Miki, representante de España en Eurovisión Tel Aviv 2019.

Miki, representante de España en Eurovisión Tel Aviv 2019. EP

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De la 'Mikimanía' a la invasión gay de Tel Aviv: 24 horas en el epicentro de Eurovisión

Yo, eurovisionescéptica y de paso por Tel Aviv con mis expectativas puestas poco más allá de Jerusalén y las pinturas Banksy sobre el muro que separa Israel de Cisjordania, me he dejado atrapar por el espíritu festivo y colorido de un evento primo hermano del Pride World. Más allá de disquisiciones políticas, desde hace apenas unas horas, con sus matices, me gusta Eurovisión y me gusta Miki.

El representante de España, que ha estado arropado en todo momento por el séquito de su familia -hasta el tío abuelo se ha plantado en el Royal Beach- ha conquistado una de las mayores ciudades del Estado sionista.

Tel Aviv se ha rendido a los encantos de Miki, y el joven catalán se ha convertido en un icono para los eurofans, la mayoría LGTBI. Independientemente del resultado que el triunfito coseche esta noche en la final del festival, la Mikimanía es una realidad. Y no solo entre los seguidores españoles. ‘La Venda’ es una de las canciones coreadas con más energía y decibelios entre los fans de todo el mundo, y los brazos del joven catalán, objeto de deseo sobre el escenario.

Tanto que el físico de Miki ha protagonizado el prime time de la televisión israelí. En la primera gala de semifinales, retransmitida en la televisión pública La Kan, los presentadores mostraron una fotografía del torso del cantante, ante el regocijo de los seguidores. El nombre del Miki fue coreado con acentos dispares en el Eurovillage, donde pantallas gigantes mostraban su six pack. «12 points para Miki», gritaban algunos eurofans sosteniendo banderas de otros países.

«Miki nos encanta a todos y a las cámaras. Yo lo llamo el encantador y tengo la vibración de que España va a lograr el mejor resultado en muchos años», señalaba Víctor Escudero, probablemente el mayor experto del festival, en una entrevista con El Independiente. 

Menos turistas de lo esperado

Tel Aviv ha echado el resto con una organización que, según los eurofans más versados, ha cumplido más que de sobra con las expectativas. Eso sí, la avaricia -en este caso judía- ha roto el saco. Un botón de muestra: el precio de las entradas para acceder al festival rozaba los 400 euros, casi cuatro veces más de lo que se pagaba en la edición anterior de Lisboa.

«Esperábamos recibir 20.000 turistas y han llegado en torno a 5.000», se lamenta Sheryl, una pizpireta guía turística que forma parte del equipo que el ayuntamiento de Tel Aviv ha dispuesto para ofrecer tours privados a los periodistas y demás componentes de las delegaciones de Eurovisión. Sheryl, cuya madre sufrió el holocausto en el campo de concentración de Auschwitz, señala que, más allá del conflicto entre Palestina e Israel, lo que ha retraído el turismo son los precios. «Los hoteles se volvieron locos y más que duplicaron sus tarifas. Las entradas del festival en sí también son más caras que otros años y Tel Aviv, en sí, ya resulta cara para la mayor parte de Europa», explica la guía.

La capital gay de Oriente Próximo esperaba recibir 20.000 turistas y apenas han llegado 5.000

«Todo es carísimo», se quejaba un eurofan de Madrid. En Tel Aviv todo es caro, al menos, para el bolsillo español. Una cerveza cuesta en torno a 35 o 40 shekels (entre 8 y 10 euros) y un zumo natural, en cualquier mercado callejero, 25 shekels (más de 6 euros). El kebab o el falafel, que en España apenas alcanza los cinco euros, aquí casi duplica este precio.

La religión también ha dejad huella en Eurovisión, que se celebra por primera vez en Tel Aviv, marcado por el Sabbath hebreo y coincidiendo con el fin del Ramadán musulmán. La fiesta judía, que paraliza completamente el país desde el atardecer del viernes hasta la aparición de tres estrellas la noche del sábado, ha generado cierta controversia en la organización. El orden europeo en torno a ensayos y demás se ha impuesto, pero los tiros y aflojas entre la televisión israelí y la Administración han sido inevitables, me explica un asesor de la organización que reside en el país. El día sagrado para los judíos ha condicionado también el horario de la gala de esta noche, que no arranca hasta las 22.00 pm.

Madonna, la diva hebrea

Eurovisión 2019 también se ve marcado por la presencia de Madonnna, la diva del pop, que ha llegado a Tel Aviv con un equipo de más de un centenar de personas.

Su actuación esta noche no se confirmó hasta el jueves. Ha realizado dos ensayos a puerta cerrada en el recinto donde se celebra el festival y, según se cuchichea entre los miembros de la organización, ha reservado una planta entera en el hotel Dan Panorama, a escasos metros del Royal Beach, donde se alojan las delegaciones de España, Suiza y Alemania.

Un rico israelí paga alrededor de un millón de dólares a la cantante embajadora del judaísmo

Madonna, que desde hace más de una década se proclama embajadora del judaísmo y amante de todo lo hebreo, ingresará cerca de un millón de dólares por su actuación esta noche, financiada generosamente por el multimillonario canadiense israelí Sylvan Adams.

En 2004, Madonna decidió adoptar el nombre de Esther, apelativo hebreo que ha elegido siguiendo sus creencias en el estudio de la Cábala, teosofía esotérica derivada de la lectura del judaísmo más antiguo.

El Promenade o una suerte de Miami Beach

Gran parte de la farándula eurofestiva está desplegándose en Eurovillage, localizado en el Promenade, el paseo marítimo de Tel Aviv y una una suerte de Miami Beach sionista: kilómetros de playa, banderas arcoiris y de todas las naciones participantes en el festival, cuerpos morenos y trabajados…

Precisamente al Promenade se asoman los balcones de las habitaciones del exclusivo Royal Beach, donde se aloja Miki y resto de la organización española. Afortunadamente, están bien insonorizadas, porque el Eurovillage es una fiesta constante y late al ritmo de la capital gay de Oriente Próximo. El slogan del festival es elocuente: «Tel Aviv Nonstop City».

‘La tregua de Eurovisión’

A apenas 60 kilómetros de esta ciudad que no descansa y que se muestra liberal ante el mundo, se sitúa la franja de Gaza, región que acogió gran parte de la población refugiada palestina expulsada de sus tierras desde mayo de 1948. Hoy viven 1,8 millones de refugiados, siendo una de las zonas del mundo con mayor densidad de población. Un muro impide a su población moverse por tierra a otras áreas geográficas y tienen prohibido el paso al resto de Palestina. Es la mayor prisión del mundo al aire libre.

Apenas unos días antes de la celebración del festival, enfrentamientos entre Israel y Palestina dejaron un reguero de sangre. En una apenas 48 horas, 25 palestinos y cuatro israelíes perdieron la vida. La inminencia del festival precipitó lo que se ha bautizado como «la tregua de Eurovisión», pero el conflicto sigue abierto.

 

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