Quienes nacimos en los setenta y ochenta, crecimos sin redes sociales. En vez de Shawn Mendes o Justin Bieber nos gustaban Bon Jovi y Alejandro Sanz. Pero también éramos quinceañeras y queríamos sentir a nuestros ídolos cerca, aunque no tuviéramos instagram. Queríamos verles tomando un refresco, tumbados sobre su cama, que nos contaran qué tipo de chicas (o chicos) les gustaban o cómo se divertían un sábado por la noche. Y nos las apañábamos.

A falta de Youtube, nos pegábamos a la tele cuando ponían Aplauso o Música sí. Las paredes de nuestra habitación y las carpetas del colegio eran nuestro muro de Facebook y lo más parecido a las cuentas de instagram de nuestros ídolos lo encontrábamos en las revistas. Y ahí Súper Pop era la reina.

Abarcamos la generación Súper Pop chicas – y algunos chicos, más de los que lo confiesan – nacidas entre los sesenta y ochenta, ya que la revista se publicó durante nada menos que 34 años, entre 1977 y 2011. Tres décadas fabricando y alimentando ídolos, llevando a las casas jueves sí, jueves no (así vendía su periodicidad en portada) todo que queríamos saber de nuestros actores y actrices, músicos y guapos y guapas favoritos. Tres décadas que Javier Adrados y Ana Rius han resumido en Yo también leía Súper Pop (Planeta) y el recopilatorio Yo también bailaba Súper Pop (Sony).

La Súper Pop nació unos meses antes de la Constitución y pocos después de la Ley de Libertad de Expresión que puso fin a la censura. Fue apadrinada por la revista Pronto y, de hecho, su primera portada decía “Súper Pronto Pop”. Afortunadamente la revista tomó pronto el que sería su definitivo nombre y con el que consiguió, en apenas un año, llegar a vender un millón de ejemplares. Otras revistas de la época como Disco Exprés o Popular 1 no llegaban a los 17.000.

Aquella primera portada del magazine que costaba 50 pesetas (30 céntimos de euro) la ocupó Camilo Sesto, que sería uno de los artistas que más espacio ocupó en la primera etapa de la revista. Dentro, un recortable que hoy nos parece cuanto menos surrealista te animaba a recortar y pegar tu propio Camilo. Al lado otro cantante, Lorenzo Santamaría, en una imagen con una chica al lado cuya cara había sido eliminada para que la lectora «insertara» la suya con pegamento. Animo a leer las instrucciones precisas.

En la primera página, la imagen de Lorenzo Santamaría con el hueco para «insertar» la cara de la fan. En la segunda, las instrucciones del surrealista recortable del autor de «Vivir así es morir de amor».
Camilo Sesto DIY. «Un sueño a vuestro alcance», decía la revista.

Como veis, Súper Pop hizo más por el collage que el dadaísmo. Cada semana, la revista incluía cuatro pósters, algunos a página completa y otros a doble. Los grandes nos gustaban más, aunque tuviéramos que sufrir en el centro la marca del pliegue y las grapas. Los grandes solían ir a la pared, los pequeños a veces forraban carpetas y cualquier página nos servía para recortar a nuestros artistas favoritos y darle rienda suelta a la creatividad.

Sensacionalista sin complejos

Y eso era lo que querían quienes idearon la revista. Como cuenta Javier Adrados, «Súper Pop era sensacionalista sin complejos. El gran escaparate al color que España necesitaba. Contaba lo que querían las lectoras y si no lo tenía se lo inventaba». Otro de los grupos que tuvieron gran presencia en las páginas de la revista, los Tequila, lo confirman en el libro: «Salíamos en todos sus números, nos hacían entrevistas y las publicaban. Cuando no nos entrevistaban, ellos se las inventaban en redacción. La verdad es que nosotros nos divertíamos mucho leyéndolas», asegura uno de sus integrantes, Alejo Stivel, en el libro.

Había inventiva y algo de manipulación. O «realidades desvirtuadas», como bromea Adrados: «En portada el reclamo era ‘Miguel Bosé desnudo’, pero luego dentro nunca estaba desnudo del todo. Jugaban con ello, nunca le perdían el respeto al artista y creo que el misterio estaba en la espera de 15 días hasta poder volver al quiosco», explica el autor.

En portada el reclamo era ‘Miguel Bosé desnudo’, pero luego dentro nunca estaba desnudo del todo»

La espera era intensa, entre otras cosas porque muchas lectoras aguardaban respuesta a sus cartas, dudas, preguntas y confesiones varias que en ocasiones no se atrevían a contar a nadie más. «Las cartas llegaban a la redacción por miles. Había armarios llenos, Súper Pop era el teléfono de la esperanza para muchas jóvenes», explica Adrados, que asegura que conoció a Mario Vaquerizo a través de uno de los anuncios que lectoras y lectores ponían para cartearse, ligar o conectar con gente de intereses parecidos.

«Desesperadamente love» para declaraciones de amor, «chicos buscan chicas», «se busca» o «locas por Alejandro (Sanz)» eran los títulos que agrupaban los mensajes de la gente. «Si tenéis fotografías de Alejandro Sanz o una biografía sobre él, mándasela a su mayor fan. Por favor, lo cambio por material de Tom Cruise», pedía Ascensión en una de estas cartas. «Soy francesa y conocí a Marco en la disco Zayra de Córdoba el sábado 22 de febrero. Si le conocéis, escribidme», imploraba Marianne. Instagram, Facebook y Tinder, todo en uno.

Para colmo, se contaba con la opinión de las lectoras para elegir el contenido de la revista. Con un método tan innovador como rústico, cada número incluía al final un cuestionario para que las lectoras – y lectores – lo rellenaran y enviaran. Entre todas las encuestas recibidas, se hacían sorteos, como el de un ciclomotor Torrot.

Regalos disparatados

La revista sabía del éxito de los pósters y así lo aprovechaba. La interacción con las usuarias era una prioridad y fue parte de su éxito. «Era muy innovadora. También tenía el ‘encuentra las siete mariquitas’, una especie de busca a wally que luego las lectoras tenían que mandarlo por correo y podían ganar algún premio», recuerda Adrados, que incide en que «Súper Pop eran las redes sociales de ahora. Lo que las lectoras querían, sin complejos».

La tarjeta para ligar era como el match de Tinder, pero al azar. Pura magia.

Entre los regalos más disparatados – con permiso de las carpetas y las pegatinas -, estuvo la tarjeta para ligar. Como recoge Yo también leía Súper Pop, Acababan de salir las tarjetas bancarias (son de 1978) y la revista diseñó una tarjeta con dos círculos negros de cristal líquido – uno para él y otro para ella – que, tras poner el dedo sobre ellos, cambiaban de color según sintieran simpatía, atracción o amistad. El match de Tinder, pero al azar. Pura magia.

Un peine con forma de CD, un juego para encajar bolitas del grupo musical Europe o una carpeta mágica, en la que se suponía que se veía el vídeo de ídolos del momento como Madonna. Hasta ahí puedo leer, yo no la tuve.

Lo que Sabrina hizo por Marta Sánchez

Tras Los Pecos – en 1983 su fenómeno se apagó cuando fueron llamados al servicio militar. Aunque esto también parezca surrealista, no fue la única carrera musical que truncó la mili – otros se alzaron al estrellato de la revista. Miguel Bosé, Mecano, Hombres G, Michael Jackson… todos querían salir en sus portadas. «Con Súper Pop, los artistas podían vender discos sin haber sido escuchados por la radio. Uno de los objetivos de cualquier discográfica era salir en la revista. Era un fenómeno», afirma Adrados.

Sin conocerse, Sabrina le hizo un favor a Marta Sánchez que impulsaría su carrera»

Y en aquel momento también las mujeres empezaron a ocupar más portadas de Súper Pop (aunque los hombres siempre serían mayoría). Madonna primero y después, por un golpe del destino, Sabrina y Marta Sánchez. «Sin conocerse, Sabrina le hizo un favor a Marta Sánchez que impulsaría su carrera. La cantante italiana apareció con una canción rompedora y un físico imponente. Y encima, durante el vídeo se le vio un pezón. La canción gustó a todo el mundo y Sabrina consiguió que el escándalo dejara de serlo. A Marta Sánchez, que en aquel momento acababa de sustituir a Vicky Larraz como cantante de Olé, Olé, aquello le favoreció porque dio más credibilidad al sexo femenino. A la semana siguiente de Sabrina, Marta Sánchez cantó en 1,2,3 y de ahí empezó un carrerón», recuerda Adrados.

El coautor de Yo también leía Súper Pop junto a Ana Rius, que fue directora de la revista, incide en que la revista era esencialmente para chicas pero los chicos la leían «en secreto». «Tenía un punto erótico y algunos de los que salían eran muy ambiguos. Creo que fue la primera revista gay encubierta», aventura.

La última etapa

Alejandro Sanz, Back Street Boys o Britney Spears coparon más portadas hacia los últimos años de la revista, que dejó de imprimirse en 2011. La revista aún sobrevivió algo más de una década a la generalización de internet, que sin duda cambió los paradigmas de la relación de los jóvenes con la música y sus ídolos. «Hoy Blas Cantó hubiera sido portada de Súper Pop. Pero cuando llegó internet, la verdad, la revista dejó de tener mucho sentido. Estuvo un tiempo publicándose online, pero pronto desapareció», concluye Adrados.

Internet cambió esa relación y nos hizo pasar del papel y de la magia de la espera – con sus muchas ventajas – a la inmediatez del clic y la accesibilidad de las redes sociales. Perviven el amarillismo y las fake news. Porque hay cosas que nunca cambian.