Fama, dinero y juventud. Las grandes estrellas del deporte lo tienen todo a edades muy tempranas. Y ahí, en ocasiones, aparece el fantasma de la droga. La mayoría de las veces se esfuma, pero en otras se queda y acaba arruinando carreras y vidas.

Diego Armando Maradona es posiblemente el primer nombre que le viene a uno a la cabeza cuando piensa en deporte y droga. El futbolista argentino, que falleció hoy a los 60 años, probó la cocaína por primera vez cuando tenía 24 años y militaba en el Barcelona. Después fichó por el Nápoles y ahí ya no hubo marcha atrás. «En esa ciudad había drogas por todas partes», recuerda en el  documental Diego Maradona, de Asif Kapadia, que se estrenó en 2019.

«La droga es el problema más grande, la droga mata. Me considero afortunado por poder hablar de esto. Si hubiera seguido de esa forma, ahora a esta edad ya habría muerto», afirmó en  2017 en un programa de la cadena italiana Canale 5.

Nunca me había sentido más vivo, más esperanzado y con tanta energía», escribió Agassi en su libro Open sobre el día que probó el cristal

El Pelusa, que dio positivo por cocaína en la Liga italiana y por efredina en el Mundial de 1994, estuvo al borde de la muerte en el año 2000 por una sobredosis de cocaína. Se salvó y, dice, lleva tres lustros sin probar el polvo blanco.

El que no pudo escapar de las garras de la cocaína fue otro grande del deporte, Il Pirata Marco Pantani. Campeón de Giro y Tour en 1998, el ciclista italiano murió en 2004 por una sobredosis de cocaína tras años de depresión y adicción.

En una depresión estaba también Andre Agassi cuando empezó a consumir cristal allá por 1997.  «Nunca me había sentido más vivo, más esperanzado y con tanta energía», escribió años más tarde en su libro Open.  La aventura del campeón de ocho Grand Slam terminó ahí, en una pequeña incursión en las drogas recreativas, pero sirve bien para ilustrar una de las causas por las que algunos deportistas de elite acaban adictos: el sentimiento de vacío y tristeza, de sentirse solo, depresivo.

Al igual que Maradona hay otras estrellas del deporte que han estado al borde de la muerte, como el ex futbolista inglés Paul Gascoigne o el jugador de baloncesto Lamar Odom. Uno que no se libró fue George Best, que falleció a los 59 años tras décadas de adicción al alcohol.

¿Por qué algunos deportistas caen en las drogas?

«Los deportistas, por más idolatrados que los podamos tener, no dejan de ser personas«, explica a El Independiente Carlos Rey, psicólogo deportivo de la empresa UPAD Psicología y Coaching. Los deportistas, añade, tienen «una elevada autoexigencia y altas expectativas sobre la vida y los retos a alcanzar”. Y si eso no se maneja bien, puede llegar el conflicto.

Hay que contar con un entorno de confianza saludable y que apoye de forma incondicional»

Por eso, Carlos Rey apunta al entorno como un elemento clave. El entorno puede actuar como escudo o como vía de entrada. «El entorno, bien sea familiar o de amistades, determina lo que cada uno consideramos que es normal en nuestras vidas. En entornos de riesgo, crecerá la probabilidad de incidir en el consumo de dicho tipo de sustancias», apunta.

“Siempre es bueno contar con un entorno de confianza saludable, que sea fuente de apoyo incondicional más que de enjuiciamiento continuado de las diferentes conductas. Y también con la ayuda de diversos profesionales, como por ejemplo de la psicología, que les ayuden a entender sus comportamientos, sus necesidades insatisfechas y los laberintos que a veces nos plantea la mente”, explica el psicólogo.

¿Cómo afectan el alcohol y la cocaína al rendimiento deportivo?

Obviamente, muy mal. «El consumo de cocaína y de alcohol es muy peligroso en los deportistas», señala la fisioterapeuta y ex atleta Patricia Sanmartín. «Son drogas que te dejan tocado el sistema nervioso y que producen mucha deshidratación».

Así, es lógico que baje el rendimiento y la capacidad física de los deportistas que consumen drogas. «Los músculos se quedan como vacíos y ahí es cuando llegan lesiones como roturas de fibras», añade Sanmartín. «Además, aumentan la tensión arterial y las pulsaciones, por lo  que también puede  desembocar en un ataque al corazón».