En 1936 se publicó por primera vez  500 autorretratos: desde la Antigüedad hasta nuestros días (Phaidon). Un antología, por entonces muy novedosa, que se lanzó en alemán ya que Phaidon Press tenía su sede en Viena. El encargado de elegir las 500 piezas que componían el catálogo fue Ludwig Goldscheider, uno de los fundadores de la editorial especializada en arte.

En el año 2000 el volumen se actualizó para que este recorrido por la visión que los artistas tenían de sí mismos se actualizara con 100 ejemplos nuevos de obras del siglo XX. Ahora Phaidon ha hecho hueco, otra vez, a 81 obras nuevas en 500 autorretratos, sólo han pasado 18 años desde la última edición, pero con el nuevo siglo han llegado artistas que han «conducido el autorretrato hacia direcciones insospechadas», además, la proliferación de los teléfonos móviles ha proporcionado un peso único y específico al autorretrato. La omnipresencia el selfie es un aspecto muy destacable de la fotografía contemporánea, no sólo artística sino, también, social y hasta psicológica, por su protagonismo en la construcción del yo.

Liz Rideal, autora de esta edición junto a Julian Bell, experta en arte que ha trabajado más tres décadas en la National Portrait Gallery, explica en la presentación de esta edición como los autorretratos «fusionan la presencia del artista que documentan y la esencia del yo creador, patente en el medio que eligen: una síntesis del estilo característicos».

Durero, Rembrandt, Goya, El Greco, Picasso, Marina Abramović, David Hockney, Francesca Woodman o Cindy Sherman son algunos de los artistas presentes en esta antología que recoge el desafío artístico de interpretar y recrear la propia imagen de los artistas, un reto al que se han enfrentado creadores de todos los tiempos. El autorretrato, un género intemporal, fue reconocido como tal durante el Renacimiento, pero este estilo artístico se remonta a tiempos en los que los herreros y los tallistas de altares se retrataban a sí mismos en secreto.

Excelencias y perfecciones, episodio 1, performace en Instagram de Amalia Ulman, 2014.

Excelencias y perfecciones, episodio 1, performace en Instagram de Amalia Ulman, 2014.

Entre las artistas contemporáneas la que mejor sintetiza el momento del boom del selfie es la artista argentina Amalia Ulman quien, entre abril y septiembre de 2014, se presentó a sí misma como una it girl en Instagram y creó una performance en tres capítulos en la que explora cómo las mujeres se retratan en las redes sociales. La artista fue seguida por miles de usuarios como una instagramer más.

La foto del yo

El fotomatón «sigue siendo el origen de las fotografías de pasaporte, de ahí que ocupen un papel privilegiado en la documentación de nuestra identidad. Las tiras fotográficas equivalen a una imagen oficial», señala Rideal. Esta experta destaca además su carácter mundano y abierto a la fantasía. «Andy Warhol quedaba con sus clientes en el centro de Nueva York, con los bolsillos llenos de monedas, y les invitaban a posar [en el fotomatón]».

Muchos artistas han pasado por los fotomatones para experimentar, como Andre Bretón en 1929 o más recientemente Juan Pablo Echeverri o Tomoko Sawada. Probablemente con intenciones diferentes. Como señala Rideal en su ensayo, en un mundo en el que los móviles son omnipresentes los fotomatones «proporcionan un territorio semiprivado en el que nuestros rasgos se fijan tras una misteriosa cortina; puede que la idea de posar para un retrato siga presente en la psique colectiva y que este hecho, unido a la prueba tangible resultante (las fotos), siga siendo atractivo para los modelos».