Diez años después de que su aprendiz Jedi Anakin Skywalker eligiera el Lado Oscuro de la Fuerza y se convirtiera en Darth Vader, Obi Wan Kenobi sobrevive como puede en Tatooine. Su existencia es aburrida y anodina: trabaja en una especie de carnicería desmenuzando piezas por un salario insignificante. Sin embargo, el verdadero motivo por el que está en el planeta aguantando penurias es porque le ofrece la coartada perfecta para vigilar al joven Luke Skywalker, hijo de Anakin, a quien protege desde la distancia de posibles sith interesados en secuestrarlo o asesinarlo.

Estamos temporalmente una década después de lo narrado en La venganza de los Sith, la película del 2005 que cerraba las tres precuelas de la famosa trilogía de Star Wars. O, dicho de otro modo, las tres películas que narraban lo que había pasado justo antes de que comenzaran los eventos que se contaban en la famosa saga. En el largometraje, los caballeros Jedi dirigen un ejército para luchar contra la Separatistas Galácticos. El Canciller Supremo de la República Galáctica, Sheev Palpatine, es secuestrado y el maestro Jedi Obi-Wan Kenobi, acompañado de su aprendiz Anakin Skywalker, es enviado a rescatarlo. Pero resulta que el Canciller esconde un horrible secreto: él es, en realidad, el malvado Lord Sith Darth Sidious. Después de liberarlo, Palpatine comienza a atraer a Anakin hacia el Lado Oscuro de la Fuerza. Anakin y Obi Wan-Kenobi acaban enfrentados y protagonizando una icónica batalla de sables en la que Anakin acaba tan gravemente herido que Obi Wan llega a creer que está muerto. Pero Anakin es rescatado y transformado en una especie de cyborg. Es entonces cuando adopta el nombre de Darth Vader, uno de los mayores villanos de la historia del cine.

Un Jedi destruido

En la nueva serie que acaba de estrenar Disney+, titulada Obi Wan-Kenobi, vemos a un Obi Wan destruido emocionalmente, atrapado en fantasmas del pasado, obsesionado con la caída de los Jedi y, sobre todo, con la supuesta muerte de Anakin. Incluso ha tenido que cambiarse el nombre y ahora se hace llamar Ben. «¿Qué te ha pasado?», le pregunta otro Jedi. «Hubo un tiempo en que fuiste un gran Jedi». Ahora solo vemos su sombra.

La directora de la serie, Deborah Chow, reconoció que quería ofrecer a un personaje turbio, repleto de dudas y miedos, rendido, vencido y sobrepasado por los acontecimientos. Un buen guion de Joby Harold y, sobre todo, una magnífica interpretación de Ewan McGregor (que, veinte años después, se vuelve a meter en la piel del personaje) consiguen que este Obi Wan-Kenobi desgastado y supuestamente en las últimas sea más que convincente en la pequeña pantalla.

En la serie, a Obi Wan-Kenobi no le queda ni siquiera el consuelo de poder usar la Fuerza: si lo hiciera alertaría a los «Inquisidores del Imperio», una especie de cazadores de Jedi, de su presencia y vendrían a apresarlo. Estos cazadores están siempre al acecho y, en una de las mejores escenas iniciales de la serie, uno de los inquisidores es capaz de desvelar la identidad de un Jedi que está escondido cuando amenaza con matar a un hombre inocente. Ese es el dilema al que se enfrentan ahora los Jedi: salvar a los demás significa su propia muerte.

Nuevos rivales

Obi Wan tendrá que tener mucho cuidado con el llamado Gran Inquisidor (interpretado por Rupert Friend), un tipo que está obsesionado por aniquilar a todos los Jedis que aún quedan vivos. También de la llamada Tercera Hermana (Moses Ingram), una maestra del arte de la espada láser.

Sin embargo, a Obi Wan-Kenobi no le va a quedar más remedio que acabar arriesgando su propia vida. Cuando ya cree que su existencia está acabada, le llega la noticia de que la princesa Leia, de tan solo diez años (e interpretada por Vivien Lyra Blair), ha sido secuestrada. Ahí empieza la aventura realmente de la serie: Obi Wan tendrá que dejar Tatooine y poner rumbo al planeta Daiyu para seguir la pista de la pequeña. Pero el viaje será, por supuesto, de todo menos sencillo y habrá muchos enemigos que evitar y que vencer en el camino. También hay muchas sorpresas: Obi Wan-Kenobi descubrirá que Anakin Skywalker, su querido Anakin, ha sobrevivido pero ahora es Darth Vader. Es decir, han pasado de ser como hermanos a ser enemigos mortales

En la serie, por supuesto, hay adrenalina y acción a raudales, por supuesto, pero la duda que surge al verla es si no hubiese sido mejor una película larga en vez de seis episodios (de momento, sólo hemos podido ver dos). Hay escenas que son innecesariamente largas y que se podrían haber resuelto de manera más elegante con bastantes menos planos. La trama es más que convincente y las interpretaciones son magníficas (sobre todo la de Ewan McGregor), pero todo se podría haber condensado en un magnífico largometraje.