Nos negamos a aceptar las prisas o las «creatividades». Las torrijas deben ser las de siempre: las básicas; las que se hacían para pasar esos días de Semana Santa, en casa, con un confinamiento social y religioso que quién nos iba a decir…

Pero, dejémonos de pseudo-análisis y vamos al lío: a la receta «fetén» …
Torrijas para una tarde de Semana Santa

Lo que hay que tener:  

  • Una barra de pan blanco cortado en rebanadas de unos 2 dedos de ancho ( mejor duro para que no se rompa al empapar la leche pero tampoco es imprescindible. Si es del día, mantenlo menos tiempo en la leche ).
  • 3/4 l. de leche entera de vaca.
  • 3 huevos.
  • Canela para espolvorear.
  • Canela en rama.
  • Cáscara de limón.
  • 100 gr. de azúcar.
  • Aceite de oliva.

Comencemos:

  1. En un cazo, calienta la leche, con una rama de canela, una lámina de cáscara de limón y ve echando el azúcar poco a poco para que se disuelva mientras llega a ebullición.
  2. Cuando haya llegado a hervir, con el azúcar bien disuelto, deja que la leche se vaya enfriando y una vez tibia, échala en un plato hondo donde habrás colocado las rebanadas de pan. El tiempo que han de estar sumergidas depende de la «dureza» del pan: han de quedar blanditas pero que no se rompan.
  3. Pon el aceite a calentar a fuego más bien fuerte. Mientras, bate los huevos y moja las rebanadas de pan por ambos lados y empieza a freir: bien doradas pero sin quemar.
  4. Ve colocándolas en una bandeja con papel de cocina para que escurra el aceite.
  5. Ya están hechas: a la bandeja de servir, espolvoreándolas de una mezcla de azúcar y canela molida y a esperar: Recuerda que las torrijas no se comen calientes.

Truco: si te queda leche preparada, puedes regar las torrijas que no se hayan comido en un primer momento. ¡ Volverán a estar como recién hechas!.