La carretera de Sant Sebastià se convirtió en un pretexto de magníficos descubrimientos cotidianos. Un día, sin saber cómo, me encontré con un lápiz y un cuaderno en la mano. Empecé a poner adjetivos detrás de cada pineda, de cada campo, de cada trozo de mar. Traté de escribir los sentimientos que me producía la visión de la tierra diversa y del azul mar desperdigado. Cada vez que empezaba estos ejercicios estaba dominado por una efusión ideal. No me enamoraré nunca tanto de ninguna diosa, ni de ninguna melodía, como me enamoré de aquellas cosas.

Josep Pla describía así, en «El meu país», el camino que conduce de Palafrugell al Far de Sant Sebastià, techo de los acantilados de la Costa Brava. El mirador desde el que se divisa la bahía de Llafranc, Calella, Cap Roig y Palamós. Un enclave privilegiado para uno de los grandes clásicos de la Costa Brava, el hotel restaurante El Far.

Emilio Castelar, Maria Asquerino, Cecilia de Borbón y la Sra. Churchill estamparon su firma en el libro de visitas del vecino faro, el más potente de la costa catalana, que guía a los pescadores de la zona desde 1857.

Una hostería del s. XVIII

Con estos antecedentes, El Far, erigido en una antigua hostería del S.XVIII puede presumir de tradición e historia. La arquitectura evoca épocas pasadas. Por sus muros, hoy restaurados manteniendo el espíritu de antaño, pasaron peregrinos en busca de un sitio donde dormir de camino a sus aldeas.

Una torre de vigilancia del siglo XV y una ermita adosada a lo que hoy es El Far Hotel – Restaurante completan el complejo arquitectónico de San Sebastián de la Guarda. La ermita adosada al edificio y la torre de vigilancia constituyen, junto con el hotel, una de las postales clásicas del Empordà.

En la mesa, El Far recoge la mejor tradición marinera y cuenta para ello con una aliada de lujo: la Lonja de Palamós, famosa por su gamba roja. La carta da total protagonismo para los arroces y los pescados de la lonja de Palamós: arroz marinero a la cazuela con cigalas, la paella marinera del Far, el arroz semi caldoso de bogavante y las especialidades Torradet de arroz con rodaballo y gambita de Palamós, Torradet con pulpo y tocino asado, el Arroz negro con sepia y gambas gratinadas o el Rossejat de fideos con sepia y gambas. 

Tradición marinera y cocina japonesa

Los arroces están elaborados con arroz de Pals, productos de proximidad km 0. El restaurante ofrece además menús temáticos mensuales basados en el producto de temporada de la Costa Brava, una oportunidad para degustar el pescado de roca, los erizos de mar, los mejillones o las alcachofas en su mejor momento. La carta de vinos también refleja en producto de proximidad con una oferta de caldos del Empordà que encabeza la bodega Castell de Peralada.

Junto al restaurante clásico, la joya de la corona del Grupo Nomo, el Far Nomo. Una alianza con la familia Figueras, propietaria de El Far, para llevar a este enclave privilegiado una apuesta culinaria que ya ha triunfado en Madrid y Barcelona.

La carta del nuevo espacio, centro de peregrinación de lo más granado de los veraneantes de la Costa Brava, replica la propuesta de sus anteriores restaurantes con un mix de influencias niponas, asiáticas y castizas. La propuesta del chef Naoyuki Haginoya que ya ha triunfado en otros lares.