No ocurre todos los días que se pueda realizar una entrevista en el magnifico plató del Palacio Real. En este magnífico entorno me encuentro con María Llanos Castellanos Garijo (Albacete, 1969), primera mujer presidenta Patrimonio Nacional, el organismo público encargado del cuidado de los bienes de titularidad del Estado y afectos a la Corona.

La nueva presidenta de Patrimonio Nacional es doctora en Derecho por la Universidad de Alcalá de Henares. Ha sido delegada instructora en el Tribunal de Cuentas durante seis años, directora general de Cooperación local del Ministerio de Política Territorial durante tres y secretaria general del Ministerio de Política Territorial y Función Pública casi uno. Destacable ha sido su papel en la Asamblea de Madrid, donde destacaron sus planes para recuperar el peso de la industria en la economía madrileña o la aprobación de una línea de políticas de apoyo al trabajo autónomo y a la economía social. Mujer definida por sus compañeros y amigos como pragmática, trabajadora, conocedora de la Historia de nuestro país y con una cultura general sobresaliente, cosa que se echa de menos en la clase política actual.

Muchísimos son los retos que asume en su mandato; para empezar, la inauguración del Museo de las Colecciones Reales y la resignificación del Valle de los Caídos.

Pregunta.- ¿Cómo estás viviendo este momento tan terrible, en mitad de una pandemia que nos ha cambiado la vida a todos?

Respuesta.- Con mucha preocupación, es una sensación combinada con tristeza, supongo que comparado con la gente de mi generación, yo soy del año 69, una generación que siempre miraba al futuro prometedor y lleno de certezas, ahora es inimaginable.

Vivimos en un mundo donde toda certeza ha saltado por los aires y nos tiene a todos sin un eje fijo; al final, lo que peor maneja un ser humano es la incertidumbre, no sabemos si esto acabará pronto. Todas las generaciones tienen su prueba de fuego y esta es la nuestra. Tenemos que ser capaces de sacar lo mejor de nosotros y echarle valor.

Alemania ha realizado más de 60 reformas constitucionales en las últimas décadas, con una absoluta normalidad»

P.- ¿Están los políticos y autoridades a la altura de este reto tan brutal?

R.- Algunos sí y otros no, lamentablemente. Algunos anteponen al bien común otros otro tipo de intereses que son más particulares a la hora de diseñar posturas y estrategias. Pero no todos están a la altura. Ser egoístas y pensar en intereses personales y partidistas en este momento es sencillamente inaceptable.

P.- ¿Se puede estar en política sin buscar el bien común?

R.- No se debería bajo ningún concepto. Yo fui niña en los 70; cuando Felipe González ganó las elecciones yo tenía 12 años, entonces la política era el gran honor de servir al pueblo. Veníamos de una tradición clásica, humanística, donde el servicio a la polis, a la colectividad, era el gran premio que toda persona podía y quería tener.

Es muy triste ver cómo muchos  utilizan la política para otro tipos de fines, otros propósitos y, en cualquier caso, no hablo de meter la mano en la caja, que es sin duda lo más despreciable, hablo de no estar en política por la mejora de las condiciones general en las que todos vivimos, por servir a los ciudadanos.

P.- ¿Qué quería ser de niña?

Yo fui una niña muy empollona, en la infancia cosas como el deporte o el estudio te disciplinan. Recuerdo que cuando era niña mi madre me regaló la biografía de Marie Curie, ese personaje me ha acompañado toda mi vida, colecciono escritos sobre ella. Mi padre era cardiólogo y me interesa todo ese mundo de la investigación y de las ciencias, aunque luego empecé a dudar con el Derecho. Lo que siempre tuve claro es lo que me gusta la gente, me encanta colaborar en lo que puedo, en solucionar los problemas, por eso soy funcionaria. Me pareció el camino mejor para juntar todas mis inquietudes

P.- ¿Cómo llega a la política?

R.- Era letrada, funcionaria, había estado mucho en contacto con los alcaldes, en aquel momento se estaban implantando los parques eólicos en mi región, empezaba a haber mucha litigiosidad. Era joven, me empezó a encantar todo el tema de las renovables y a llevar esos pleitos, así llegué a la política, directa a la Consejería, tenía 35 años, me siento muy orgullosa de aquellos años.

P.- Últimamente se ha puesto en cuestión nuestro sistema de organización territorial, especialmente con la entrada de nuevos actores como Vox, que critica abiertamente a las comunidades autónomas. ¿Cómo ha vivido esta relación entre Gobierno y Comunidades, que además influye mucho en la sanidad?

R.- Entiendo las críticas al sistema, mi partido lleva 15 años diciendo que hay que hacer una reforma constitucional. Antes de que se rompieran las costuras ya estábamos trabajando en fórmulas de cooperación y colaboración, todos lo que me conocen saben mi conocimiento y aprecio de nuestra relación con la Escuela Alemana de organización territorial. Alemania ha realizado más de 60 reformas constitucionales en las últimas décadas, con una absoluta normalidad, sin embargo, aquí hasta el cambio más pequeño era casi plantearse la validez del sistema. Es ahora cuando nos damos cuenta de que había temas en lo que debemos ponernos a trabajar, con lealtad.

Me causa mucha perplejidad ver que podemos compartir un diagnóstico, por ejemplo, la sanidad y su mal funcionamiento en alguna comunidad, quizás hemos elegido mal a los representantes, quizás se está gestionando mal, y en vez de cambiar a las personas, queremos cambiar el sistema. El problema casi siempre está en las personas más que en los sistemas y organizaciones.

Creo que de este trance va a haber una maduración del modelo autonómico. En España era muy frecuente que la gente diferenciara el voto para el municipio  y las alcaldías del voto nacional. El voto del ayuntamiento era casi desideologizado, se premiaba mucho al buen gestor, creo que esta pandemia va a poner el foco a que haya un análisis mucho más objetivo, mucho más de resultados en una administración como la autonómica. Probablemente las personas volverán a estar en el centro de las decisiones de los ciudadanos más que los partidos.

P.- ¿Cómo llega a Patrimonio Nacional? ¿Cómo fue el día que se le comunicó que la habían nombrado presidenta de esta institución?

R.- Para mí fue el mayor honor de mi vida. Dudo que algún día pueda llegar a un puesto tan hermoso y tan apasionante.

Este nombramiento fue a propuesta del presidente del Gobierno, aunque como todos saben, se cuenta siempre con la complacencia de la Casa Real.

Había una necesidad de que, en el Patrimonio Nacional, hubiera una gestión muy gerencial, una exigencia de modernización. Es un momento en el cual hay que lograr ser ágiles, poder ejecutar presupuestos, atraer nuevos públicos e intentar aumentar la suficiencia financiera de la entidad.

Tenemos que potenciar la colaboración público-privada, en cualquier otro país del mundo las grandes empresas están muy vinculadas con la conservación del patrimonio, porque para ellas es un elemento reputacional inmenso, el tener parte de edificios que nos recuerdan de dónde venimos, una historia que nos da identidad.

Toda esta línea de modernizar, de poder hacer mucho más autosuficiente el sistema, es un reto inmenso.

Tenemos países de nuestro entorno mucho más orgullosos de su historia. Sin embargo en España este orgullo de país, de pueblo, nunca ha sido un punto de fuerza»

P.- ¿Por qué no se ha hecho antes? Patrimonio siempre ha sido una empresa desconocida al gran público.

R.- No encuentro la razón, tan solo puedo comprometerme con mi empeño de cambiarlo, trabajando con niños y jóvenes, acompañándolos toda la vida, educando su paladar para apreciar todo nuestro arte, cuidarlo y respetarlo.

A través de todo este arte debemos hacer una campaña de autoestima nacional, conociendo todo lo que hemos hecho, todos nuestros valores desde el siglo XVI, somos la patria de Bartolomé de las Casas, el gran auspiciador, creador de los derechos humanos, ser un país que cuando llegó a América tardó 30 años en promulgar una ley de matrimonio mixto. Tenemos países de nuestro entorno mucho más orgullosos de su historia. Sin embargo en España este orgullo de país, de pueblo, nunca ha sido un punto de fuerza. Necesitamos recuperar todo esto y potenciar todas las posibilidades de crecimiento y desarrollo que nuestro patrimonio nos permite.

Tenemos que ser conscientes de todo esto, de cómo hemos cuidado nuestros recursos naturales, cómo hemos propiciado la creación de música, pintura, inventos ingenieriles.  

Tenemos aspectos tecnológicos, humanistas, artísticos, que en tiempos tan difíciles nos pueden fortalecer.

P.- Sabes que soy italiano, siempre me ha dado la impresión de que a España la queremos más los extranjeros que los españoles, ¿a qué se debe?

R.- Es una pregunta difícil, una pregunta que lleva atormentando a los españoles desde hace siglos.

Creo que se debe a una confluencia de elementos, una primera parte que tiene que ver con el conocimiento. España ha tenido unos niveles de instrucción muy bajos, y lo que no se conoce no se aprecia. Estamos intentando hacer una labor para que esto cambie, enseñando a los jóvenes lo que tenemos.

Ha habido una falta de conocimiento durante muchas generaciones que pasa factura, ahora tenemos que hacer un esfuerzo acelerado para compensarlo.

Otro aspecto tiene que ver con elementos desgraciados de nuestra historia, disfrutamos de una forma doliente, tendemos a ese sentido del ridículo. Tenemos una gran inseguridad que nos hace ser muy autoflageladores, tendemos a dudar de nuestra capacidad.

Soy optimista porque creo que el problema final es de conocimiento y se puede compensar.

P.- ¿Qué proyectos habéis puesto en marcha desde que has llegado a la presidencia?

R.- Lo primero ha sido poner en valor el gran activo de patrimonio, su gente, tenemos un equipo de historiadores, investigadores, guías que es inmenso, un equipo de 1.500 personas extraordinarias.

Un equipo con un amor por la institución impresionante, un equipo al cual, sin embargo, le faltaba pantalla, enseñarlo, potenciarlo.

Hemos abierto las ventanas para que la gente se acerque a conocerlo, a través de redes sociales, de todos los medios que tenemos a nuestra disposición.

Estamos intentando abrir fórmulas distintas, por ejemplo, contamos con más de 22.000 hectáreas naturales, uno de los activos más impresionantes que, ahora en esta situación, tiene más valor que nunca. Estamos abriendo sendas naturales para que la gente pueda disfrutar de la naturaleza.

Hemos comenzado con una unidad pedagógica, volcada en actividades para niños y adolescentes. No solamente acompañando a las exposiciones temporales, estamos haciendo permanentemente juegos con ellos, familiarizándose con el patrimonio y que puedan aprender a cuidarlo y respetarlo.

Otro ámbito es la música. Hay países donde se ha hecho un esfuerzo por recobrar toda su tradición musical, por ejemplo Inglaterra, buscando música que había caído en el olvido y no estaba en el repertorio de ningún gran teatro. Otro ejemplo es Francia, rescatando su música del Barroco para hacerla un hueco en su cultura actual. Nosotros contamos con un patrimonio musical a la altura de Francia e Inglaterra, pero nunca hemos hecho esa labor de recuperación, de reinterpretación. Debemos hacer que cualquier chaval sepa quién fue Nebra al igual que conocen a Beethoven.

En Patrimonio contamos con más de 22.000 hectáreas naturales, uno de los activos más impresionantes que, ahora en esta situación, tiene más valor que nunca»

P.- Usted antes comentaba la importancia de la colaboración público privada, ¿qué idea se plantea para reforzar esta colaboración?

R.- Estamos elaborando un plan estratégico en que estamos replanteando toda la situación. Este plan tiene ejes fundamentales, esos pilares están acorde con los objetivos de la Agenda 2030, también con los fondos de recuperación de Europa.

El primero de los ejes es el medioambiental, que dé utilidad a esas hectáreas que comenté, una senda de Patrimonio no es solo un paseo entre árboles. Tenemos una naturaleza increíble y unos enclaves únicos. Estas sendas tendrán centro para que las familias puedan disfrutar

El segundo eje tiene que ver con la cohesión, los antecedentes de Patrimonio Nacional está en las reales fábricas; cuando Felipe V llega a España se encuentra en un sistema lineal y decide hacer de los medios públicos grande ejemplos del éxito, constituyendo las Reales Fábricas para situar España en Europa.

Por qué no tomar su ejemplo y hacer talleres basados en tecnologías del momento, como las renovables, y haciéndolo en lugares de la España vaciada. Ahí es donde me gustaría contar con las grandes empresas energéticas: nosotros podemos formar jóvenes que lleguen a trabajar con ellos.

P.- La pandemia ha afectado a todos los sectores, supongo que también en Patrimonio habréis notado este efecto, ¿es seguro visitar todos los monumentos?

R.- Segurísimo, sin la menor duda. Hemos reducido los aforos, se vigila el número de personas que está en cada sala, además de las mascarillas, limpieza…. Ahora mismo visitar Patrimonio Nacional es seguro y un lujo.

Las visitas han caído drásticamente, pero los que se acercan al ser pocos tienen la sensación de que se han abierto las puertas para ellos. Es una experiencia única.

P.- ¿Hay algún monumento favorito para usted?

R.- Para mí el efecto de Yuste es incomparable, se percibe cómo un emperador que había presenciado tantos hechos históricos consigue plasmarlo en el monasterio. Cuando estás allí hay una energía, una belleza únicas, que te lleva a otros tiempos. Un disfrute para todos los sentidos.

P.- Me gustaría cerrar con alguna valoración política de la gestión que se ha hecho de la crisis del Covid. ¿Qué podemos sacar de positivo y negativo?

R.- Tengo claro que dentro de las administraciones se ha trabajado sin horas, ha habido un derroche de tiempo y esfuerzo enorme, un trabajo brutal.

En lo negativo, lo peor ha sido ver cómo determinadas decisiones se hacen desde perspectivas partidistas sin tener en cuenta a las personas.