegura que su cualidad de elemento “antropomórfico, no sé si algún animal se sienta”, así como su estructura y su capacidad para seguir produciendo modelos nuevos “es algo que me fascina”.

Ha recordado cómo una noche, de madrugada, allá por los años 70, observó una vieja silla junto a un contenedor destinada a ser destruida. “Me senté y terminé por llevármela a casa. Allí le puse un cartel que decía: ‘Siéntate en la silla y espera hasta que la muerte os separe”. Fue la primera de las performances con sillas que jalonan su obra.

La silla, con su sola presencia puede modificar el espacio de una habitación. Me fascina, es un elemento antropomórfico»

Ferrer fue una de las máximas representantes del llamado grupo Zaj, junto a Walter Marchetti, Ramón Barce y Juan Hidalgo un movimiento que apostó por el “arte de acción”. Posteriormente trabajó la expresión plástica a través de la fotografía, las instalaciones, cuadros y dibujos. Su obra se inscribe dentro de la corriente de arte minimalista y conceptual iniciada en la década de los 60.

'Las risas del mundo', instalación.

Las risas del mundo‘, instalación.

‘Las risas del mundo’

Entre las obras más llamativas de la exposición que inaugura el Guggenheim figura Las risas del mundo. El humor es un elemento muy presente en sus trabajos. Su mirada de marcado carácter crítico ha recurrido al humor y la ironía con frecuencia. En esta instalación utiliza las risas y carcajadas como “sonido orgánico, natural y efímero” para transformarlo en un objetivo artístico. Decenas de tablets suspendidos en el aire sobre un gran mapamundi reproducen risas de hombres y mujeres de todo el mundo, cada uno con su modo de reír. Personas de distinta procedencia, edad y género para conformar un “concierto de la risa”.

Además, la exposición incluye dos obras con sillas, la primera de ellas data de 1984, Instalaciones con sillas, y la otra corresponde a la serie Sillas suspendidas. Ambos proyectos se materializan por primera vez.

En las once obras que se exhiben figuran varias que corresponden a proyectos en dibujos o maquetas que se remontan a 1990 y que alcanzan hasta el año 2006 y que la artista diseñó mediante estructuras de cartón. “Nunca he tenido especial interés en llevar a cabo mis proyectos en un espacio físico a gran escala; si la maqueta funciona, para mí la obra está hecha. Si no puedo realizarla en un espacio real no pasa nada. Lo que me interesa es el proceso”. Un proceso que en el caso de las obras “espaciales” se basa en fijar hilos en los planos de sus maquetas, midiendo distancias entre distintos puntos a fin de que al colocarlos parezcan líneas que atraviesan el espacio siguiendo esquemas geométricos.