Un fraile y una corona,
un duque y un cartelista,
anduvieron en la lista
de la bella Calderona.

Si María Calderón hubiera nacido en el siglo XX no cabe duda de que formaría parte del star system. Pero nació en 1605. La Calderona fue una de las actrices más conocidas del teatro español del siglo XVII, aún así, ha pasado a la posteridad como una casquivana, amante favorita de Felipe IV y madre de don Juan José de Austria.

El óxido del tiempo ha enredado la Historia con la leyenda. Su biografía rezuma encuentros y desencuentros. Actriz, amante controvertida del rey y de otros tantos, madre del bastardo real reconocido más importante, monja y, por último, cabecilla de un grupo de bandoleros en Valencia. Todo podría ser cierto en la vida de la Calderona o parte de un mito romántico. Que cada lector se aferre a la aventura que más le seduzca.

La historia de la Calderona es una crónica sobre el poder, la ambición, el amor y la supervivencia

Poco se sabe de una de las grandes actrices del Siglo de Oro español. Hasta su rostro es un misterio. La Casa Museo Lope de Vega, dentro  del proyecto La pieza invitada, muestra entre sus paredes Alegoría de la vanidad, un cuadro de autor anónimo y datado en el primer tercio del siglo XVII, una obra que remite a la vida teatral y literaria del Madrid del Siglo de Oro a través de la posible identificación de la representada con María Inés Calderón, la Calderona. El cuadro permanecerá en la Casa Museo Lope de Vega hasta el 17 de junio. “No está nada claro. El cuadro es propiedad de Patrimonio, reposa en el Monasterio de las Descalzas y no forma parte de la colección expuesta al público. Se encontró cerca del retrato de don Juan José de Austria y de ahí que los historiadores crean que es la Calderona”, explica Sheila Álvarez, técnica de difusión y actividades de la Casa Museo Lope de Vega.

¿Cómo llegó una niña abandonada en un portal a ser la favorita del rey, en una España en la que ser mujer y bastarda era lo mismo que no ser nada? La historia de la Calderona es una crónica sobre el poder, la ambición, el amor y la supervivencia.

María Inés Calderón apareció abandonada en la casa de Juan Calderón, hombre vinculado al mundo del teatro que la adoptó y le dio su apellido, un apellido que nada tiene que ver con su coetáneo Pedro Calderón de la Barca. Criada en las tablas, en 1627 María debutó en el Corral de la Cruz. El rey, gran aficionado a las fiestas y al teatro, se encontraba ese día entre el público y desde el primer momento quedó hechizado por la belleza de la joven artista.

Felipe IV mantuvo una relación con la Calderona que fue de dominio público.

Por entonces, María estaba casada, además mantenía un romance con el duque de Medina de las Torres. El rey también estaba casado con Isabel de Borbón, su prometida desde los seis años, pero eso no le impidió tener relaciones con mujeres de toda clase y condición. Marido y amante fueron alejados del camino real. Con la vía libre, el monarca mantuvo una turbulenta relación con la Calderona que fue de dominio público, una idilio que encolerizó a la reina.

La gota que colmó el vaso de la paciencia real fue el día que Felipe IV le cedió a su amante el balcón de la Plaza Mayor para presenciar un espectáculo. Indignada, Isabel de Borbón ordenó que expulsaran a la Calderona de la plaza, pero el monarca compensó tamaña humillación otorgando a su amante un lugar exclusivo, un lugar que ha pasado a la historia como el balcón de Marizapalos, “que es como la conocían también en la época, porque era la que mejor interpretaba ese baile en las tablas del teatro”, explica Sheila Álvarez.

Fruto de esa relación extra matrimonial, nació don Juan José de Austria, que fue bautizado el 21 de abril de 1629 como hijo de la tierra, es decir, de padres desconocidos. Obligada a abandonar a su hijo, el pequeño pasó sus primeros años criado por una mujer de origen humilde. Trece años más tarde y gracias a los tejemanejes del valido real, el conde duque de Olivares, el rey lo reconoció como propio, recibió una educación exquisita, sirvió como militar y llegó a ser Virrey de Flandes.

Retrato de Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV y la Calderona.

En la misma época en la que el rey reconocía a su hijo, la Calderona fue forzada a dejar Madrid y enclaustrarse en Valfermoso de las Monjas (Guadalajara). “De ahí la importancia del cuadro La alegoría de la vanidad. Por su disposición, por la cuidada representación de la vestimenta y por los detalles de las joyas que reposan en la mesa bajo la sirvienta, se supone que es el momento en el que la Calderona abandona todo vestigio de vanidad y de riqueza para ingresar como monja en el monasterio”, explica Álvarez.

De ser el retrato de la Calderona, sería uno de los pocos cuadros de actrices de la época»

Siendo Lope de Vega, como fue, un hombre harto aficionado a los amoríos, amoríos que le llevaron incluso a la cárcel, resulta inevitable preguntar si entre la Calderona y el dramaturgo madrileño existió algún tipo de relación. “Para nada, la explicación de que se muestre este cuadro en la Casa Museo Lope de Vega es porque, de ser el retrato de la Calderona, sería uno de los pocos cuadros de actrices de la época. Piensa que con este personaje trabajamos todo el rato desde las diferentes suposiciones. Es lo que contamos en las visitas guiadas”.

La Calderona fue abadesa del monasterio benedictino entre 1643 y 1648. Cuenta la leyenda que huyó del convento de la Alcarria y acabó sus días como bandolera en la sierra que lleva su nombre al norte de Valencia en el camino de Aragón.

  • Casa Museo de Lope de Vega (calle de Cervantes, 11. Madrid). Abierto de martes a domingo, de 10.00 a 18.00 horas. Visitas guiadas cada media hora. Visitas guiadas al cuadro Alegoría de la vanidad, jueves y viernes a las 13.00 horas.