Director de mirada noble, sincera y honrada. Robert Guédiguian lleva toda la vida tomándole el pulso al presente a través de unos personajes que hablan por su boca, a los que la mayoría de las veces ubica en Marsella y sus alrededores. El director francés estrena La casa junto al mar, un drama en el que vuelca sus preocupaciones sobre la familia, los valores y la situación de los refugiados en Europa.

«Vivimos en un solo mundo y por lo tanto la cuestión de los refugiados no debería plantearse, deberían vivir donde quisieran». Así de tajante se muestra el director de películas como Marius y Jeanette o Las nieves del Kilimanjaro durante una entrevista concedida a Europa Press.

La cinta se desarrolla en una pequeña cala cerca de Marsella. Angèle, Joseph y Armand regresan a la casa que construyó su padre, un lugar en el descubrirán qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor. Sin embargo, la llegada de una patera a una cala vecina hará que sus reflexiones adopten otro rumbo.

Robert Guédiguian sostiene que La casa junto al mar es una película política que «funciona como una parábola» porque es su punto de vista en cuanto a la actitud que debería tener la sociedad actual. «Hay toneladas de amor que se cuelan en la película, pero al final hay un mensaje político y un punto de vista muy concreto».

Respecto al mayor fracaso de Europa en la política de refugiados, Guédiguian hace referencia a la esencia del continente, en la que «no hay un solo discurso que hable de los valores comunes ni nadie los ha definido nunca».

La casa junto al mar es una película política que «funciona como una parábola»

«Si en una carta magna se hubiera citado desde el principio que el derecho de asilo era prescriptivo, los húngaros, los eslovacos y los polacos estarían obligados a acoger refugiados hoy en día. Si no, se les excluiría de Europa», recalca. En este sentido, para Guédiguian el mayor «fracaso de Europa es no saber lo que es porque la existencia de un euro común no es un valor, no hace una sociedad ni tampoco civiliza el mundo y, sin embargo, es lo único que los ciudadanos tienen en común».

Nostalgia y pasado

Guédiguian cree que para hablar del presente es «esencial hacerlo desde la nostalgia», porque gracias a ella se puede explicar el presente. A su juicio, ese ejercicio conlleva «analizar la época precedente y mirar lo que funcionaba mejor». Considera que es obligatorio trabajar con el pasado. «Es la relación que tenemos con la historia en general, y no se puede hacer política sin referirte a la historia».

Para hablar del presente es «esencial hacerlo desde la nostalgia»

La actriz Ariane Ascaride, protagonista del filme, interpreta a una mujer que ha dedicado su vida al cine y al teatro que «ha sabido protegerse construyendo un corsé de sal para que la realidad no la toque», según ha explicado. Además, el hecho de ser actriz «le permite salir de la realidad, interpretando a otras mujeres diferentes de ella».

Para el personaje que interpreta, volver a casa «es algo terrible y doloroso», porque rememora una tragedia que la alejó de su pueblo natal. «Poco a poco la confrontación con sus hermanos va a ayudarla a respirar de nuevo. Es muy importante que se tenga en cuenta el lugar de la niñez: te guste o no, ese lugar te devuelve una época de dulzura, de aprendizaje», concluye.