El suelo quema y huele a azufre. Estamos cerca del cráter. Muy cerca. Y la montaña a veces tiembla antes de escupir lava y fumarolas. Estamos en el cono Mackenney, a un puñado de metros del cráter del volcán Pacaya. Un lugar hasta el que prácticamente nadie sube desde hace años. Está prohibido.

“A partir de este punto usted está expuesto a caídas de rocas, gases, flujos piroclastos y caída de ceniza y arena que podrían ocasionar la muerte. Se prohíbe el ingreso”. Tras una hora y media de subida, este cartel marca el final de la aventura. Pero dos guías locales hacen una excepción con un grupo reducido de periodistas  y nos acompañan hasta el cráter. Otra hora y media más de camino hasta la cima por un paisaje casi lunar. No hay nada salvo roca volcánica, lava ya seca de antiguas erupciones. Ni una hoja, ni un bicho.

El Pacaya es uno de los tres volcanes activos que hay actualmente en Guatemala, junto al Santiaguito y al Fuego. Su última erupción fue en 2014

La ascensión arranca en el pequeño pueblo de San Vicente Pacaya, a unos 40 kilómetros de Ciudad de Guatemala. Un cartel da la bienvenida a los visitantes que buscan acercarse al Pacaya, uno de los tres volcanes guatemaltecos en constante actividad. El primer tramo es suave, por un sendero frondoso y verde a resguardo del sol. Juan Antonio Peralta, guía del Parque Nacional de Pacaya, es un veterano. Lleva décadas subiendo y se conoce cada piedra. Con su machete va cortando alguna que otra rama y se la come. “Está rico, prueba, tiene vitaminas”, ofrece. Tendrá nutrientes, pero rico, lo que se dice rico, no está.

Tras dejar a la izquierda un roble que tiene más de 800 años -tronco macizo y metros y metros de altura-, el suelo cada vez en más seco y los árboles van desapareciendo lentamente hasta que se llega al mirador. Ahí ya apenas hay un par de arbustos que salpican un paisaje totalmente oscuro. El mirador es la cima para los turistas. Ya no se puede subir más. Hace unos años sí se permitía ascender al cráter, pero las autoridades decidieron prohibirlo por el peligro que suponían los ríos de lava y los gases que se respiran en lo alto. Si una persona quiere hollar la cumbre, será multada. Y si un guía acepta un soborno para acompañar a un visitante, pierde su acreditación.

Ríos de lava a más de 1.000 grados

“La última erupción fue en 2014 y en 2010 hubo otra bastante fuerte en la que murió un periodista que vino a informar”, recuerda el guía Juan Antonio Peralta. “Yo desde mi casa veo muchas noches los ríos de lava”, añade este montañero, que lleva ascendiendo al Pacaya prácticamente a diario desde hace varias décadas.

Tras dejar atrás el cártel que nos avisa de que nos adentramos en territorio vedado, el viento sacude con fuerza y las nubes tapan cualquier visión. Solo se ve arena volcánica y rocas. Arena y rocas. Todo el rato. El camino bordea el cerro y tras un largo tiempo subiendo, alcanzamos el cono Mackenney, situado a 2.552 metros sobre el nivel del mar y bautizado así en honor a Alfredo Mackenney. Este doctor guatemalteco ha hecho más de 1.200 ascensos desde 1965. Este cono está prácticamente a la misma altura pero distanciado unas decenas de metros.

Hoy el volcán está tranquilo y apenas rezuma un poco de lava por el lado del cono Mackenney. Los ríos, que por la noche aparecen como lenguas de fuego, están caen por el lado contrario. Y la temperatura del suelo advierte de lo que hay debajo. “Cuando hay ríos por este lado uno no puede acercarse mucho. Hay que estar a unos cuantos metros porque la lava está a más de 1.000 grados centígrados”, advierte el guía nada más tocar cumbre. Se escucha respirar al volcán. Fum, fum. Y lanza humo al aire.

Guatemala, tierra de volcanes

El país centroamericano, que se encuentra en lo que se llama “cinturón de fuego del Pacífico” tiene casi 350 conos volcánicos, pero sólo se consideran volcanes 37 de ellos. Estos volcanes se encuentran en tres hileras paralelas al Océano Pacífico y van desde la frontera noreste con  México hasta la suroeste con El Salvador y Honduras.

Actualmente sólo hay tres volcanes activos: Pacaya, Fuego y Santiaguito. La última gran erupción que se produjo en el país fue hace un año, el 3 de junio de 2018, en el volcán de Fuego. Más de 300 personas murieron y las columnas de ceniza superaron los seis kilómetros de altura.