Beti Jai

Aspecto de la fachada interior del frontón Beti Jai de Madrid G. M. PIANTADOSI

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El frontón Beti Jai recupera su esplendor

Así recupera su brillo el emblemático frontón urbano de Madrid, único en el mundo, que cerró sus puertas en 1919.

Le llaman la Capilla Sixtina de la pelota, porque es único en el mundo. El Beti Jai es el frontón urbano más antiguo que conserva su estructura originaria. El templo de la pelota. El único de sus características que se mantiene en pie y se alza como una fortaleza. Resiste contra viento y marea en el corazón de Chamberí, 127 años después de su flamante inauguración. Testigo mudo del paso del tiempo, el Beti Jai es un reducto del esplendor, la guerra, la postguerra y, más tarde, del abandono. Tiempos de gloria que dieron paso a otros más oscuros.

El  Beti Jai ha sobrevivido a décadas de desamparo y dejadez hasta que por fin fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC), el Ayuntamiento decidió entonces actuar y puso encima de la mesa 30,8 millones de euros para expropiar el edificio, propiedad de la empresa Tercosul Gestión.

Ferrovial inició las obras de restauración de sus elementos originales y la recuperación de otros eliminados por paso del tiempo

En 2015 Ferrovial inició las obras de restauración de sus elementos originales y la recuperación de otros eliminados por paso del tiempo y la dejadez. Tres años después, 2.800.000 euros de presupuesto y muchas horas de estudio y de trabajo han conseguido que el Beti Jai recupere el brillo que le otorgó su creador el arquitecto Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo (1844-1919).


Vídeo: G. M. Piantadosi

“Lo hemos ido haciendo poco a poco, ha habido mucha presión mediática pero lo han sabido controlar y nos han dado el tiempo necesario para realizar las obras”, explica  Mari Luz Sánchez, arquitecta del Ayuntamiento de Madrid que confiesa en su momento no sabía de la existencia del Beti Jai. Cuando se acercó por primera vez se encontró una especia selva amazónica. “No sabía si me había tocado el gordo de la lotería o aquello era un castigo”.

Ahora tiene claro que fue una lotería. Orgullosa se pasea por los rincones del frontón para desvelar el resultado de un trabajo concienzudo y exahustivo. “Ha sido lo más parecido a una investigación detectivesca. Recopilamos todo el material de la época que pudimos, un trabajo de documentación en el que Laura Soler, jefa de obra, y todos los compañeros han hecho un esfuerzo tremendo”.

“Analizamos la información que nos pasó la Plataforma Salvemos el Frontón Beti Jai, buscamos documentación fotográfica en la Biblioteca Nacional, en hemerotecas, en los archivos de la Villa, en el Conde Duque, en el Colegio de Arquitectos, incluso en el archivo del Palacio Real, porque una de las influencias de traer la pelota vasca a Madrid era la familia real que, por entonces, veraneaba en San Sebastián”, explica la arquitecta.

El Beti Jai fue un encargo de la Sociedad Arana, Unibaso y Cia al arquitecto Joaquín de Rucoba y Octavio de Toledo (1844-1919). En el siglo XIX la sociedad madrileña era muy aficionada a la pelota vasca y los Arana decidieron construir un frontón en el solar de la Avenida de la Virgen de las Azucenas (hoy Marqués del Riscal). El nuevo templo del deporte vasco se inauguró el 29 de abril de 1894 y estuvo en funcionamiento como frontón hasta 1919.

La revista El Pelotari describía con todo detalle el magnífico edificio creado por Rucoba. “Fachadas de estilo mudéjar en un edificio airoso, artístico y elegante y una cancha mayor que en otros frontones, lo cual garantiza la seguridad del espectador”.

Tiempos de olvido

De instalación deportiva mudó a comisaría, cárcel y taller de coches, y algo más que se quedarán en el tintero. “Hubo una época en la que en el frontón ensayaba la coral de la Falange”, matiza la arquitecta. En 1989 cerró definitivamente. Se convirtió en albergue de almas sin hogar, en refugio contra el frío para los sintecho de la capital. Su deterioro progresivo fue proporcional a los intentos de especular con un terreno de casi 4.000 metros cuadrados situado en el corazón del castizo barrio de Chamberí. Años de dejadez que llegan a su fin.

De instalación deportiva mudó a comisaría, cárcel y taller de coches, incluso albergó los ensayos de la coral de la Falange

Esta primera intervención ha tenido como objetivo recuperar los elementos originales del edificio respetando su estructura. “Hemos recuperado la fachada tal y como la pensó en arquitecto. Joaquín Rucoba era de Laredo, estudió en Madrid, fue el primero de su promoción. Al terminar la carrera se trasladó a Málaga como arquitecto municipal, la plaza de toros de Málaga, el mercado de Atarazanas y el parque de Málaga son obras suyas. Allí bebió cierta inspiración árabe y en el Beti Jai resulta muy evidente”, explica la arquitecta.

Además de la fachada, se han reforzado los cimientos y cada una de las plantas de las gradas. “La primera vez que entramos nos sentimos como en una película de Indiana Jones. Había tres árboles creciendo entre el graderío, muchísimas plantas y la construcción estaba prácticamente en ruinas”.

Lo que peor ha soportado el paso del tiempo ha sido la cubierta. Las planchas de zinc que estaban encima se habían movido y la entrada de agua había podrido toda la madera. “Lo que nos preocupaba es que esa cubierta cayera y arrastrara algunas de las columnas de fundición sin poder controlar el daño. El problema principal era que el muro que se apoyaba en una carrera de madera empotrada en el forjado estaba completamente inestable. Lo primero que hicimos fue desmontar la cubierta y dejar la planta protegida con plásticos anclados. Así ha estado durante toda la obra, porque la hemos ido ejecutando de abajo a arriba y lo último que se ha reconstruido ha sido la cubierta.

Preocupación por la cubierta

Fernando Larumbe, portavoz de la plataforma Salvemos al Beti Jai, se siente encantado con el resultado de la rehabilitación. “Ahora lo importante es saber a qué van a dedicar este espacio y evitar que el edificio sea cubierto en un futuro. Sabemos que ya están haciendo algún tipo de estudio al respecto. Es un edificio protegido y creemos que se debe respetar el diseño original”, recalca.

Sostiene Larumbe que la construcción de una cubierta incumpliría el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997. “El Plan General matiza que se pueden cubrir los patios de manzanas. Para ser considerados como patios deben estar rodeados por tres fachadas, y el Beti-Jai no las tiene. Además, el Plan General permite cubrirlos con la condiciones, de dejar el 25% de la superficie al descubierto para aireación, algo que no tendría sentido en este caso”.

La primera vez que entramos nos sentimos como en una película de Indiana Jones”, dice la arquitecta responsable de la restauración

Al recuperado Beti Jai se le ha asignado “un uso deportivo y cultural” al que se le añadiría una concesión privada para un restaurante o cafetería. No cabe duda de que el frontón tiene muchos novios, muchos grupos han preguntado por él. “Norman Foster se ha interesado, porque tiene aquí lado la Fundación. Puede que el uso educativo haya venido por ahí, porque la fundación podría dar cursos de arquitectura. Sabemos que hay otro grupo de empresarios vascos detrás que tienen cierta relación con Aroca y, por supuesto, está la plataforma Salvemos al Beti Jai que lucha para que se vuelva a recuperar tal como era”.

Aunque renovado, su futuro es incierto. “De momento una vez finalizadas las obras, el frontón tiene aseguradas cientos de visitas”, matiza Mari Luz Sánchez. “Nos han estado apretando para acabar las obras con la intención de empezar con las vistas, incluso querían proyectar una película. No sería descabellado que se les ocurriera organizar el cine de verano aquí”, concluye.


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