Pocos deportes hay tan solitarios como el tenis. Por no poder, uno no puede ni hablar con su entrenador. Siempre a solas: tú, la raqueta, la pelota, la red y el rival. En esos momentos de incomunicación y desamparo suele aflorar la voz interior. Pero John McEnroe no tenía una voz interior, tenía dentro un concierto de heavy metal.

El ensayo cinematográfico Buscando la perfección, del francés Julien Faraut y que se estrena este viernes en España, sumerge al espectador en ese mundo íntimo de McEnroe. Tenista único, irreverente y talentoso a partes iguales, el estadounidense es uno de los mejores tenistas de la historia. Quizás una de las razones de ese éxito  es que ha sido de los pocos en utilizar la ira y el enfado a su favor.

Normalmente los tenistas tratan de aprovechar los ataques de cólera de los rivales. Cuando un tenista pierde los papeles, suele perder también la concentración. Pero eso no pasaba con “Big Mac”. McEnroe se enfadaba y ganaba. “Puedo meterme en discusiones así y seguir concentrado, cosa que muchos jugadores no pueden hacer”, dice en un momento de la película. “Es que tengo mucha práctica”.

El año 1984 fue el año de McEnroe: levantó 13 títulos, ganó 82 partidos y apenas sufrió tres derrotas”

El realizador Faraut desempolvó numerosas bobinas de 16 milímetros que estaban en las estanterías del Instituto Nacional Francés de Deporte y Educación Física. Lo que había dentro eran horas y horas de imágenes de McEnroe en Roland Garros. Planos de McEnroe desde la izquierda, la derecha, picados y casi cenitales. Sonidos a pie de pista. Su clase, su gen ganador, sus subidas a la red y sus berrinches a todo detalle.

Faraut traza un retrato al estilo de la Nouvelle Vague francesa y con un narrador que va introduciendo al personaje y su obsesión por ser el mejor. Y lo hace con imágenes del torneo de Roland Garros 1984. Posiblemente el mejor McEnroe. Aquel año levantó 13 títulos, sumó 82 victorias y apenas perdió tres partidos. Acabó la temporada como número uno, pero el zurdo sufrió también en ese 1984 una de las derrotas más dolorosas de toda su carrera.

Fue precisamente en la final de Roland Garros ante el checo Ivan Lendl, su némesis. Una roca desde el fondo, un frontón. McEnroe dominaba por 6-3 y 6-2, pero acabó perdiendo la final de un torneo que siempre le daría la espalda. Tras fallar la volea que entregaría la Copa de los Mosqueteros a Lendl, McEnroe casi estalla una cámara con su raqueta.

McEnroe, durante el torneo de Roland Garros 1984

McEnroe, durante el torneo de Roland Garros 1984 Buscando la perfección

McEnroe, actores y Wolfgang Amadeus Mozart

“He intentando mostrar a McEnroe como un deportista profesional que se dedica a su negocio, a lograr lo único que de verdad le interesa en una cancha de tenis: ganar a su oponente”, explica Faraut. “Al mismo tiempo,  la textura cinematográfica del 16 mm nos  transporta rápidamente al ámbito de la  ficción. La teatralidad de McEnroe y sus enfados tan evidentes ante el público o ante la cámara nos llevan a la percepción de que es un actor de estudio en vez de un deportista de alto nivel”.

Precisamente, el actor Tom Hulk se preparó su papel en la película “Amadeus” viendo en directo a McEnroe en Roland Garros. Y Faraut muestra un fragmento de ese film que habla de Mozart pero también del propio McEnroe. “Es un malcriado y un consentido”, le dicen a Mozart. El genio de la música responde: “Soy un hombre vulgar, pero mi música no lo es”. Y la película continúa: “Arrogante, vulgar, obsceno. Crea música para los dioses. Es un ángel, es un demonio”.

En un momento de Buscando la perfección, Faraut también compara a McEnroe con un director de cine.  “No tolera que nadie le dispute la dirección de la obra y no duda en pedir a los técnicos que están a sus órdenes las razones por las que la película del partido ha sido interrumpida”, dice el narrador sobre el campeón de siete Grand Slam. Porque Buscando la perfección no es sólo un ensayo sobre McEnroe. Es un documental de tenis, cine, fotografía, ego y emociones.