Sharapova, en el torneo de Cincinnati de 2019

Sharapova, en el torneo de Cincinnati de 2019 Rob Prange / AFP7 / Europapress

Tendencias

El último rugido de la diva Sharapova

A sus 32 años, la estrella del tenis pone fin a una exitosa carrera marcada por su positivo por doping en 2016

El lugar y la forma del anuncio de su retirada reflejan a la perfección quién es Maria Sharapova. Una tenista cuya figura escapa de las fronteras del deporte. «Tenis, te digo adiós», dice en una carta de despedida publicada de forma simultánea en las revistas de moda Vogue y Vanity Fair.

Porque Sharapova es una de las mejores tenistas de este siglo, sí, pero también es un icono de la moda y las marcas. Una mujer que ha explotado a la perfección esa fusión entre la raqueta y la pasarela. Una diva, pero una diva campeona de cinco Grand Slam y número uno del mundo. De las mujeres en activo, sólo las hermanas Serena y Venus Williams cuentan con más grandes en sus vitrinas.

Publicidad aparte, Sharapova ha ganado casi 40 millones de dólares con los premios en el circuito de tenis

La historia de Sharapova tiene todos los ingredientes para un libro: su familia, de clase baja en la extinta URSS, huyó de la zona de Chernóbil tras el accidente nuclear de 1986 y un año después nacería la pequeña Maria en la ciudad siberiana de Niagan. Pero la primera raqueta la cogería a los cuatro años en Sochi, a orillas del Mar Negro, su nuevo hogar. Ahí empezó a jugar en unas «pistas horrorosas con las líneas desdibujadas», según sus propios recuerdos. Un viaje a Moscú con siete años le cambiaría la vida: fue a jugar un torneo y sus golpes se quedaron grabados en la retina de la legendaria Martina Navratilova. Poco después, la familia Sharapova aterrizó en la academia de Nick Bollettieri, en Florida, con 700 dólares en el bolsillo.

La deportista mejor pagada del mundo

Diez años después de llegar a Estados Unidos, Sharapova asombró al mundo al proclamarse campeona del torneo de Wimbledon con apenas 17 primaveras. Se embolsó casi un millón de euros por aquel título, que sirvió como rampa de lanzamiento hacia el estrellato mundial. Lo primero que hizo tras ganar ese premio fue ir a unos grandes almacenes y gastarse varios cientos en un bolso de Louis Vuitton. «Me lo puse dos o tres veces y luego me di cuenta de lo mal que me quedaba», señaló hace un año a la CNBC la propia tenista, que en 2012 lanzó una marca propia de caramelos, Sugarpova.

«Ni en mis sueños más salvajes me habría imaginado ganando en los escenarios más importantes»

Paralelo a sus éxitos en las pistas, crecía su imagen como marca comercial. Hasta tal punto que sus contratos con empresas como Nike o Head la convirtieron en la deportista mejor pagada del mundo. Había años en los que ganaba cerca de 30 millones de dólares entre premios y patrocinios, más incluso que Serena Williams, su gran rival y a la que sólo ganó dos veces en 22 ocasiones.

Sin embargo, ha sido de las pocas en asomar la cabeza con regularidad ante el dominio insultante de la americana. A su triunfo en Wimbledon 2004, añadió el US Open 2006, el Abierto de Australia 2008 y los Roland Garros de 2012 y 2014. Una plata olímpica, un Masters y una Copa Fed completan un palmarés a la altura de muy pocas.

«Ni en mis sueños más salvajes me habría imaginado ganando en los escenarios más importantes y sobre todas las superficies», ha indicado la rusa en su carta de despedida. Y si lo logró fue porque se convirtió en una competidora como pocas. «Nunca rendirse, luchar por cada punto y perseguir mis sueños», ha añadido sobre las claves de su éxito.

Sharapova durante su último partido, en enero en Australia
Sharapova durante su último partido, en enero en Australia AAPIMAGE / DPA

El doping y la cuesta abajo

Todo se torció en enero de 2016. La Agencia Mundial Antidoping había incluido varios medicamentos, entre ellos el meldonium, en la lista de sustancias prohibidas desde el 1 de enero. Sharapova llevaba diez años consumiendo este fármaco y, según ella, no se había enterado de su prohibición, por lo que dio positivo en el Abierto de Australia.

Tras su positivo, sólo ha ganado un título, frente a los 35 previos a la sanción por doping»

«Asumo toda la responsabilidad. Cometí un gran error», dijo en una rueda de prensa en Los Angeles a principios de marzo de 2016, cuando se conoció el resultado adverso del análisis. La Federación Internacional de Tenis la suspendió con dos años, pero el Tribunal de Arbitraje Deportivo redujo después la sanción a 15 meses. Reapareció en abril de 2017, pero ya nunca fue lo mismo para ella.

Desde entonces, sólo sumó un título más a sus vitrinas. Abandonó los focos y empezó a jugar en la sombra, tratando de recuperar el terreno perdido, pero no lo lograría. Nunca volvió a estar entre las 20 mejores del mundo y en los últimos meses fue cayendo en el ranking hasta el puesto 373 que aparece ahora en su perfil.

El no poder luchar contra las mejores y las continuas lesiones de hombro precipitaron la decisión que ha anunciado en Vogue y Vanity Fair. «A lo largo de mi carrera, ‘¿vale la pena?’ nunca fue una pregunta. Últimamente esa cuestión era permanente (…) Mi cuerpo se convirtió en una distracción», señala en su adiós. «Sin duda, estos 28 años de tenis han merecido la pena».

Comentar ()