“Érase una vez que se era”, démosle nivel a esta historia legendaria, en un lugar poco conocido de El Centro de California (sí, se llama así, El Centro) vino al mundo Cherilyn Sarkisian, en el seno de una familia compuesta por la modelo, actriz y cantante Georgia Holt y del camionero armenio-estadounidense John Sarkisian. Él no pasaba mucho tiempo en casa, ninguno para ser exactos, así que la pareja se divorció cuando ella tenía 10 meses, y no conoció oficialmente a su padre hasta que la niña tuvo 11 años. No se puede decir que su relación con los hombres no haya sido complicada, empezando por él.

Así llegaron al mundo las cuatro letras más influyentes de la historia de la música, con permiso de ABBA, o AC/DC. Cher fue el apodo que ella eligió en 1978 después de haber pasado por algunos más. El primero, para irnos situando en el espacio y el tiempo, fue otro de cuatro letras: ‘Cleo’, de Cleopatra, por su parecido con Elisabeth Taylor en esa obra maestra del cine clásico. El invento en realidad procedía del hombre que marcó a sangre y fuego la vida de nuestra artista. Sonny Bono, el que sería su marido, quiso sacar partido a su relación con la artista y en 1962, la muchacha solía merodear por el estudio en el que él producía para Phil Spector. Probó su voz ante el micro y así comenzó a cantar profesionalmente esta chica, que en realidad quería ser actriz. Sus primeros trabajos artísticos remunerados fueron los coros de temas como Be My Baby, de The Ronettes, Da Do Ron Ron de The Crystals y You’ve Lost That Lovin’ Feelin» de Righteous Brothers, entre otras. Pero su pasión era actuar, y su mamá ya la había llevado a espectáculos televisivos para hacer de extra.

Cuando lanzó su primer disco de 45 rpm en solitario en 1964, se hizo llamar Bonnie Jo Mason. Y, seamos claros, fue un fracaso. Así que la idea de hacer un dúo con Sonny se convirtió en la mejor opción. Tras el experimento del estrambótico dúo bíblico ‘Caesar & Cleo’, ambos decidieron ser más naturales, convirtiéndose en Sonny & Cher. Ahí empieza la cosa a animarse. La “guerra de sexos” es un clásico, y más en aquellos años 70 recién estrenados. Con su versión de las puyas tipo “matrimoniadas” con risas enlatadas tuvieron sus primeros éxitos nacionales, consiguiendo más de 30 millones de espectadores por programa en televisión durante más de tres años. Hasta se hizo una muñeca con su imagen que fue la más vendida de 1976 en Estados Unidos. Más que Barbie. A todo esto tengamos en cuenta que ella no tenía estudios. Más tarde descubrió que había sido un fracaso escolar por culpa de una dislexia no diagnosticada que tuvo desde niña.

Muchos se quedaron con ganas de verla en el papel de Thelma Dickinson en Thelma & Louise, junto a Susan Sharandon. Siempre se cuenta que rechazó el papel, pero pocos explican que fue para aparecer en la película Sirenas (Mermaids) de 1990.

Si hace pocos días celebramos el aniversario del artista más joven en llegar a ser número uno, Stevie Wonder, hoy curiosamente hemos de hablar de la mujer de mayor edad en tener ese mismo honor, a la edad de 52 años. Believe es una de las canciones más vendidas de la historia y es, todavía hoy, un indispensable llenapistas.

Esta canción abrió la veda del uso generalizado de algo que llevaba existiendo desde la década de 1930: el vocoder, o codificador vocal. Curiosamente hoy el uso más extendido de lo que se ha dado en llamar autotune no es el de dar un toque artístico a la voz humana, sino más bien para conseguir que personas que no son cantantes, entonen lo suficiente como para sacar un disco. El mío, que alguna vez he usado en antena, perteneció nada menos que a El Dioni, que como muchos recordarán, sacó un disco con sus dudosas cualidades vocales.

No es en absoluto el caso de esta mujer que llena el aire que la rodea con una vibración que levanta cañones. El momentazo patriótico de esta progresista demócrata sobre la cubierta de un barco en julio de 1989, justo en los albores de la llamada primera Guerra del Golfo, colocó de nuevo a esta mujer en el centro del entretenimiento mundial, cuando ya muchos la daban por retirada.

Este clip, grabado en Long Beach, a bordo del buque USS Missouri, y que tanto ayudó a Cher a volver a la escena y a las listas, está lleno de curiosidades. La primera, que entre los guitarristas de la banda podemos ver al hijo de la cantante, con apenas 12 años y vestido con una camiseta de Hendrix. Y hablando de vestidos, el de la Sarkisian fue demasiado revelador para MTV y las cadenas que emitían videoclips. Solamente lo programaban de noche, y hasta la discográfica tuvo que crear otra edición menos explícita. Desde entonces la marina norteamericana no ha vuelto a permitir rodar videoclips musicales pop en sus barcos.

Hablamos de una artista galardonada con más de 250 premios de la industria mundial por su trabajo en música, televisión y cine. Ha ganado un Premio de la Academia, un Premio Grammy, un Premio Emmy, tres Premios Globo de Oro y el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Cannes. Parece que consiguió lo que se propuso desde pequeña.

Y es que cuando se le mete algo en la cabeza, parece que lo consigue. Por ejemplo, conseguir ser cantante residente en Las Vegas, como los más grandes del mundo. El Coliseo del Caesars Palace fue su sala de conciertos desde 2008 a 2011. Cobró nada menos que 180 millones de dólares por ese contrato, aunque nunca le pareció mucho dinero, porque siempre ha asegurado que es muy caro mantener los sueldos de las más de 100 personas que trabajan para ella.

También tiene muy agudo el punto de mira de sus conquistas, cuando puede atribuirse tórridos pasajes de su vida con Tommy Lee, Richie Sambora, Michael Bolton, Eric Clapton o el mismísimo Tom Cruise. Y ya más en serio, Warren Beatty, Paul Michael Glaser, Eric Stolz (que, por cierto, interpretó el papel de su hijo en Máscara) y Val Kilmer, de quien habla maravillas. Solamente ha reconocido que se le escapó Elvis, y según cuenta ella, fue por poco.

Pues porque puede. Muchos se habló de la fortuna invertida en cirugía, pero reconozcamos que se trata de un cuerpo que ha sido siempre esculpido de forma monumental, y que tampoco debió diferenciarse mucho de la Cleopatra original.

Esa sonrisa llena de simpatía, ese hacernos vibrar en “Hechizo de luna”, esa insistencia del cine en hacer que parezca italiana, y ese decir mucho sin necesitar histrionismo en el actuar la convierte en un ser humano excepcional. Nadie es como ella.