Pedro Pablo Rubens (Siegen, 1577 – Amberes, 1640) fue reclamado por reyes, pintor por excelencia de una época de cambio de tendencias. Fue rico, incluso, contando con uno de los talleres más grandes de aquel momento. Y fue uno de los primeros pintores de bocetos. Los realizó al óleo en un momento en el que los pintores utilizaban meros dibujos como base de sus grandes obras. Usó un soporte más duradero que el papel, la mayoría sobre tabla. Cuidó y se centró mucho en ellos, generando piezas que nada tenían que envidiar a obras ya acabadas.

Su importancia es tal que ahora el Museo de Prado, en colaboración con el Museo Boijmans Van Beuningen, centra una de sus grandes exposiciones en los bocetos del pintor de Amberes. Lo hace contando con 73 de los 500 que realizó el propio Rubens y que enseñan al visitante como fue uno de los primeros en hacer de está herramienta un arte. Rubens. Pintor de bocetos, que se podrá visitar hasta el 5 de agosto de este año, es una muestra «que traspasa al propio Rubens y que supone un punto de no retorno por todo lo que contiene», tal y como indica Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del museo y uno de los comisarios de esta exposición.



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«Estamos en el principio de la historia del boceto, antes se habían realizado muy pocos y los pintores tendían a guiarse por dibujos no por pinturas al óleo. Artistas como Polidoro da Caravaggio, Beccafumi, Federico Barocci, Tintoretto o Veronés fueron los primeros que utilizaron bocetos pintados al óleo como herramientas para probar sus ideas a la hora de pintar un cuadro pero sólo en contadas ocasiones», explica Vergara y añade que «Rubens da los primeros pasos para entender esto como una de las muchas maneras de crear una obra de arte: de hecho, va a sorprender al ver obras que no se piensa que puedan ser bocetos».

Muchos de sus clientes querían quedarse con ellos pero Rubens prefería conservarlos»

El pintor favorito del rey Felipe IV de España los utilizaba para preparar ideas sobre nuevas composiciones, para mostrárselos a sus clientes o para guiar a sus colaboradores. Sería la segunda de sus funciones la que dotaría de importancia a los bocetos. «Muchos de sus clientes querían quedarse con ellos pero Rubens prefería conservarlos». Es el caso de La iglesia de los Jesuitas de los Amberes, que le pidió quedarse con los que había realizado para una obra que le habían encargado, pero el autor prefirió darles otro cuadro además del encargo antes que esos dibujos previos.

Exposición de Rubens en el Museo del Prado.

Exposición de Rubens en el Museo del Prado.

Sería para el techo de esa iglesia para la que dibujó cinco pequeños bocetos que se pueden ver en esta muestra, patrocinada por la Fundación AXA y con la colaboración del Gobierno de Flandes, además de la Serie de la Eucaristía conservada por el Prado o  la Serie de Aquiles. «Para entender estos bocetos también hemos incluido alguna obra que los contextualiza», asegura Vergara. En total, unas noventa piezas componen una exposición que ha necesitado de instituciones como el Thyssen-Bornemisza, la Art Gallery de ONtario o la National Gallery para quedar completa.

«Incluimos decenas de dibujos, estampas y pinturas del propio Rubens, como La coronación de la Virgen, Hombre de rodillas, Hércules o El entierro de Cristo; que dan contexto a los bocetos». Incluso la Biblioteca Nacional de España le ha prestado al Prado para esta ocasiones un libro con grabados basados en bocetos de Rubens, de 1641.