El deporte profesional promueve una exigencia irreal, que es lo único que explica que hayamos gritado «por fin» cuando esta mañana Ana Peleteiro ha hecho el -de momento- salto de su vida para proclamarse campeona de Europa de triple. Peleteiro tiene 23 años, pero el mundo del atletismo llevaba esperando lo máximo de ella desde que fue campeona del mundo juvenil hace siete. Su consagración, su éxito, llega mucho antes que su madurez deportiva. El futuro es brillante para ella, tanto como su dorado presente.

Peleteiro es la pionera de una generación de niñas prodigio cargadas con la responsabilidad de devolver el atletismo a las portadas y los telediarios. Todas compiten estos días en los europeos indoor de Glasgow, donde España ha acudido con la selección más joven de su historia y desde luego la más ilusionante de los tiempos recientes. La bala de Husillos, la solvencia de Orlando Ortega, la espontaneidad rural de Mariano García…y ellas. María Vicente, Jael Bestué y Salma Paralluelo, tres promesas en las que por ADN físico y deportivo es imposible no reconocer el fulgor adolescente de la expromesa Peleteiro, ahora estrella internacional.

Tras Peleteiro llegan María Vicente, Jael Bestué o Salma Paralluelo, que no estarán presionadas por la urgencia que sí sacudió a la gallega

Peleteiro se ha comido a sus rivales en la final. Ha competido como siempre pero ha saltado más que nunca. Pese a que llegaba con algunas molestias físicas tras el meeting de Madrid, y pese a que arrancó la final con dos nulos que además tampoco eran largos. En el tercero se fue hasta 14,56, que ya era el mejor salto de su vida. Diez minutos después saltó una burrada: 14,73. Oro automático y una cascada de siglas: récord de España, mejor marca personal, mejor marca europea de la temporada. A niveles de podio olímpico. Dejó en nada la marca personal de la griega Papacristou (14,50) y el salto de la veterana ucraniana Olha Saladukha (14,47), referente de Peleteiro durante toda su carrera.

Gritó «vamos joder», bajó a todos los santos del cielo, saltó todo lo saltable y se abrazó a un hombre con un chándal de Portugal. Iván Pedroso, nueve veces campeón mundial y oro olímpico de salto de longitud. Su entrenador en Guadalajara, donde comparte grupo de trabajo con la venezolana Yulimar Rojas y el portugués -de ahí el chándal- Nélson Évora, otros dos monstruos del triple. Entre ellos se retroalimentan y aprenden alejados del foco, pero bien arropados y patrocinados.

Peleteiro está ahora en la etapa del estrellato pero ha pasado por muchas. Estrella juvenil, consagrada con un precoz Premio Nacional del Deporte y una exigencia surrealista para una adolescente recién llegada a la élite. El milagro del éxito inmediato no se produjo, llegaron algunas lesiones, se sumaron algunas dudas, y la triplista acabó dejando su Galicia natal para instalarse primero en Madrid, después en Portugal y finalmente en Guadalajara. Insospechado campo base para asaltar, ahora sí, el éxito que tenía en las piernas.

María Vicente, durante la prueba de salto de altura del pentatlón.

María Vicente, durante la prueba de salto de altura del pentatlón. EFE

A la sombra de sus éxitos tendrán espacio para crecer la heptatleta María Vicente (17 años), un ciclón hipnótico en la pantalla y una promesa como quizá nunca ha habido en España; la velocista Bestué (18) y la polifacética Paralluelo, que compite en unos europeos senior con 15 años mientras es campeona del mundo de fútbol sub-17. Sigue la estela de la fuenlabreña Aauri Bokesa, que corría el 400 en Juegos Olímpicos mientras los fines de semana jugaba con el Estudiantes en la Liga Femenina de baloncesto.

Todas ellas disfrutarán de lo que no disfrutó Peleteiro con su edad: un entorno atlético que no sea un desierto, que no dependa de un milagro suyo para poder presumir de un metal redentor. Las impulsará la atención pero no las hundirá la urgencia, porque cuando Vicente tenga 23 años, Peleteiro tendrá 29, y España volverá a pegarse a la televisión con el deporte más democrático del mundo.