Han tenido que pasar 30 años para que la Compañía Nacional de Danza (CND) recupere El Cascanueces, uno de los grandes títulos del repertorio de danza. Eso sí, la compañía de José Carlos Martínez retorna al clásico de Chaikovski con una nueva producción que aúna lo consciente y lo inconsciente y que subirá a las tablas del Teatro Real el próximo 3 de noviembre.

La obra contará con la música en directo de la Orquesta Titular del Teatro Real y la participación de los Pequeños Cantores de la ORCAM, todos ellos bajo la batuta de Manuel Coves.

«El Cascanueces representa el trabajo que hemos hecho durante ocho años y la evolución que ha vivido la compañía. Este título tiene algo muy especial, la magia de ser un cuento para niños y adultos», confiesa José Carlos Martínez.

La historia de El Cascanueces arranca en la fiesta de Navidad de la familia Stahlbaum, la pequeña Clara recibe como regalo un precioso cascanueces con forma de soldadito de madera. A partir de media noche, la imaginación de la joven protagonista desata una colorida aventura en la que juguetes, animales y personas recrearán sus anhelos y sus pesadillas.

Basado en el libreto original de Marius Petipa, Martínez ha respetado parte de la coreografía original de esta nueva producción de la CND que sitúa la acción en 1910, en el seno de una familia burguesa, donde la realidad y los sueños de la protagonista se entrecruzan en forma de imágenes inquietantes o fantásticas, siempre a caballo entre dos mundos.

«Hemos transformado el Reino de los Caramelos en el Reino de los Sueños. Eso nos abría la puerta a la imaginación y el árbol de Navidad ya no es un árbol al uso. Son bolas gigantes que en el segundo acto ocupan el espacio y representan a los caramelos. La idea es dejar libre la imaginación del espectador», apunta Martínez.

La obra transporta al espectador a un universo mágico por el que viajar a través de los recuerdos de su propia historia»

En su Cascanueces, José Carlos Martínez dibuja “la estrecha frontera entre el mundo real y el de la fantasía para transportar al espectador a un universo mágico por el que viajar a través de los recuerdos de su propia historia».

Para ello cuenta con la magia de Manu Vera, de la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz, que se mete en la piel de Drosselmeyer, el padrino de Clara, convertido en ilusionista.

«Los artistas han ensayado la técnica de los ilusionistas para conseguir que, en el primer acto, durante tres minutos y medio más o menos, Drosselmeyer pueda hacer juegos de ilusionismo de verdad», desvela Vera.

Se trata de la segunda pieza clásica que estrena la CND después de Don Quijote con una escenografía de Mónica Boromello y el vestuario de Iñaqui Cobos.

Se trata de la segunda pieza clásica que estrena la CND después de Don Quijote

El Cascanueces se estrenó en 1892 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, con coreografía original de Lev Ivanov y libreto de Marius Petipa, basado en la adaptación que Alejandro Dumas hizo de El cascanueces y el rey de los ratones, el cuento de Hoffmann.

Con la intención de acercar el espectáculo a niños y mayores, la CND está realizando una serie de acciones en paralelo al estreno de El Cascanueces. De hecho, varios colegios se han acercado ya a ver los ensayos y se ha organizado un concurso de dibujo para que los niños dibujasen los diferentes personajes de la obra.