Música

Seguiriyas, drogas y cárcel: la cara del flamenco más Amargo

Muchos artistas del género han pasado meses o años en prisión por posesión de estupefacientes, homicidio imprudente o trastorno psicológico

Rafael Amargo actuando en San Sebastián. EFE.

Rafael Amargo actuando en San Sebastián. EFE.

Yerma buscaba el compás de los aplausos en el Teatro La Latina en su estreno de este jueves. Sin embargo, no ha sido la pandemia la que ha evitado que la obra se desarrolle en el mítico barrio madrileño, sino las acciones «criminales» de su autor. Rafael Amargo fue detenido el pasado martes por tráfico de drogas y por pertenecer a una banda criminal, algo que su abogado, Cándido Conde Pumpido, ha considerado como «exagerado».

La Policía Nacional incautó 100 gramos de metanfetamina en el registro de su vivienda, algo que el abogado del bailarín ha defendido como «consumo propio como mucho». El coreógrafo fue arrestado nada más salir de los ensayos de Yerma y ha pasado la noche en los calabozos de la comisaría situada en la calle Leganitos de la capital. Esta misma tarde, el fiscal ha pedido prisión para él y su pareja. El no estreno de su nuevo espectáculo dejará en ascuas a 25 personas que conforman el elenco, pues «va a ser bastante complicado» que se pueda alzar el telón.

Según Pumpido, Amargo se encuentra «nervioso, intranquilo, bastante indignado y deseando cumplir con sus compromisos laborales». Sin embargo, no es la primera polémica criminal que cae sobre el género que canta por bulerías y el bailaor no es la única figura que se ha visto salpicada por una vida de desenfreno a golpe de tacón en el tablao.

Un género marcado por la tragedia

«La cocaína ha arruinado el flamenco», dijeron Tomatito y José Mercé en una entrevista con El Confidencial. Camarón abusó de la heroína y el tabaco, y terminó muriendo a los 42 años siendo un mito de los que nunca se bajan del pedestal. Otra figura, José el Francés, pasó 9 años y un día en la cárcel por tráfico de drogas. En 2002 ingresó en la prisión de Valdemoro, pero en 2011 volvió a copar los titulares por darse a la fuga en un atropello.

El Francés, porque nació en Montpellier, se vio implicado en una colisión de vehículos en Granada y decidió no darle más vueltas al asunto y salir pitando de la escena. Dos policías lo localizaron y le pidieron que se identificara. «Hijos de puta, chulos, os vais a meter el carné por el culo», espetó por aquel entonces el cantaor, según informó El Programa de Ana Rosa.

En 2015, Rafael Riqueni, guitarrista sevillano y fiel compañero de Enrique Morente, pasó dos años en prisión por acumulación de delitos leves y una agresión callejera que se escudó tras un trastorno bipolar que le fue diagnosticado a mediados de los años noventa.

Del amor al odio, a ritmo de flamenco rock

La trágica historia de Carmela y Edelina (Tina) Muñoz Barrull, mejor conocidas como Las Grecas, va más allá de cualquier historia polémica o criminal. El grupo que armó el sonido más gypsy-rock, y cuyo hit Te estoy amando locamente ha sido interpretado en su término más neo-flamenco por la propia Rosalía, tuvo que cerrar su hemeroteca en el año 1995, cuando Tina falleció por sida tras haber llevado una vida vertiginosa marcada por la droga y la locura.

En 1983, Edelina fue diagnosticada con una esquizofrenia paranoide, agravada por una fuerte adicción a la heroína. Suelen decir de ella que se la veía en numerosas ocasiones en el barrio madrileño de San Blas descalza, deambulando y rodeada de toxicómanos y proxenetas.

Entrevista de José María Íñigo en Estudio Abierto a Tina, de La Grecas, en 1984.

Además, entró en la prisión de Yeserías por agredir a su hermana con un cuchillo en el hombro. Al salir de allí, ingresó en diversos centros psiquiátricos, pero terminó perdiendo la vida por una enfermedad tabú e incurable en la época. Cuando Jose María Íñigo la entrevistó en 1984 en Estudio abierto, Tina alegó haber escogido el camino «hippie» como respuesta a su frenesí. En el plano íntimo y personal, fue madre de cinco hijas, tres de las cuales llevó a un centro de adopción.

Farruquito, finiquito; y otros dramas de soleás

Uno de los episodios más hablados en el mundo del flamenco fue el de Farruquito, que fue condenado a dos años de cárcel por homicidio imprudente en concurso con un delito contra la seguridad del tráfico, y a un año más por omisión del deber de socorro tras el atropello mortal de Benjamín Olalla.

Los hechos se produjeron en Sevilla, un 30 de septiembre de 2003, cuando el peatón circulaba por una calle de la ciudad andaluza y él iba a mayor velocidad de la permitida, sin carné de conducir y sin seguro de auto.

Farruquito en la Bienal de Flamenco de Sevilla, en 2016. EP.

Farruquito ingresó en prisión el 16 de enero de 2007, pero su comportamiento «ejemplar» provocó que pudiera gozar de todos los «beneficios» penitenciarios a los que tuvo derecho. Es más, el bailarín se encontraba en el tercer grado desde marzo de 2008 y solo tenía que acudir a la cárcel para dormir.

Un año después fue puesto en libertad condicional y se le retiró la pulsera telemática. Desde entonces, el bailaor no ha vuelto ha cruzarse la mirada con la justicia y ha fusionado el tablao con la música de nuevo.

En otro episodio bizarro, Luis Heredia Fernández, conocido como ‘El Polaco’, fue condenado a nueve años y medio de cárcel por intentar asesinar a un vecino de su finca, en una pelea en la que se involucraron las aguas fecales del condominio en el que vivía.

Pero para pionero, José Domínguez Muñoz, ‘El Cabrero’: el 20 de octubre de 1982 fue condenado a cinco meses de prisión -que luego se convertirían en dos tras el recurso de sus abogados- por cagarse en Dios. «Fui a la cárcel en 1982 por un ‘me cago en Dios’… y se montó la de Dios», contaba el cantaor en una entrevista con El Confidencial.

‘El Cabrero’ acudió a Twitter en pleno 2020 para denunciar que, más de cuatro décadas después, el cómico Willy Toledo iba a ser juzgado por los tribunales por emplear la misma expresión, en un ejercicio de reflexión acerca del progreso social en nuestro país y la necesidad de un contexto a la hora de juzgar ciertas fechorías lingüísticas.

«Yo no sabía que eso tenía tanto castigo»

Inconfundible e inigualable, su “si me queréis, irse” se hubiese convertido en trending topic de haber existido Twitter en 1983. La frase le venía al pelo para enfrentarse a Hacienda, que la llevó a juicio en la Audiencia Provincial de Madrid por no presentar la declaración de la renta entre 1982 y 1985, en un fraude que superaba la cifra de cuatrocientos millones de pesetas.

Por aquel entonces, se pedían dos años y un mes de prisión para la Faraona por no pagar lo que le correspondía durante los cuatro años mencionados, así como una indemnización de 52 millones de pesetas al Estado y una multa de otros 96.

«No sabía que esto podía tener tanto castigo para una persona que no tiene dinero», dijo Flores en el día del juicio. «Todo lo gano con mi trabajo, y estuve con una pierna mala mucho tiempo y nadie me traía dinero. No he sido una buena financiera», admitía.

La peseta de Lola Flores.

En 1987, y todavía envuelta en el papel de «Lola de Hacienda», enunció la frase que muchos han considerado como el nacimiento del crowdfunding: «si una peseta diera cada español, saldría de la deuda y me iría al estadio con todos los que han dado esa peseta». Además de ser un icono de la cultura pop española, sus frases han generado un nuevo lenguaje nacional.

En 1989, la Audiencia Provincial de Madrid la absolvió de los delitos que le imputaban, pero se vio obligada a pagar 28 millones de pesetas. «A lo mejor a usted le hubiese encantado hacer esa vida, pero no ha podido porque no era Lola Flores”, enunció en una de esas frases míticas que quedaron para el recuerdo y que ahora se han convertido en sabios proverbios, folclórica style.

Pasión, garra y devoción. El flamenco es un género que derrocha fuerza en el escenario y que conmueve como ninguno. Pero en su cara B, drogas, cárcel y tragedia acompañan sus bulerías.

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