Los hijos de Caetano Veloso no nacemos sabiendo las canciones de Caetano Veloso» decía este jueves Moreno Veloso sobre el escenario nocturno de los Jardins de Vivers de Valencia. Y aun sin tener esa dote innata, Moreno (44), Zeca (25) y Tom (20) los tres Velosos del músico de Bahía (Brasil), hilan, guitarra en mano, los salmos de su progenitor con fe de iluminados, tocados por la mano del Padre.

Caetano ha iniciado junto al antiguo cauce del Turia su gira española, que llevará a Madrid (23 de julio), San Sebastián (26 de julio) y Sant Feliu de Guíxols (28 de julio) su espectáculo Ofertório, que tiene mucho de ritual. Un encuentro paternofilial que torna el escenario en el patio de su casa familiar. Cuatro sillas de madera. Cuatro guitarras. Un teclado. Un plato de loza. Un cuchillo. Dos papeles de lija. Conjura tropicalista entre los silbos de dos generaciones.

Marcado por el minimalismo musical y escénico, este show acústico invoca a los espíritus de sangre en Reconvexo o O Leaozinho. Y sólo se desata en los bailes atávicos de Tom (el «más sofisticado») o de Moreno (de aire guasón y tímido) que demuestran que la canción de autor, si es de Brasil, se tiene que notar en el corazón y en las caderas. A sus 75 años, Caetano no se achanta y saca las suyas a danzar ante la locura colectiva de Vivers que, hacia el final de las dos horas de concierto, no quiere permanecer sentado en las sillas de resina y participa con pies, palmas y voz del ritual. Por su parte, menos bailón, un discreto Zeca, «el único carioca y que baila como un carioca», en palabras de Caetano. Estrena su primera composición: Todo Homem (Todo hombre necesita una madre), un canto intimista, parapetado tras el teclado, en que el mediano de la saga despliega una personalidad diferenciada, haciendo gala de un registro soprano que marca la primera de las distancias con su padre.

La figura de la madre vuelve, más tarde, en dos tandas. La primera, como un homenaje a la abuela, Dona Canô. «No soy un hombre religioso. Pero mis hijos sí», dice Caetano, como quien quisiera irónicamente justificar un canto de misa compuesto para dar voz a su madre, fallecida a los 105 años en 2012. La segunda de las apariciones matriarcales llega con las dos canciones que Caetano compuso para Andrea Gadelha (esposa de 1969 a 1982 y madre de Moreno) y Paula Lavigne (1986-2004, madre de Zeca y Tom).

Un concierto diseñado por los hijos

«Este es un concierto diseñado por mis hijos», decía en Valencia. Y, en verdad, desfilan desde una letra compuesta por Moreno a sus nueve años, hasta los acordes salidos de la madurez musical del hijo, al cumplir los 19. «A veces soy yo quien le pone la letra», aseguraba el padre refiriéndose a los primeros acordes de sus retoños, que abundan en raíces clásicas de la bossa nova en sus más recientes propuestas presentadas en este concierto. Más moderno, si cabe, es Caetano, cuya canción inédita el jueves, Alexandrino (Um, dois, três, quatro(, tira de sampler y se contonea entre el trap y la samba, bailada por su hijo Tom, desatando los gritos e instastoires del reducido público centennial.

Caetano se marcó un lleno entre las palmeras de Vivers y espera hacer lo mismo en su más inminente cita en otro jardín, el Botánico de la Complutense este domingo, en que Madrid descenderá unos cuantos grados hacia el trópico.


  • Madrid. Jardín Botánico Alfonso XIII (UCM). 23 de julio. 22h.
  • San Sebastián. Palacio Kursaal. 26 de julio. 22h.
  • Sant Feliu de Guíxols. Espai Port. 28 de julio. 22h.