Vitoria, 2016. Los cadáveres de un chico y una chica de veinte años aparecen desnudos en la cripta de la Catedral Vieja. Unai López de Ayala, un inspector experto en perfiles criminales, debe cazar al asesino ritual que lleva aterrorizando a la ciudad desde hace dos décadas. La sucesión imparable de crímenes y una investigación policial que se vuelve cada vez más personal llevarán al límite a Unai, enfrentándolo a un asesino camaleónico y despiadado que podría estar más cerca de lo que creía.

El director Daniel Calparsoro (Cien años de perdón, El aviso) se pone detrás de las cámaras en El silencio de la ciudad blanca, un thriller frenético que tansporta al espectador a la histórica ciudad de Vitoria en pleno mes de agosto, donde se reanudan unos violentos crímenes que llevan veinte años aterrorizando a la población. Arranca aquí una carrera contrarreloj para atrapar a un asesino en serie que utiliza la ciudad como particular escenario de sus despiadados asesinatos. Desde El Independiente, hemos aprovechado para hablar con el autor para que nos cuente más acerca su nueva película, que llega mañana a los cines.

El director ha contado que tomó la decisión de hacer la película después de haberse leído la novela del mismo nombre en apenas dos días. A medida que avanzaba las páginas, siente que «descubría un universo nuevo para mi (el de la autora) donde se combina muy bien lo moderno con lo antiguo». Comenta que la atmósfera que se transmite en el libro le ha servido «de inspiración para hacer la película. Lo que he tratado de transmitir fue lo que yo experimenté como lector de esta novela».

Para la creación de escenarios, el director ha recurrido a la propia ciudad de Vitoria, «a sus iglesias, alrededores, campo rural» y todas aquellas localizaciones que se cuentan en la novela, además de otros que «hemos querido incorporar para sorprender a los lectores». Para el director, la propia ciudad de Vitoria es un personaje más. En relación al resto del elenco, también se ve esa mezcla de lo casi arqueológico con lo ancestral, «tenemos a un policía con una chupa de cuero adentrándose en ermitas propias del elemento rural» explica Calparsoro.

A la hora de grabar, el equipo escogió «la parte medieval de Vitoria, el centro, las iglesias, la cofradía de los faroles… Hemos trabajado con los blusas para la fiesta del guarro, visitado las bodegas de la rioja alavesa, construido el universo de la novela, es un universo cerrado en sí mismo», detalla su director. Con esa combinación de escenarios se hace referencia a un «pasado muy lejano desde un presente rabiosamente actual».