Posee una voz celestial, mágica, sobrenatural. Cerrar los ojos y escuchar a Philippe Jaroussky cantando se convierte en una experiencia sublime. No hace falta ser un erudito, cuando este contratenor exhala esculpe las notas entrelazando el vigor masculino y la dulzura femenina. Es la voz de un ángel, aunque puestos a elegir, él confiesa que prefiere “emocionar que impresionar”.

Philippe Jaroussky regresa al Teatro Real acompañado en el escenario por el bajo-barítono Davone Tines y la bailarina Nora Kimball-Mentzos para protagonizar Only the Sound Remains, una ópera compuesta por Kaija Saariaho (Helsinki, 1955).

Ambas obras pivotan entre la renuncia, la pérdida y la relación con lo sobrenatural y lo espiritual»

No se trata de una ópera al uso, Only the Sound Remains es heredera de la esencia del teatro japonés, teatro que surge de los escritos budistas, de aquellos que alimentan la idea de que la luz sólo se halla entre las tinieblas. Only  the Sound Remains rezuma también sabor de la poesía, de la mitología y de las leyendas populares japonesas. La ópera de Saariaho surge, como desvela Joan Matabosch, “de dos historias conectadas. Ambas pivotan entre la renuncia, la pérdida y la relación con lo sobrenatural y lo espiritual. Pululan en el puente que existe entre el universo físico y el espiritual, desvelan la relación de un mortal con un ser del otro lado”.

Always strong y Feather, las dos piezas que forman Only the Sound Remains, se basan en dos clásicos japoneses: Tsunemasa y Hagoromo. En la primera, el espíritu de un joven laudista se presenta ante un tribunal tras haber muerto en extrañas circunstancias. En la segunda, un pescador encuentra una capa de plumas colgada en la rama de un árbol que pertenece a un ángel celestial que la necesita para ascender al cielo. «Durante muchos años la gente ha definido mi voz como la de un ángel y por fin lo soy. Estoy en un punto de mi carrera en el que aún canto repertorio de los castrati, un sonido que no conocemos de verdad, por eso me hace mucha ilusión interpretar un rol creado para mi voz», apunta Philippe Jaroussky.

Dirida por Peter Sellars y bajo la batuta de Ivor Bolton, Only the Sound Remains aúna de manera idílica diferentes formas de arte donde la tecnología cobra un papel fundamental, ya que la voz de los cantantes se procesa para hacer que el público conecte con su propio yo. “Ambas hablan de lo que pasa cuando alguien que amas se va, cuando su cuerpo se va, pero voz continúa hablándonos, eso implica aprender a vivir con las voces de los seres amados. Ambas obras se centran en la pérdida y por eso transpiran emoción”, explica Sellars.

A pesar de que las dos piezas se complementan, juntas son el día y la noche. “La primera es oscura, intensa, fantasmagórica y espiritual, y la segunda es todo luz porque representa el milagro de la nueva vida”, confiesa Sellars.

Es la simplicidad de la belleza y cada espectador recibe de manera diferente esta experiencia»

Para Bolton, uno de los elementos que contribuyen a crear la experiencia multisensorial que supone Only the Sound Remains es el excelente trabajo de Saariaho. «Su música es muy particular, se caracteriza por una combinación anodina de instrumentos, con una perfecta estructura rítmica y un tratamiento electrónico del sonido”.

Davone Tines, Philippe Jaroussky y Nora Kimball-Mentzos en ‘Feather’.

Sostiene Bolton que la tecnología juega un papel muy importante, “puesto que da lugar a infinitas reverberaciones, ecos y vibraciones que contribuyen a crear ilusiones en la mente». Para aumentar esa sensación fantasmagórica han colocado altavoces por todo el auditorio «de forma que el sonido envuelve al público y lo introduce dentro de la representación”.

La dirección artística del responsable de obras como Iolanta y Perséphone, The Indian Queen o Ainadamar se convierte en el hilo conductor de las composiciones de Saariaho. Dos voces, una bailarina, un maravilloso cuarteto, un lienzo y cinco luces transportan al espectador al universo de la compasión, de la piedad y de la delicadeza. “Hemos reducido la puesta en escena para que la música nos lleve a ese espacio. La mezcla es prodigiosa. Es la simplicidad de la belleza y cada espectador recibirá de manera diferente esta experiencia», concluye Sellars.